En cuestión de semanas, el coronavirus, que parecía al principio que era solo cosa de Wuhan, en China, ha asaltado y tomado el mundo. Los mapas en los que se muestra dónde hay casos cubren casi todo el territorio terrestre. ¿Todo? ¡No! Hay lugares sin coronavirus, algunos países e islas —normalmente coincide— cuya localización remota se ha convertido en una gran ventaja y han llegado a finales de abril sin registrar ni un solo caso. Lugares remotos que llevan el distanciamiento social un paso más allá: aislados del mundo.

Por supuesto, uno nunca puede estar seguro. Si una cosa hemos aprendido de esta crisis, es que contar casos es difícil y que, incluso cuando los gobiernos tienen las mejores intenciones y no quieren tapar nada, el número de contagiados es siempre superior al registrado.

Han quedado fuera de esta lista países que aseguran no tener ni un solo caso pero en los que por su situación geográfica es bastante probable que sí tengan (son además lugares que no son famosos por su transparencia). Es el caso de Corea del Norte, que bastante tiene con lo suyo estos días, Lesoto (país enclavado en el medio de Sudáfrica, donde sí hay casos; están en estado de emergencia desde finales de marzo), Tayikistán (oficialmente, sin casos, pero con medidas muy estrictas de confinamiento y alguna muerte sospechosa), Turkmenistán (hacen frontera con Irán, país muy afectado, aunque desde la OMS admiten que, con casos o no, lo están haciendo bien).

Islas Comoras


Su condición de islas parece haber librado a las Comoras de la pandemia, aunque hay informaciones contradictorias. La isla de Mayotte, que pertenece al archipiélago pero no al país (es parte de Francia), ha registrado 460 casos y cuatro muertes (a 28 de abril). Uno de esos casos, según el responsable del Gobierno francés en Mayotte, fue importado de las Comoras, por lo que es posible que sí tengan algún caso. Están al sureste de África, entre el norte de Mozambique y el norte de Madagascar.

Islas Cocos (Australia)


Según la última actualización de las autoridades (25 de abril), estas islas, en las que viven unas 600 personas, continúan libres de coronavirus. Aun así, están en estado de emergencia, aunque empezando ya la desescalada. Las islas Cocos o islas Keeling son dos atolones y 27 islas de coral. A medio camino entre Australia y Sri Lanka, estuvieron deshabitadas hasta el siglo XIX.

Kiribati


En medio y medio del océano Pacífico, este país está formado por 33 atolones y una isla volcánica, todos diseminados por un área de, atención, más de 33 millones de kilómetros cuadrados. Tiene unos 110.000 habitantes, pero es tan difícil llegar (su isla principal, Kiritimati o isla Christmas, está a 5.000 kilómetros del país más cercano) que es normal que el virus tampoco haya hecho ninguna aparición. Los problemas de Kiribati son otros y más graves: desaparecer bajo el agua con la subida del nivel de los océanos.

Samoa


En Samoa, país insular que forma parte de la Polinesia, declararon el estado de emergencia a mediados de marzo, aunque ni tuvieron ni tienen casos. Llevaban ya desde febrero limitando mucho la entrada de personas que llegaran de otros países y obligando a los que sí dejaban entrar a aislarse durante dos semanas. Han tenido varios casos sospechosos, pero todos han dado negativo. Las medidas de prevención tienen mucho sentido, quizá en su memoria esté aún el desastre que provocó la gripe de 1918: entró en un barco desde Nueva Zelanda (en ese momento la isla estaba ocupada por Nueva Zelanda) y mató al 22% de la población.

Samoa Americana

Es un territorio estadounidense autónomo. En el mismo archipiélago que Samoa. Tienen gobierno propio desde 1967, aunque no reconocido por la ONU. Vaya, un desbarajuste poscolonial tremendo. Como sus compañeros de archipiélago, están libres de coronavirus, aunque han tenido casos sospechosos y críticas porque en realidad no disponen de las instalaciones ni recursos para hacer tests.

