La historia del español es también una historia de expansión. Los españoles llegaban a lugares en los que vivía gente que hablaba su propia lengua, lenguas con las que no siempre conseguían acabar (afortunadamente). Muchas palabras de esas lenguas indígenas lograron colarse en el español, y no solo de forma puntual en regiones en las que convivían y conviven varias lenguas en contacto. Muchas palabras se instalaron en el castellano, hicieron el viaje de vuelta y son habituales en España. Muchas se refieren a flora y fauna que no existía en Europa, pero otras son más sorprendentes. Estas son algunas de ellas.

1. alpaca (aimara)

De esas palabras que solo podían ser importadas. En España no hay alpacas, esos camélidos preciosos de los que se consigue una lana muy apreciada. Alpaca viene del aimara all-paka, según la RAE. Joan Corominas ofrece más detalles, explicando que en realidad es una palabra reciente, del siglo XX, y que antes se decía paco (todavía usada), procedente del quichua p’aco ‘rubio, amarillo rojizo’. Explica además de dónde viene empacarse (‘Turbarse, cortarse, amostazarse, retrayéndose de seguir haciendo aquello que se estaba ejecutando’ o ‘emperrarse’): «se desistió de emplear la alpaca para llevar carga, como se hace con la llama, por tener el inconveniente de echarse fácilmente al suelo y entonces es imposible hacerla continuar».

2. barbacoa (taíno)

¿No se cocinaba en España la carne —o lo que sea— a la parrilla antes de ir a América? Teniendo en cuenta que se importó la palabra barbacoa, que entró en el español ya en 1512, probablemente no (claro que se usa más cocinar a la parrilla; la barbacoa es más el objeto). Barbacoa es una palabra del taíno, el idioma que se hablaba en las Antillas cuando llegaron los españoles, que significa ‘conjunto de palos’.

3. mambo (antillano)

Dice la RAE que mambo es una palabra de origen antillano. En la lengua creole-haitiana, significa ‘sacerdotisa de vudú’. Si se sigue rastreando, en yoruba, un conjunto dialectal que se habla en África Occidental, existe también la palabra mambo, que significa ‘hablar’. No está muy claro cómo se llegó de todo esto al baile. De todas formas, se trata de una palabra de uso reciente en el español: no se registró hasta mediados del siglo XX.

4. cancha (quechua)

Ese lugar en el que jugabas al baloncesto o al tenis o a cualquier juego que se terciase tiene también un nombre aprendido en América. Cancha es una palabra quechua que significa ‘recinto, cercado’. Eso sí, aunque lleva en el español desde el siglo XVI, no apareció en el diccionario hasta 1925.

5. iguana (arahuaco)

El español no tenía palabra para las iguanas porque se trataba de un animal desconocido en Europa. Aparece por primera vez en un texto de 1533 y, en el Diccionario de autoridades (1734), la palabra tiene también una entrada. Aparece definida como «animal amphibio de la America, el qual es a manera de un lagarto, y de quien se trahen a España unas piedras llamadas de Iguana, que son provechosas para algunos males». Vaya, que las iguanas gustaron bastante.

6. cacique (probablemente del taíno)

Cacique era como algunos pueblos del Caribe denominaban a sus jefes. La palabra pasó enseguida al español y en el Diccionario de autoridades se explicaba su etimología: «Señor de vassallos, o el Superior en la Província o Pueblo de los Indios: y aunque en muchas partes de las Indias tienen otros nombres, segun sus idiomas, los Españoles los llaman a todos Cacíques, que parece lo tomaron de las Islas de Barlovento, que fueron las primeras que se conquistaron». Porque lo de molestarse en aprender más de un idioma ya vemos que no gustaba.

7. chapapote (náhuatl)

La palabra chapapote está tan unida a nuestra historia reciente que casi cuesta encontrar su origen tan lejos en el tiempo. Al diccionario llegó en 1884, pero ya se encuentra en textos de historiadores en el siglo XVI, donde queda muy claro su origen. Fray Bernardino de Sahagún escribió en su Historia general de las cosas de Nueva España que «el chapopotli es un betún que sale de la mar, y es como pez de Castilla, que fácilmente se deshace, y el mar lo echa de sí, con las ondas, y esto ciertos y señalados días, conforme el creciente de la luna; viene ancha y gorda a manera de manta, y ándanla a coger a la orilla los que moran junto al mar». Ahora el chapapote (en México se usa más chapopote, por cierto, más cercana a la palabra original y evidentemente también correcta) llega del mar, sí, pero nos lo traen barcos cargados de petróleo que naufragan.

8. cigarro (maya)

De América los españoles se llevaron a Europa el tabaco y muchas palabras relacionadas (aunque tabaco, curiosamente, es una palabra árabe). Cigarro viene del maya siyar, que según parece significa ‘fumar’. Hay también otra corriente —Corominas, por ejemplo, aunque admite que el origen es incierto— que dice que en realidad cigarro viene de cigarra, por su parecido. Es más bonito, pero quizá menos lógico.

9. butaca (cumanagoto)

Sí, sí, las butacas del cine y del teatro, esas sillas que están entre la silla y el sillón, encontraron su palabra en América. El pueblo cumanagoto vivía en la antigua provincia de Nueva Andalucía o Cumaná, y sus descendientes habitan actualmente al norte del estado de Anzoátegui, en Venezuela. Butaca viene de putaca, que significaba ‘asiento’, y no aparece en el diccionario hasta 1884, ya con su significado actual de asiento con reposabrazos y tapizado. ¿Cómo llegó? Misterio.

10. maraca (guaraní)

Esta tiene lógica también, ya que las maracas se usan principalmente en música tradicional del otro lado del Atlántico. Aunque no llega al diccionario hasta 1925, se registra su uso ya en el siglo XVII, aunque explicando qué es: «…cantando con vna maraca (instrumento de que se vssa para acallar los niños)…» (es el texto que incluye la RAE como primera aparición en textos seleccionados).

11. pantalán (filipino)

No todo viene de América. Será por colonias, que diría —imaginamos— Felipe II. Del filipino el español también tomó prestadas palabras. Un ejemplo es pantalán, un tipo de muelle o embarcadero pequeño. Si nos fiamos de los datos de la herramienta de Google Ngram Viewer, que muestra la frecuencia con la que aparece una palabra en libros, al español pantalán llega a mediados del XIX. Al diccionario en 1925, todavía como un muelle específico filipino.