Conoce algunas de las más famosas leyendas de panteones mexicanos… ¡aquí van!

La muñeca del Panteón Xalapeño (Veracruz)

En este panteón se cuenta la historia de una muñeca que cobra vida por las noches y cambia de posición. La muñeca forma parte de las decoraciones de una capilla que está al lado de una tumba, al parecer de una niña que murió en 1978.

Los vigilantes cuentan que la muñeca nunca sale de la capilla, pero que todos los días cambia de posición. A veces amanece con los brazos en alto, otras está sentada y algunas, acostada. La muñeca lleva ahí ya 41 años y todavía los familiares acuden año con año en determinadas fechas para limpiar la capilla, peinar y cambiarle la ropa a la muñeca. Aunque ya está maltratada por el paso de los años, sigue acompañando a su compañerita de juegos.

El fantasma de Lady Helen, Panteón Inglés de Real del Monte (Hidalgo)

El Panteón Inglés de Real del Monte, en el estado de Hidalgo, lleva este nombre porque ahí se encuentran enterrados ciudadanos británicos que habitaron en la región, debido a su trabajo en las minas. Aquí es famosa la leyenda de una joven extranjera, rubia y de ojos azules, que en un mal español pide un “ride”. La chica siempre aparece al anochecer en la carretera entre Pachuca y Real del Monte. De repente le pide al conductor que pare y la deje en la entrada del panteón. Luego, la fantasmal doncella atraviesa sus rejas cerradas. Los lugareños dicen que ella es Helen May Jory, cuya tumba se encuentra ahí, siendo incluso una de las más visitadas.

La suya es una auténtica ánima en pena, debido a su triste historia: su padre, de origen inglés, pretendía que se casara con un caballero británico de su misma clase. Pero Helen se había enamorado de un mexicano, lo que desencadenó la tragedia. Se dice que, ante la negativa de su padre, la joven citó a su novio y que, cuando estuvieron juntos, ella le disparó a su amado y luego se suicidó.

Su padre, muy arrepentido, le mandó construir una bellísima tumba de mármol italiano. El inglés dejó instrucciones para que, a su muerte, fuera enterrado atrás de la tumba de su amada hija. Sin embargo, antes de cumplir un año de enterrado, la lápida fue golpeada por un rayo, lo que los lugareños creen que es un claro ejemplo del castigo divino.

Nachito, el niño del Panteón de Belén, Guadalajara (Jalisco)

Esta historia comienza cuando la familia Torres Altamirano tuvo a su hijo Ignacio quien, desde su nacimiento, padeció de nictofobia o aversión a la oscuridad. Para evitar que tuviera crisis de llanto y ansiedad, sus padres siempre dejaban una veladora prendida en la habitación del pequeño y la puerta abierta para que pudiera dormir tranquilo. Algunos meses después de que Nachito cumpliera cinco años, sus padres salieron de casa por un compromiso social y lo dejaron solo, arropado en la cama, dormido y con su vela encendida.

Sin embargo, al regresar los padres, descubrieron con horror que su hijo estaba muerto en su cama y que la luz se había apagado. Al parecer, Nachito murió a causa de un infarto, causado por su miedo a la oscuridad. En medio de su dolor, llevaron a cabo el funeral de su pequeño y decidieron sepultarlo en el Panteón de Belén. Al día siguiente del entierro, fueron llamados con premura por el administrador del cementerio, ya que el féretro apareció afuera de la tierra, y se creyó que había sido obra de los profanadores de tumbas. Al concluir la investigación, se volvió a enterrar el ataúd.

Sin embargo, durante diez días y a primera hora de la mañana, los padres eran llamados al panteón, ya que la situación se seguía repitiendo. Fue entonces que la madre de Nachito cayó en cuenta que lo que sucedía era a causa de la fobia que sufrió su hijo, por lo que el matrimonio decidió mandar a hacer un ataúd en mármol para que recibiera el sol y el pequeño Nachito pudiera descansar. Al conocer esta historia, la gente de la ciudad lleva juguetes, flores y dulces a su tumba, y no falta quien cuenta que al pasar enfrente de la tumba, se puede oír una risa infantil y no el lamento de alguien que en vida le temía a la oscuridad.

El soldado que cuida el Panteón Civil de Dolores, en la CDMX

Realmente nadie sabe quién fue ni cómo murió el soldado Figueroa, pero ahora su fantasma es el más famoso del Panteón Civil de Dolores, y forma parte de esta lista de famosas leyendas de panteones mexicanos. Los vigilantes dicen que al llegar la medianoche se escuchan los marciales pasos con los que sale de su tumba para hacer su ronda.

Durante varios minutos recorre los pasillos del antiguo cementerio. Hay quienes aseguran haberlo visto, vestido aún con su uniforme, sus botas altas y lustrosas y un fusil al hombro. Dice la leyenda que, si en su camino se topa con alguien – alguno de los vigilantes, generalmente- se acerca y le grita que se aleje de inmediato. Después da la media vuelta y se va marchando, para seguir cumpliendo con su deber de cuidar el panteón.

Irene, la niña del Panteón Mezquitan, de Guadalajara (Jalisco)

Una leyenda se hace más real conforme más gente la cuenta y, en este caso, son muchos los que han podido ver a Irene. La historia comienza en la década de 1930, cuando una familia acaudalada asistió al entierro de un familiar y, desoyendo los consejos de amigos y familiares, llevaron con ellos a su hija de 7 años, para que fuera aprendiendo que la muerte era parte de la vida.

En el cementerio había mucha gente llorando y lamentándose por el difunto, así como una gran cantidad de flores que dejaron la nueva tumba hecha un jardín. No fue hasta que la familia llegó a su hogar cuando se dieron cuenta de que la pequeña Irene no estaba con ellos. Volvieron presurosos al panteón, pensando que ahí se había quedado. Al llegar la buscaron, con la ayuda de los vigilantes, pero no dieron con ella. Pensaron que algún amigo o familiar se habían dado cuenta y la habría llevado de regreso. Visitaron a todos sus conocidos y tampoco la hallaron.

Pasaron las semanas y los meses, hasta que los apesadumbrados padres aceptaron la pérdida de su pequeña. Varios años después se enteraron de una aterradora noticia: durante el sepelio desde el que no se habían tenido noticias de Irene, ella había caído dentro de la tumba de su familia difunto, muriendo en el acto por un golpe en la cabeza.

Se dice que, desde entonces, por las tardes suele aparecer una niña con un elegante pero antiguo atuendo de luto. Aseguran que le pide a la gente que juegue con ella y que, cuando le preguntan si está extraviada, desaparece inmediatamente. Los vigilantes dicen que la gente suele llevarle juguetes y hasta dulces, los cuales desaparecen rápidamente.

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