A pesar de que en la poesía del mundo prehispánico no encontramos material que nos hable del amor romántico, sí encontramos algunos poemas que honran el amor a la humanidad y el valor de la amistad. Esto es especialmente cierto entre el repertorio de poemas sobre la amistad de Nezahualcóyotl, el rey poeta.

Sin duda, la más famosa de estas composiciones es la primera de nuestra lista, que nos habla de un amor incondicional de Nezahualcóyotl por la humanidad (“mi hermano”). Este afecto está aún por encima del resto de la creación: por encima del color del jade, que en la época prehispánica era una piedra sagrada; por encima aún del zenzontle, que fue un ave muy admirada por su canto; e incluso por encima del perfume de las flores, que tanto amaba el rey poeta:

“Amo el canto del zenzontle,
pájaro de cuatrocientas voces,
amo el color del jade
y el enervante perfume de las flores,
pero amo más a mi hermano: el hombre”.

El segundo de los poemas sobre la amistad de Nezahualcóyotl, nos habla de la importancia de expresar los sentires del corazón entre amigos:

“Como si fueran flores
los cantos son nuestro atavío,
oh amigos:
con ellos venimos a vivir en la tierra.

Verdadero es nuestro canto,
verdadera nuestras flores,
el hermoso canto.
Aunque sea jade,
aunque sea oro,
ancho plumaje de quetzal…
¡Que lo haga yo durar aquí junto al tambor!
¿Ha de desaparecer acaso
nuestra muerte en la tierra?
Yo soy cantor:
que sea así.

Con cantos nos alegramos,
nos ataviamos con flores aquí.
¿En verdad lo comprende nuestro corazón?
¡Eso hemos de dejarlo al irnos:
por eso lloro, me pongo triste!

Si es verdad que nadie
ha de agotar su riqueza,
tus flores, oh Árbitro Sumo…
Debemos dejarlas al irnos:
¡Por eso lloro, me pongo triste!

Con flores aquí
se entreteje la nobleza,
la amistad.
Gocemos con ellas,
casa universal suya es la tierra.

¿En el sitio de lo misterioso aún
habrá de ser así?
Ya no como aquí en la tierra:
las flores, los cantos
solamente aquí perduran.

Solamente aquí una vez
haya galas de uno a otro.
¿Quién es conocido así allá?
¿Aún de verdad hay allá vida?

¡Ya no hay allá tristeza,
allá no recuerdan nada… ay!
¿Es verdad nuestra casa:
también allá vivimos?”.

En la tercera poesía, Nezahualcóyotl habla de la tristeza que representa el hecho de perder un amigo, y de tener que vivir únicamente con el recuerdo de los buenos momentos. En ella, el rey poeta se consuela y se recuerda a sí mismo que la vida en la tierra es solo un instante que debe ser aprovechado. Pero también reconoce que a pesar de estar consciente de ello, su tristeza no disminuye e incluso, en un reclamo a la divinidad, pregunta por qué nos hace sufrir con estas pérdidas:

“No hago más que buscar,
no hago más que recordar a nuestros amigos.
¿Vendrán otra vez aquí?
¿Han de volver a vivir?
¡Una sola vez nos perdemos,
una sola vez estamos en la tierra!
No por eso se entristezca el corazón de alguno,
al lado del que está dando la vida.

Pero con esto lloro,
me pongo triste, he quedado huérfano en la tierra.
¿Que dispone tu corazón, Autor de la Vida (Dios)?
¡Que se vaya la amargura de tu pecho,
que se vaya el hastío del desamparo!
¡Que se pueda alcanzar la gloria a tu lado,
oh dios…pero tu quieres darme muerte!

Puede ser que no vivamos alegres en la tierra,
pero con amigos tenemos gozo en la tierra.
Y todos de igual modo padecemos
y todos andamos con angustia unidos aquí.
En el interior del cielo tú forjas tu designio lo decretas
¿Acaso te hastíes y aquí nos escondas
tu fama y tu gloria en la tierra?

¿Qué es lo que decreta?
¡Nadie es amigo del que da la vida,
oh amigos míos, cuauhtli y ocelotl,
¿Adónde iremos por fin
los que estamos aquí sufriendo, oh príncipes?
Que no haya infortunio.
Él nos atormenta, él es quién nos mata.
Esfuércense, todos nos iremos
al Lugar del Misterio.

Que no te desdeñe,
aunque ande doliente ante el Dador de la Vida,
él nos va quitando, él nos va arrebatando
su fama y su gloria en la tierra.
Ténganlo entendido,
tendré que dejarlos, oh amigos, oh príncipes
Nadie vale nada ante el Dador de la Vida,
él nos va quitando, él nos va arrebatando
su fama y su gloria en la tierra.
Lo has oído, corazón mío,
tú que estás sufriendo
atiende a nosotros, míranos bien.
Así vivimos aquí ante el Dador de la Vida.
No por eso mueras, antes vive siempre en la tierra”.

Para Nezahualcóyotl, la amistad era aún más importante que el amor romántico al parecer. Esto es tal vez por que en su vida tuvo incontables mujeres, lo que le llevó a no darles importancia con el tiempo. Pero a sus amigos, vaya que los apreciaba y que sufría cuando se iban de este mundo.