Cataratas conservadas en secreto, sanatorios abandonados, cuevas ocultas… este es el tipo de cosas que la típica guía de viajes no incluye sobre Costa Rica. Ya sea que busques la adrenalina de un paseo en un río con cocodrilos, o la paz de un refugio de biodiversidad, Costa Rica seguramente sobrepasará tus expectativas.

1. Playa Ventanas

Si te detienes en las entradas a las cuevas de Playa Ventanas, te verás envuelto en una bruma fresca que trae consigo los susurros de los túneles. Cuando la marea está baja, puedes caminar por esas recámaras y escuchar el eco de las olas que rompen contra la piedra.

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La playa es amplia y de terreno llano, con olas más tranquilas que en la mayoría de las costas del Pacífico. Aquí encontrarás muchas familias haciendo picnic… Quizás hasta puedas sumarte a alguna mejenga y, si tienes suerte, encontrarte con algún hombre empujando su piragua.

Crédito: @jaribgfoto (Jarib Gonzalez)

Cómo llegar hasta allí:
Si tienes automóvil (propio o alquilado), Playa Ventanas se encuentra 5 minutos al norte de Ojochal -Ruta 34, autopista Costanera Sur-. Recientemente, la municipalidad mejoró el camino de acceso a la playa. Esto significa que es seguro y gratuito, mientras que el estacionamiento cuesta poco dinero y está custodiado (justo donde empieza la playa). Si quieres llegar en transporte público, toma algún bus desde San José hasta San Isidro del General, y luego uno a Dominical, para finalmente llegar a Ojochal. Desde allí, hay un bus local que te lleva directo a la entrada de la Playa… solo asegúrate de explicarle al chofer que te diriges a Playa Ventanas.

 

2. Sanatorio Durán

El ex presidente Carlos Durán Cartín no solo fue un político: también fue médico. Motivado por la tuberculosis que afectó a su hija, Durán quiso construir el mejor sanatorio de América Central, y para ello se inspiró en la clínica Loomis Sanitarium de Nueva York.

El sanatorio tenía capacidad para atender a más de 300 pacientes, y fue utilizado hasta que los avances médicos volvieron a las instalaciones obsoletas en el año 1963. Abandonado, el interior se convirtió con el tiempo en un destino visitado por artistas urbanos y por amantes de las historias de fantasmas. Es probable que tus cabellos se erizen al caminar por los pasillos mal iluminados, o al ver la imagen de lass huellas dejadas por los niños que fueron hospitalizados allí. Algunos visitantes aseguran que escuchan pasos y que se han cruzado con el espectro de una de las monjas que solía atender a los niños.

El paseo al Sanatorio Durán es un viaje de un día desde San José. Puedes llevar comida para hacer un picnic en la montaña, con vistas panorámicas al Valle Central. Luego pasarás horas recorriendo el sanatorio y tomando fotografías de los murales y graffiti.

Cómo llegar hasta allí:
Si conduces, el Sanatorio Durán queda a 35 kilómetros del este de San José (Cartago). Toma la ruta 2, saliendo de la ciudad, y luego de 19 kilómetros conecta con la ruta 219, en la que deberás permanecer por unos 6 kilómetros hasta llegar a destino. El Sanatorio se encuentra a tu izquierda. En transporte público es más difícil, pero no imposible. Puedes tomar el bus que parte desde el Teatro Nacional hacia el Volcán Irazú, y bajarte antes de llegar al final del recorrido.

 

3. Reserva Indígena Kéköldi

En Costa Rica hay ocho grupos indígenas reconocidos. Justo entre los pueblos sureños de Cahuita y Puerto Viejo, en la costa caribeña, encontrarás la Reserva Indígena Kéköldi, perteneciente a la tribu Bribri. La comunidad consiste en varios clanes matrilineales dispersados en más de 5000 hectáreas de selva tropical.

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En la reserva podrás aprender sobre la relación entre la tribu y la planta de cacao. Te recibirán con una ofrenda tradicional de Kéköldi: una taza de chocolate caliente, a partir de granos frescos recientemente recogidos y tostados para ti. Esta experiencia te ayudará a comprender la forma de vida de Kéköldi, en armonía con la naturaleza, respetando sobre todo a las plantas y a los animales de la selva. También podrás observar su granja de iguanas verdes, cuyo objetivo es ayudar a preservar a esta especie en peligro y devolverla a su ambiente natural. Además, probarás comida típica de Kéköldi, como pollo ahumado con ricos tubérculos dulces hervidos.

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Más allá de la preservación de tradiciones venerables y de las instalaciones rústicas, los Kéköldi rápidamente te harán notar que también están conectados a lo moderno. Como me dijo un amigo Kéköldi hace un tiempo, “por supuesto que tengo Facebook, ¡estamos en el año 2015!”.

Cómo llegar hasta allí:
En automóvil, la Reserva Indígena Kéköldi está a 214 kilómetro de San José, hacia el sureste. Toma la ruta 32 y conecta con la ruta 241 en Limón, donde tienes que continuar de manera paralela al Mar Caribe por 12 kilómetros más. La reserva se encuentra 1.6 kilómetros tierra adentro.
También puedes tomar el bus desde la Terminal Atlántico Norte en San José (calle 12 entre 7 y 9) directo a Cahuita, y desde allí deberás tomar un bus local.

