Crédito: Juri Panov vía

Serás parte de una tendencia transnacional.

Hoy, 17 de noviembre, comienza el VIII Festival Internacional de Tango Queer en Buenos Aires. Hay actividades y clases hasta el 23 de noviembre. Pero las milongas queer no son solo un fenómeno porteño. Moscú es ni más ni menos que la invitada de honor a la edición 2014 del festival, y hay prácticas de tango queer en lugares como Berlín, Madrid, San Francisco, Londres, Copenhague, Oslo, Vienna y México, entre otros.

Participando y comprendiendo mejor de qué se trata este movimiento, podrás conectarte -cara a cara o virtualmente- con muchas personas de culturas distintas interesadas en lo mismo: que el foco de atención se corra de la técnica y se posicione sobre el aspecto comunicacional, simbólico, de la danza. Empezando porque…

 

Podrás librarte de que tu género dicte tu rol al bailar.

En el tango que podríamos llamar “tradicional”, las parejas normalmente se conforman por hombre-mujer. El varón es el que guía, el que va armando la coreografía. Ella obedece y ejecuta, no tiene posibilidad de decidir. Esta dinámica escenifica, según entiende el movimiento del tango queer, una relación de dominación del hombre sobre la mujer y naturaliza formas de entender la danza (y, más aún, las relaciones sociales, la política, el sexo) que son opresivas y patriarcales.

Uno de los rasgos fundamentales del tango queer, quizás el más conocido, es, justamente, el intercambio de roles. Ya no hay un varón que guía la danza y una mujer que sigue esa dirección, y, de hecho, ya no hay necesariamente un varón o una mujer: las parejas pueden conformarse por dos mujeres o dos hombres y el rol de guía, en todos los casos, circula entre ambxs bailarinxs, que aprenden tanto a guiar como a ser guiadxs y pueden intercambiar esos roles en cualquier momento de la danza. El género deja de mediar entre la danza y lxs bailarinxs.

 

Tu look puede ser más «descontracturado» que en una milonga tradicional.

La clásica figura de la mujer en pollera y taco aguja aferrada al hombre de jopo engominado y traje es desplazada por, básicamente, lo que cada persona quiera ponerse para bailar. Muchxs bailan en zapatillas y jean, algo inconcebible en las milongas clásicas. Acá lo que importa es que los bailarines y las bailarinas estén a gusto con la ropa que usan. En ese sentido, hay completa libertad.

 

Podrás sacar provecho de la “flexibilidad estilística”.

Si bien los pasos de la danza se desprenden del tango tradicional y del tango nuevo, el estilo con el que se ejecutan es distinto. Fundamentalmente, la relación entre los cuerpos es más libre: la distancia entre ellos puede variar, los brazos ya no tienen que estar en una posición de abrazo clásica, pueden moverse, incluso desarmar el abrazo típico y bailar sin agarre.

Por otro lado, el tango queer suele incorporar elementos de la danza contemporánea o el contact improvisación, por ejemplo. Y sí, lo más común es que se baile de a dos, pero puede pasar que en alguna clase o en alguna milonga haya danzas de a tres o cuatro personas. ¡Todo es posible! Así que lo que hayas aprendido en otras experiencias, puede ser muy útil en una milonga queer.

 

Te encontrarás con diversidad y fusión de géneros musicales.

En las últimas décadas, el tango como género musical fue atravesando un proceso de modernización y mixtura con otros géneros musicales. El tango electrónico y el tango más “rockero” toman rasgos identitarios muy fuertes del tango clásico (algunos instrumentos, algunas melodías, algunos ritmos) y los combinan con sonidos que provienen de otros géneros musicales, como la música electrónica. El resultado es un nuevo abanico de opciones musicales que la danza, sabiamente, aprovecha. En una milonga queer, es probable que suenen tangos muy distintos entre sí y que, incluso, en algunos momentos, se pruebe con otros géneros, como el candombe, salsa y otros géneros de música latinoamericana. Todo lo que ponga en discusión o vaya en contra del estancamiento y la rutina va a ser muy bienvenido. ¿Qué perdemos con probar?

 

Podrás cuestionar lo masculino, lo femenino, la igualdad y la diversidad.

Si el tango queer es o no es un espacio de activismo LGBTTIQ es algo que está en discusión. Lo cierto es que las milongas queer nacieron como espacios de reconocimiento y visibilización de la diversidad sexual, en los cuales se da una apropiación y reelaboración de aquello que se considera opresivo o discriminador.

En este sentido, la elección del tango no es para nada casual. Se trata de un género tradicionalmente machista, que atribuye a la mujer un lugar de sumisión o pasividad. Por este motivo, en el tango queer, la pareja mujer-mujer es considerada la más radical en términos de subversión del orden impuesto por el tango tradicional. En ese gesto político, se rechaza la desigualdad de poder que el tango establece entre los géneros y, también, se problematiza qué es lo masculino y qué es lo femenino. Lo que se pretende, en términos políticos, es abrir un espacio de igualdad y diversidad, en el cual todxs tengan la libertad de actuar los distintos roles según su comodidad y su deseo.

 

Disfrutarás de una experiencia en la que lo fundamental es el respeto y la libertad.

Podés llegar e irte cuando quieras, podés bailar con quien quieras o no bailar en absoluto. ¡Hasta podés ir sin saber bailar! Siempre va a haber alguien que quiera enseñarte algunos pasos. Lo fundamental, como dijimos, es el respeto y la libertad, y que estés abierto a disfrutar de una experiencia nueva.