A ellos en 1918, por cierto, les fue mucho mejor: ni una víctima mortal. Fue gracias a las acciones preventivas del gobernador de la US Navy John Martin Poyer: dejó en cuarentena en los barcos a todos los afectados y la gripe no entró en la isla. No todos los territorios ocupados por Estados Unidos lo hicieron tan bien: en Filipinas, por ejemplo, la influenza hizo estragos porque los colonos no entendieron que las personas indígenas serían más vulnerables /creían, de hecho, que todo era su culpa).

Vanuatu


A Vanuatu, un diminuto país-isla de 272.000 habitantes en el Pacífico, no ha llegado el coronavirus. Quien sí llegó fue el ciclón Harold, uno de los más fuertes registrados en el Sudeste Pacífico y que el 5 de abril devastó el país, pero que pasó bastante desapercibido en medios de comunicación. Según la ONU, entre el 80 y el 90% de la población de la provincia de Sanma podrían haber perdido su casa. Con las fronteras cerradas, no llega la ayuda internacional. Claro que si con la ayuda llegase el virus, el desastre sería ya apocalíptico.

Islas Pitcairn (Reino Unido)


Este territorio británico de ultramar es la única colonia que le queda al Reino Unido en el océano Pacífico. Aunque no es una nación soberana, es el país menos poblado del mundo: 56 habitantes. No es, por lo tanto, una sorpresa que no hayan ni olido el coronavirus. Es un lugar muy curioso. Del archipiélago, tan solo una isla está habitada, y son los descendientes de los amotinados del navío Bounty, un barco inglés que recaló en la isla a finales del siglo XVIII tras haber dejado al capitán, William Bligh, y la tripulación que no se quiso amotinar, en un pequeño bote en medio del océano (consiguieron llegar, por cierto, a tierra, más de un mes después). Pitcairn era un refugio perfecto para los amotinados porque en el momento la isla estaba mal cartografiada.

Nauru

Este estado de Micronesia, que se independizó de Australia en los años 60, está formado por una única isla en la que viven unos 10.000 habitantes (es el segundo estado soberano más pequeño del mundo, después del Vaticano). El turismo masivo no es un problema, ya que la isla es tan remota que reciben menos de 200 turistas al año, pero como su sistema sanitario es pequeño (un único hospital) decidieron desde muy pronto suspender vuelos con los países afectados e imponer cuarentenas a cualquier visitante. Lo más cercano que tienen es otra isla, Banaba (Kiribati), a 300 kilómetros. De 1918 no salieron indemnes: el SS Talune, el mismo barco que llevó la epidemia a Samoa, también atracó aquí. Murió un 18% de la población.

Tuvalu

Este país, formado por nueve islas en mitad del Pacífico. Como Kiribati, está en estado de emergencia para prevenir el coronavirus, pero, sin casos, lo que realmente preocupa a sus habitantes es que cada año hace más calor y hay más océano y menos arena. Tuvalu, dicen, se está hundiendo. Viven allí unas 11.000 personas y cada vez son más los que deciden abandonar las islas ante la amenaza de la crisis climática.

Islas Cook


Las islas Cook son un destino turístico bastante popular, por lo que no es ninguna sorpresa que haya turistas que se hayan quedado atrapados allí por toda esta crisis. No es un mal lugar: ningún caso, playas de aguas cristalinas (como todas las islas que estamos viendo) y una infraestructura turística fuerte y sostenible (por ejemplo, ningún edificio puede ser más alto que los cocoteros). El país tomó en marzo medidas restrictivas bastante estrictas, pero ya han empezado su desescalada.

Islas Salomón


Estas islas, en las que los exploradores españoles creían que estaban las minas del rey Salomón, están como casi todas cerradas para blindarse ante la pandemia. Son también un lugar que recibe bastante turismo durante todo el año, porque aunque no hay unas minas llenas de oro sí hay paisajes pacíficos de esos que quitan el hipo. Desde hace unos días, además, ya tienen laboratorio para los tests, gracias al equipamiento donado por China.

