Los diccionarios dan muchas pistas sobre la cultura de los hablantes de una lengua determinada. Todos hemos oído lo de las palabras que tienen los esquimales para el color blanco de la nieve (aunque parece ser que es un poco leyenda urbana) y lo de las palabras gallegas para describir la lluvia. Y luego está el tema de los insultos, nicho en el que en general (no, esto no es solo cosa del español) el ingenio humano se pone a trabajar y alcanza sus cotas más altas en una mezcla de ironía, poesía y brutalidad en su estado más puro.

Y, sin embargo, todos solemos recurrir siempre a los mismos cinco insultos sin aprovecharnos de la riqueza de nuestra lengua. ¡Ya no más! El español tiene más de cincuenta formas distintas de decir «tonto». Estas son solo algunas de ellas.

lipendi

El Diccionario de la Lengua Española (DLE) nos da pocas pistas sobre esta palabra tan curiosa, más allá de que significa ‘tonto, bobo’. A principios del siglo XX aparecía con el significado de ‘un perdido, un cualquiera’. El origen es rural y posiblemente esté en la palabra alipende, una especie de cobertizo para guardar los enseres del campo. En cuanto a ejemplos de su uso en literatura, el Corpus Diacrónico del Español (CORDE), cita cinco, cuatro de Pérez Galdós y uno de Emilia Pardo Bazán, es decir, todo muy decimonónico.

pandero

Un pandero no solo es un instrumento musical: según el DLE, significa también desde el siglo XVIII ‘persona necia y que habla con poca sustancia’. Un poco despectivo para los panderos instrumentos, porque está claro que hay una relación entre el sonido que se logra al tocarlo y esa poca sustancia de las conversaciones de los panderos personas. Pero si no tienes problemas con este insulto velado al instrumento, llamar pandero a alguien es bastante divertido.

barbitonto

«No, no —puedes defenderte— yo no te he llamado tonto. Barbitonto solo significa ‘que tiene cara de tonto’, ¡no que lo sea! Aunque el que se pica…»

porro

Aquí la RAE nos da algunas sorpresas como que el porro en el que todos pensamos de forma instantánea, al menos en España, sea solo la tercera acepción. La primera es ‘puerro’. La segunda… ¡sí! «Dicho de una persona: Torpe, ruda y necia». Vaya, lo peor de lo peor. De hecho, es el primer significado con el que apareció la palabra ya en el siglo XVIII.

beocio

Uno de esos bonitos ejemplos en los que un gentilicio se convierte en insulto. Los beocios son los naturales de Beocia, una región de la Grecia antigua. Pero la tercera acepción de la palabra es ‘ignorante, estúpido, tonto’. ¿Alguna relación? Por supuesto: Beocia era una zona rural, poco desarrollada con respecto al resto. Y ya sabemos lo que siempre han pensado (con superioridad y equivocados) los urbanitas de la gente de campo…

bausán

Un bausán es una «figura humana, embutida de paja, heno u otra materia semejante y vestida de armas, que se hacía para simular un combatiente». Llamar a una persona bausán, claro, no es precisamente un piropo, sino decir que es una «persona boba, simple, necia». En 1780 ofrecían una definición más detallada: «Bobo, simple; y así del que se queda con la boca abierta pasmado sin responder, ni hacer nada, se dice que quedó hecho un bausán».

celestial

Modo ironía on. Modo ironía al máximo. Celestial es, sí, «perteneciente o relativo al cielo», «perfecto, delicioso» y, en su tercera acepción, con sonrisa malvada, ceja levantada e interruptor irónico encendido «bobo, tonto o inepto». Perfecto para confundir al destinatario, que sospecha por tu tono, mueca e historia de vuestra relación que no le estás diciendo que sea un regalo divino precisamente.

zamacuco

Palabra heredada del árabe clásico, donde significaba ‘necio malicioso’. Nosotros le hemos quitado la malicia y lo hemos dejado en ‘persona tonta, torpe y abrutada’. Nada mejor que robarle al malo su supuesta inteligencia para insultar de verdad.

mamacallos

Ay, el arte español de formar compuestos muy expresivos para insultar no tiene límites. Este es transparente y claro, para que el destinatario no dude que es persona non grata. El DLE, que nos explica por si no lo habíamos pillado que viene de mamar y callo, nos dice que significa ‘hombre tonto y pusilánime’. En el diccionario desde 1817, en el CORDE aparece un ejemplo de 1772 de Fray Martín Sarmiento en el que usa el apelativo para referirse al alcalde de Ureña.

bambarria

Aunque su popularidad se ciñe al siglo XVII, la RAE se resiste a decir que este bonito calificativo está en desuso. Significa ‘persona tonta o boba’. Es también una marca de tequila, pero no entendemos bien la relación (¿es como te quedas cuando te pasas con los chupitos?).

panarra

Nada tiene que ver con el pan (aunque estaría bien empezar a usarla, siempre con su intención despectiva, para referirnos a la subespecie hipster obsesionada con los panes). Su primera acepción no hace más que aumentar la confusión: ‘murciélago’. Pero es en la segunda donde ya encontramos lo que buscamos: ‘hombre simple, tonto’. ¿Hay relación? Esperemos que no, pobres murciélagos.

zompo

Esto es un poco políticamente incorrecto, porque relaciona un problema físico como es tener un pie torcido (segunda acepción) con ser no solo torpe, que se comprende, sino también tonto. Úsalo bajo tu propia responsabilidad.

tontucio

Porque ¿por qué quedarnos en «tonto» si podemos ir más allá y alargar la palabra para saborear bien una sílaba más? No eres tonto, ¡eres un tontucio! Y si se te ofenden, como en el caso del barbitonto aquí también te puedes defender. Es un insulto, sí, pero más insultito: tontucio significa ‘medio tonto’. Podía ser peor, podías haber dicho que es tonto entero.