Nada mejor para dominguear en Puebla que pasear por el Centro Histórico, que además de chula, como dice la canción, está llena de museos, gastronomía, tradiciones y rincones preciosos.

Para dominguear en Puebla… Comencemos por el Puente de Bubas

En 1999, el gobierno municipal realizaba una obra hidráulica y descubrió la estructura del Puente de Bubas, que se encontraba prácticamente intacta. No fue sino hasta el 2014 que se puso en marcha un proyecto de rescate, para facilitar el acceso público al antiguo puente, que al encontrarse bajo tierra del Boulevard Cinco de mayo, tiene la apariencia de ser un túnel. A la par, en pleno centro de la ciudad, se descubrió una red de túneles que alcanza unos 10 kilómetros.

Crédito: @malenaga

El Puente de Bubas fue construido en piedra y se usaba para cruzar el río San Francisco. Se le dio ese nombre, ya que conducía a un hospital a cargo de la orden de los franciscanos y que fue inaugurado por Don Anastasio Luis Salcedo Coronel y Benavides en 1682. Allí se atendían a los enfermos de la peste bubónica.

El hospital dejó de dar servicio tras la muerte de su benefactor, hacia 1703, cuando fue refundado como el Hospital Real de San Pedro y luego se convirtió en un mesón. Posteriormente fue el Cuartel de la Compañía de Dragones del Rey que se trajo de Veracruz. Fue en esa época que se construyó un sistema de cañerías que conducía agua del Estanque de los Pescaditos al cuartel. A partir de entonces, el puente fue llamado “de los Soldados». En el sitio también fue encontrado un antiguo escudo de la ciudad de Puebla tallado en piedra, concedido por la corona española en 1790.

En cuanto a los túneles, son al menos nueve y fueron construidos con piedras pulidas, en diferentes épocas; en ellos se aprecian tres estilos arquitectónicos diferentes. Cuenta con quince diferentes sistemas de arcos, la mayoría de medio punto, muy semejante a la bóveda catalana. Estos arcos han sostenido las estructuras a través de los siglos. El primero de esos túneles se conoce como Puerta de Zaragoza, en el Barrio de Xanenetla, al noreste de la ciudad. Al parecer, sus bóvedas pudieron alcanzar hasta los 8,5 metros de altura y su extensión era de unos cuatro kilómetros que iban desde el río San Francisco hasta el Fuerte de Guadalupe, que fue sumamente importante durante la defensa contra los franceses el 5 de mayo de 1862.

Las leyendas sobre los túneles son de dominio público. Siglo tras siglo, se contó sobre la existencia de pasadizos secretos conocidos como “las calles de abajo”, que circulaban en paralelo con las calles y avenidas por donde todavía hoy transitamos. Al ser Puebla sumamente importante durante la colonia (llegó a ser candidata para ser la capital de la Nueva España), no es de extrañar que se construyeran túneles para conectar las iglesias y los monasterios más importantes de la ciudad, supuestamente para transportar las riquezas de la Iglesia Católica, ¡y esconderlas!

También se decía que existía intercomunicación entre la Catedral de Puebla con sus parroquias y monasterios; que incluso por ellos se llegaba hasta Cholula, San Francisco Totimehuacán y Tehuacán. Otras leyendas hablan de cómo el mismísimo Porfirio Díaz mandaba por ahí cajas llenas de su dinero y tesoros; de los revolucionarios que los usaban como rutas de escape y hasta de religiosos y laicos que los usaron como refugio durante la persecución religiosa en los tiempos de la guerra cristera.

El recorrido inicia con la sala llamada “Los secretos de Puebla”. La segunda sala es un espacio para el arte, en la cual puedes admirar obras como el mural “Las dos Pueblas”, del artista plástico Fuentes de María. Hay un segundo piso donde se inauguró el Museo del Agua en el cual encontrarás información sobre el agua y su importancia para la ciudad. La parte final del recorrido es una sala que te permite contemplar más obras de arte y mapas de la antigua distribución del río San Francisco y el Puente de Ovando. Está abierto al público de lunes a domingo, 10 a 16 (Boulevard 5 de Mayo en el Barrio de la Luz).