Niue


Esta isla nación del Pacífico solo tiene buenas noticias últimamente: además de no haber registrado ningún caso de coronavirus, ha sido el primer país del mundo en recibir el galardón Dark Sky (Cielo Oscuro). Sí, hay lugares Dark Sky, pero no había ningún país entero. El galardón reconoce a los lugares con poca contaminación lumínica, esos lugares en los que las estrellas se ven mejor.

Islas Marshall

Este país insular de la Micronesia se independizó de Estados Unidos en 1990. No tienen coronavirus, aunque sí algún caso en observación. Con 58.000 habitantes, el país comprende dos archipiélagos, un total de 1156 islas e islotes, de las cuales muchas están deshabitadas y con razón: entre 1946 y 1957, Estados Unidos usó la zona para probar armas nucleares y ahora en algunas regiones hay unos niveles de radiación más altos que en Chernobyl o Fukushima.

Tokelau


Otro archipiélago en el Pacífico. Dependen administrativamente de Nueva Zelanda y son uno de los 17 territorios no autónomos que supervisa el Comité de Descolonización de la ONU. Viven la crisis del coronavirus tranquilos, sin ningún caso y con las fronteras cerradas. En 2012 se convirtieron en el primer territorio del mundo en depender 100% de la energía solar.

Wallis y Futuna (Francia)


Son tres islas situadas en el Pacífico Sur. Pertenecen a Francia, pero tienen, curiosamente, una pequeña monarquía propia (con muy poco poder) y que en 2005 tuvo una gran crisis cuando el nieto del rey atropelló y mató a una persona y se escondió en el Palacio real. Finalmente, tras meses en los que los vecinos estuvieron a punto de entronizar a otro rey, todo continuó igual. Conscientes de que la llegada de la epidemia colapsaría por completo su sistema sanitario, se cerraron desde muy pronto a visitantes.

Palaos


Unas 340 islas de origen volcánico y coralino forman este pequeño estado insular en el Pacífico. Destino popular entre los aficionados al buceo (todas estas islas del Pacífico lo son), fue el primer país del mundo que prohibió la mayor parte de los protectores solares por ser tóxicos para las aguas y los corales. Ahora, sin turistas y sin coronavirus, el archipiélago es si cabe más paradisíaco. Es muy conocido también su lago de las Medusas, un lago marino lleno de medusas inofensivas.

Isla Norfolk (Australia)


Esta isla es uno de los pocos territorios externos de Australia, situada 1400 kilómetros al este de la gran isla. Como pasa en las islas Pitcairn, aquí también hay descendientes de los amotinados del navío Bounty. Además, tienen su propio idioma y en las carreteras las vacas tienen preferencia sobre los coches. Ahora, esta pacífica isla (en 2007 se cometió el primer asesinato desde 1856), vive también tranquila sin COVID-19, aunque bien blindada.

Saint Helena, Ascensión y Tristán de Acuña (Reino Unido)


Este territorio británico de ultramar es uno de los lugares más remotos del planeta. Especialmente Tristán de Acuña, un conjunto de islas donde viven unas 270 personas a 2173 kilómetros de la isla de Santa Elena, el lugar poblado más cercano. Santa Elena, por su parte, es el lugar en el pasó sus últimos días Napoleón, exiliado y desterrado. Tan lejanos de todo, es normal que no tengan casos de coronavirus, aunque sí han tenido sus sospechas (pero los casos dieron negativo).

Svalbard (Noruega)


Abandonamos el Pacífico para irnos a Noruega. Svalbard es un archipiélago en el océano Glacial Ártico en el que, de momento, no se ha registrado ningún caso. No es del todo sorprendente: viven allí más osos polares que personas. Es un destino popular sobre todo para ver auroras boreales y es el lugar en el que está el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, una bóveda rectangular en medio de la nieve en la que se almacenan más de un millón de semillas, pensado para reforestar el planeta si hay una catástrofe natural.