La comida chilena es sin duda exquisita. Aunque varía ampliamente en sus preparaciones de norte a sur, así como varían sus ingredientes, hay ciertos pecados imperdonables que hacen que los platos vayan perdiendo identidad. También hay algunas actitudes que generan disputas entre los puristas y los más excéntricos en sus preparaciones. Aquí te comento algunos, y quedo atenta a sus respuestas… ¿hay algún otro pecado contra la comida chilena?

1. Incluir pasas en la empanada.

Odiadas por la mayoría y queridas por muy pocos, es sin duda un ingrediente prescindible a la hora de preparar una buena empanada de pino. No hay nada peor que estar masticando una jugosa y contundente empanada de pino, que encontrarse con esta pequeña y dulce invasora. Lo mismo aplica para el “manjars” que conocemos como Pastel de Choclo.

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2. La chorrillana “marina”.

La chorrillana, plato tradicional nacido en Valparaíso para calmar el voraz apetito de los estudiantes de manera abundante y por un bajo costo, lleva en su receta una montaña de papas fritas, cebolla pluma frita, carne, chorizo y huevos fritos en su parte superior. A pesar de su abundancia de ingredientes… ha sido blasfemada en preparaciones alternativas. ¿La peor de todas? La chorrillana marina, con una corona de conchas de mariscos enterradas en las papas, conteniendo estos productos del mar. Un NO rotundo.

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3. Deconstrucciones de mote con huesillos.

¡Ahhhh! ¡El mote con huesillos! Ese popular brebaje, rey saciador de la sed y apagador del calor de las tardes de verano… ¡Cómo me ha dolido verte deconstruido en restaurantes gourmet, en versiones estilo “sorbete de huesillos sobre espuma de mote”! ¿Qué cresta es eso?

Crédito: mrdoctor

El mote con huesillos va en su vaso plástico o de vidrio de medio litro, con un tercio de mote en el fondo, 2 ó 3 huesillos carnosos y su helado y refrescante jugo. ¡Nada de cosas raras por favor!

4. Humita en olla.

¿En serio? ¿Quién cometió el pecado de quitarle a la humita la magia de ser desatada de sus ropajes de hojas de choclo, para ser espolvoreada con azúcar o mezclada con jugosos y sabrosos tomates? No le quitemos la diversión a este plato, que en gran medida se encuentra en su presentación, prima hermana de los tamales en otras partes de Latinoamérica.

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5. Hacer el Charquicán sin carne.

Este plato popular, que en algunos lugares se corona además de huevo frito, lleva en la etimología de su nombre el “charqui” o carne deshidratada. Actualmente preparado con carne molida o picada (incluso de soya para los vegetarianos) y con variadas verduras que le acompañan, en algunos lugares la preparan ¡sin la proteína! La proteína es lo que le da una textura especial. Sin ella, se convierte en nada más que un puré de papas, zapallo y otras verduras. Así lo preparan donde trabajo, y al lado le ponen un trozo de pollo o pescado: una falta de respeto total a la identidad de este plato.

6. Cazuela con pollo deshuesado.

La cazuela con pollo deshuesado sencillamente no es lo mismo: pierde la sabrosura que le dan los huesos y la gracia de comerse el mismo con la mano. El resultado es una cazuela insípida y con un pollo seco. Nada que ver con la original.

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7. Preparar el pebre con ají en pasta.

Si bien este tradicional aderezo de nuestra cocina y compañero inseparable de choripanes y asados varía de norte a sur, el ají verde picadito fino es parte fundamental de su preparación. Sustituirlo por ají en pasta es un sacrilegio.

8. La once sin palta.

Aunque a veces su precio se dispara, haciéndose “la difícil” en nuestra mesa, la palta molida es un ingrediente fundamental de la once en los hogares chilenos. Ya sea sola, en pan o como ingrediente de un suculento completo o churrasco, es un indispensable de la once. Tan central es para los chilenos, que hasta da vida al popular dicho “sanguchito de palta”, que es como se llama a esas personas que las aprietas un poco y cuentan todos los secretos.

Lo otro es jamás, pero jamás sustituirla por palta de bolsa, que de palta no debe tener ni el 10%.

9. Traicionar la marraqueta.

Nuestro pan más querido, crujiente, inflado y contundente… ¡No lo traiciones con colizas y hallullas, ni menos por un insípido y simplón molde! Amado incluso por los extranjeros, se ha demostrado que tiene menos calorías que sus contendores, he incluso puedes encontrarlo en su versión integral. No importa si le dices marraqueta, pan batido o pan francés, no lo traiciones porque no sabes cuando podrías extrañarlo.

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Crédito imagen de portada: davelonsdale