Sigue tu recorrido por el Callejón de los Sapos

Las aguas del Río San Francisco durante la época colonial se desbordaban cada temporada de lluvias, causando estragos en las calles céntricas, especialmente el callejón de la 6 Sur. Aunque se le dio utilidad a la corriente, instalando molinos, el agua estancada por largo tiempo atrajo una enorme cantidad de sapos, lo cual dio origen al nombre actual de la calzada.

Si eres amante de las antigüedades, objetos de arte, numismática, talavera y artesanías, todos los domingos (después de un buen desayuno en Los Portales), puedes encontrar un sinfín de artículos en el tianguis del Callejón de los Sapos.

Es un paseo tradicional cuando se visita la capital poblana, pero si llegas desde el viernes o sábado, puedes visitar la plazuela que, por la noche, tiene una buena oferta de bares o cafés que ofrecen música en vivo.

Ya que hayas realizado tus compritas, seguro que tendrás mucha sed. Siéntate a disfrutar de un café o una bebida fría. Para aquellos que tengan “sed de la mala”, es parada obligada pasar por una cantina que se inauguró en 1916 por el señor Emilio Contreras Aicardo: La Pasita, reconocida internacionalmente gracias a su emblemático licor artesanal de pasa, que se sirve con una pequeña porción de queso y una fruta seca.

Esta cantina también tiene sus mitos: uno de ellos es que se volvió tan famosa porque sus dueños servían bebidas según el número de cuadras que el consumidor podría aguantar en pie luego de tomar el dulce licor. Se dice que había quien pedía su pasita para una cuadra, dos y hasta cinco cuadras. Además del licor de pasas, hay más de veinte bebidas deliciosas y con nombres muy ocurrentes: Sangre de Brujas, Calambre, Crema a Go-go, China Poblana o Charro con Espuelas.

El horario de este singular establecimiento es de 12:30 a 17:30 horas, porque sus dueños dicen que “de lo bueno, poco”. Su dirección es calle 6 Sur, entre la 5 y la 7 Oriente de la ciudad de Puebla.

¿No has cansado todavía? ¡Vamos al Museo Amparo, entonces!

Inaugurado en 1991, el Museo Amparo es un museo privado fundado por Don Manuel Espinosa Yglesias y su hija Ángeles, para recordar a Doña Amparo Rugarcía de Espinosa. La Fundación Amparo tiene como misión conservar, investigar, exhibir y divulgar el arte prehispánico, virreinal, moderno y contemporáneo de México.

Está considerado uno de los centros culturales más importantes de México y el edificio que ocupa es histórico, pues ahí se fundó, en 1538, el primer hospital de la ciudad de Puebla, llamado San Juan de Letrán y conocido como “El Hospitalito”. El obispo Don Juan de Palafox y Mendoza, en 1642, hizo trasladar a los enfermos a otro hospital y se albergaron ahí distintos colegios, como el de Niñas dedicado a la Purísima Concepción, y un albergue para mujeres casadas o viudas. Fue casa de sacerdotes, un asilo de ancianos y desde 1871, una parte del edificio fue el domicilio particular de los ancestros del fundador del Museo Amparo.

Este museo se encuentra a la vanguardia internacional, ya que su recorrido está adaptado para las personas con movilidad reducida, cuenta con elevador y con plataforma para ascenso y descenso en silla de ruedas. Tiene en renta audio guías y pone a disposición de los visitantes, bancos plegables y sillas de ruedas. ¿Necesitas un espacio para amamantar a tu bebe?, El Museo es amigable con la lactancia materna, contando siempre con asientos disponibles para utilizarlos en cualquier momento del recorrido.

Tiene una tienda de recuerdos, cafetería y una terraza panorámica, que pretende crear una renovada relación con el paisaje urbano del Centro Histórico de Puebla. Seguro que ahí terminarás tu día, relajándose mientras disfrutas del atardecer sobre la ciudad.