Tal parece que a don Goyo le gusta comenzar la semana con mucha algarabía. Este lunes 17 de junio el Valle de México se despertó con una columna de ceniza de cinco kilómetros de altura que se esparció rápidamente tanto por redes sociales como por los pueblos que rodean al Popocatépetl. Los mexicanos que vivimos en los estados cercanos al volcán estamos bastante acostumbrados a sus desplantes y hasta vemos la típica fumarola de ceniza del Popocatépetl como un elemento más del paisaje cotidiano. Y es que el Popo ya lleva una buena temporada —desde junio de 1994— sin irse a dormir.  

El Popocatépetl —la montaña que humea— es un volcán activo que pasa por periodos intermitentes de actividad y reposo. Ha registrado varias erupciones a lo largo de su historia, siendo la más reciente la ocurrida el 18 de diciembre del año 2000. Esta última erupción se dividió en tres episodios de liberación de material incandescente que provocaron una columna de ceniza de más de ocho kilómetros de altura y llevó a la evacuación preventiva de más de 14 mil personas que viven en las cercanías del volcán. A pesar del estruendo y el relajo que provocó don Goyo en esa ocasión, no hubo ninguna víctima.

Según los registros geológicos, el Popo ha tenido dos erupciones plinianas —eventos de gran magnitud con un poder destructivo considerable—, la primera hace unos cinco mil años y la segunda por ahí del siglo VIII. Afortunadamente, el periodo de actividad actual se caracteriza solamente por exhalaciones pequeñas y una que otra salida de material incandescente hacia las laderas. Don Goyo está fuertemente monitoreado con el fin de detectar cualquier cambio en su actividad normal, pero esto no quiere decir que nos podemos olvidar por completo de su existencia. Fenómenos asociados a la actividad volcánica, como la caída de ceniza, pueden afectar de manera considerable a muchos de los que vivimos bajo su sombra.

La ceniza volcánica está constituida por fragmentos de rocas y minerales. Es un material muy fino —tiene un diámetro menor a dos milímetros— que puede ser transportado por cientos de kilómetros a través de las corrientes de aire y que fácilmente puede cubrir ciudades y poblados en las inmediaciones del volcán.

 

Estos son algunas de las medidas preventivas que debes tomar en caso de caída de ceniza del Popocatépetl:

 

– Evita realizar actividades físicas al aire libre

– Utiliza un cubrebocas o un paño húmedo sobre nariz y boca

– Cubre cualquier depósito de agua, incluyendo tinacos y cisternas

– Cubre las coladeras

– Evita que la ceniza se acumule (puede provocar el colapso de estructuras)

– Retira la ceniza con escoba, nunca con agua

– Recolecta la ceniza seca y colócala en bolsas de plástico

– Cierra puertas y ventanas con ayuda de trapos húmedos

– No uses lentes de contacto

– Ten cuidado al sacudir la ceniza ya que es fácil que raye superficies

– Si notas irritación en la piel, usa ropa que te cubra todo el cuerpo.

– No dejes alimentos a la intemperie

– Mantén a las mascotas en el interior de la casa

– Evita salir de casa lo más posible

 

 

Photo: Gobierno de la Ciudad de México

 

 

Pero no todo lo que se relaciona con ceniza volcánica es malo. Recientemente, un grupo de investigación de la Unidad Saltillo del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (CINVESTAV) ha estado desarrollando alternativas sustentables al cemento comercial utilizando ceniza volcánica. Tomando en cuenta las emisiones de carbono que produce la elaboración de cemento a nivel mundial, la ceniza del Popocatépetl —y de cualquier volcán— bien podría ser una buena aliada en la lucha contra el cambio climático. ¿Quién diría?