 

4. Cascada Pavón

El pequeño pueblo de Ojochal es la entrada sur a la Costa Ballena. A 10 minutos de Ojochal, comienza un camino de tierra y grava sinuoso que nos conduce a una cascada aislada y con buena sombra: la Cascada Pavón. Pasar un día en este lugar, mientras uno admira las rocas, es como recibir una dosis extra de vitamina B, especialmente en la temporada seca (de noviembre a abril), cuando hay que evitar el sol del mediodía.

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Puedes usar toda la energía que has recargado en escalar el resto del camino. También les recomiendo las experiencias con 4×4 por fuera de los caminos convencionales. Podrán de esa manera apreciar las vistas del Pacífico, con estuarios densos y manglares hacia el sur, y la península con forma de cola de ballena que sobresale hacia el norte. Entre diciembre y abril, y de julio a noviembre, es posible observar ballenas jorobadas migrando… es que esta zona es uno de los mayores corredores para mamíferos marinos.

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Cómo llegar hasta allí:
Conduciendo por la nueva ruta 34, Ojochal queda a 127 kilómetros al sur de San José. Sino, puedes tomar varios buses desde San José hasta San Isidro del General, de allí a Dominical y luego -finalmente- hasta Ojochal. De Ojochal, continúa yendo hacia el sur por 10 minutos, hasta que veas la señal del Hotel Tilapia. Enfrente al hotel, puedes llegar caminando a la Catarata en cuestión de minutos.

 

5. Río Tárcoles

A veces nos sucede que, al ser invadido por adrenalina, nos sentimos como una persona nueva, con sentidos más afilados, mayor flexibilidad y mayor velocidad cognitiva. A veces, ese incremento de adrenalina está relacionado con tres filas de dientes escalonados, 2 metros de largo, 360 kilogramos músculo prehistórico y la fuerza de mordida más fuerte que existe entre todos los animales terrestres (260 kilogramos fuerza por centímetro cuadrado).

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El Río Tárcoles es el hogar de los cocodrilos americanos, y los más agresivos del grupo se concentran debajo del Puente Tárcoles. No es difícil verlos, y han dado lugar a negocios familiares de osados “domadores de cocodrilos”.

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Uno puede relajarse y observarlos a la distancia, desde el puente. Pero si uno quiere acercarse, puede encontrar empresas de aventura en Jacó que te llevan en botes a prueba de cocodrilos a dar un paseo por el río.

Cómo llegar hasta allí:
En automóvil, el Puente Tárcoles queda a 80 kilómetros de San José, hacia el oeste. El viaje se puede realizar en un poco más de una hora, tomando la ruta 27 este desde San José, y conectando con la ruta 34 sur (también conocida como autopista Costanera). También es posible tomar el bus con destino a Tárcoles desde la Terminal, en el número 7-10 de la avenida 11 (esquina con calle 8), en San José.

 

6. Refugio Nacional Curú

Curú es uno de los refugios más notables de Costa Rica, por su historia. Esta área en particular -al sur de Paquera, en el sur de la Península de Nicoya- fue la primera en desarrollarse en toda la península.

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Federico Schutt de la Croix -el hijo de un magnate de trenes alemán, y heredero de uno de los fundadores del Estado de Louisiana- compró este pedazo de tierra en 1933, y comenzó un negocio de madera y agricultura sustentable con el objetivo de preservar la belleza natural de la zona. A medida que llegaron los trabajadores y se comenzó a formar una pequeña comunidad, las familias tuvieron hijos y fue preciso fundar escuelas.

Doña Julieta del Valle llegó a la zona como una maestra de escuela en los 50s y conoció a Federico. Se enamoraron, se casaron y tuvieron 3 hijos propios. Juntos desarrollaron programas de educación ambiental, como la reintroducción del guacamayo escarlata (o macao) y del mono araña, o la restauración de los arrecifes, que han perdurado en el tiempo y han atraído a investigadores de todo el mundo. Federico ya falleció, pero Doña Julieta todavía vive en la misma casa donde la pareja creó el refugio de vida silvestre.

Recorre los muchos senderos de observación de vida silvestre, o toma un paseo corto en barco hasta la Isla Tortuga para ver el arrecife y las concentraciones de peces tropicales -tan densas que son como papel confeti de colores bajo el agua-. También puedes ver fotos en blanco y negro en el centro de visitantes, para comprender cómo fue el sitio en un comienzo. Si tienes suerte, también te cruzarás a Doña Julieta con su querida mascota -un gatito salvaje de ocelote-.

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Cómo llegar hasta allí:
Conduciendo, el Refugio Nacional Curú está a 154 kilómetros al oeste de San José. Dirígete hacia San Ramón y toma la ruta 1 hacia Puntarenas. Allí, podrás tomar un ferry para atravesar el Golfo Nicoya hacia Paquera. Desembarca en la ruta 621 y dirígete hacia el oeste casi 10 kilómetros… encontrarás la entrada al refugio en la izquierda.
En transporte público, puedes tomar el bus desde la Parada de Buses Sabana Cementerio (en San José) hasta Puntarenas. Luego te embarcas en el mismo ferry, y tomas un bus desde el centro de Paquera hasta el refugio.


Este artículo ha sido realizado con la colaboración de Save the Americans.
Puedes leerlo en inglés haciendo clic aquí.
 

Inspírate con la rica naturaleza costarricense mirando este vídeo:

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