Hoy te voy a hablar de Cuauhpopoca, un guerrero que no sentía el más mínimo respeto por los europeos, a quienes retó a la guerra guerra y logró vencer.

Debo empezar por contarte que, a su llegada en al actual territorio mexicano en 1519, Cortés estableció una guarnición en la Villa Rica de la Vera Cruz. Desde ahí, inició su avance a Tenochtitlan con la mayor parte de su ejército, dejando al mando a Juan Escalante con sesenta soldados.

Para el momento de la fundación de su villa, los españoles ya había establecido una alianza con la ciudad de Cempoala, alianza que consiguió prometiendo la protección a los totonacas. Las promesas de independencia de Cortés fueron tan convincentes para Cempoala que estos dejaron de pagar el tributo correspondiente a Tenochtitlan y aquí es donde verdaderamente comienza esta historia.

Cuauhpopoca, el emisario de Moctezuma para cobrar el tributo, ordenó a la ciudad de Cempoala pagar lo pactado, bajo la amenaza de ser destruidos por el poderoso ejército mexica. Los totonacas, como se sentían protegidos por los españoles, se negaron. Cuauhpopoca no era alguien que iba a tolerar una negativa o que trataría de convencer a los totonacas, así que, sin volver a ordenarlo, acudió con su ejército para comenzar la destrucción de aquellas poblaciones.

Asustados con razón, pues conocían bien el poder de Tenochtitlan, los totonacas acudieron a Juan de Escalante para pedir ayuda, quien a su vez ya había recibido órdenes previas de Cortés para que respaldaran a sus nuevos aliados. Dos mil soldados totonacas y 40 españoles se enfrentaron en las llanuras de Nautla al poderoso ejército mexica, que no tardó mucho en comenzar a doblegar a los insurrectos. Al ver esto, los totonacas decidieron abandonar a los españoles y huyeron, así que Escalante no tuvo otra opción que ordenar la retirada. Como resultado, seis de sus soldados y él mismo resultaron malheridos.

Para Cuauhpopoca, aquella batalla representó más que una victoria, pues logró capturar vivo a uno de los soldados españoles de apellido Argüello, quien fue decapitado por el capitán mexica. Para enmarcar aún más su hazaña, Cuauhpopoca envío un comité a Tenochtitlan con la cabeza de Argüello para que fuera mostrada a Moctezuma y este pudiera ver que aquellos eran tan vulnerables como cualquier hombre.

Sin embargo, la reacción de Moctezuma no fue la esperada. Dada la presión que Cortés ejerció sobre el tlatoani, este ordenó traer a Cuauhpopoca ante su presencia para reprenderlo. Cortés aprovechó esta oportunidad para mantener en arraigo a Moctezuma, exigiendo un castigo severo para su capitán, pues argumentaba que las relaciones entre ambos reinos debía ser pacíficas. Fue así como Moctezuma autorizó a Cortés coordinar el arresto de Cuauhpopoca, suceso que tardó aproximadamente veinte días.

Una vez que estuvieron todos presentes, Moctezuma cedió a Cortés el privilegio de juzgar y condenar a aquel valiente capitán mexica, quien llegó acompañado de su hijo y quince de sus hombres de mayor confianza. Cortés le preguntó a Cuauhpopoca si era vasallo de Moctezuma, a lo que el capitán respondió:

“¿Pues hay otro señor de quien poderlo ser?”

Cortés replicó:

“Muy mayor es el rey de los españoles que vos matastes sobre seguro y a traición; y aquí lo pagaréis”.

El objetivo de Cortés era saber si los ataques habían sido ordenados por Moctezuma, pero la respuesta de los cautivos siempre fue negativa. Ante esto, Cortés ordenó colocar diecisiete postes para los sentenciados, en lo que hoy se conoce como la Plaza de la Constitución, y ordenó quemarlos vivos a fuego lento.

Entre los gritos de sufrimiento, Cuauhpopoca confesó que el ataque había sido ordenado por Moctezuma, tal vez en venganza contra este, por haber traicionado al único que se atrevió a enfrentar y derrotar a los españoles. A partir de aquí, la relación entre Moctezuma y Cortés comenzó a debilitarse.

Cortés mandó poner grilletes al tlatoani, y le dijo:

“Quien mata, merece que muera, según ley de Dios”.

Esta fue la primera acción directa de Cortés contra Moctezuma, con la que lo humilló públicamente, definiendo así el destino de la gran capital mexica.

Fuentes:
“La verdadera historia de la conquista de la Nueva España” de Bernal Díaz del Castillo.
“Historia de la conquista de México”, de López de Gómara.