Crédito: culturaargentina

1.

Hay por ahí o bien una foto tuya con la cara pintada con corcho quemado para hacer de esclavo en una obra, o bien una con un sombrero de granadero hecho de cartulina.

2.

Jamás de los jamases se te habría ocurrido mirar lo que había en la parte exterior e inferior de tu cajonera. Si tenías que agacharte a recoger algo debajo del banco, cerrabas los ojos para no descubrirlo. Ojos que no ven…

3.

Tus clases de educación física consistían en jugar a cualquier variedad de la mancha hasta más o menos cuarto grado y al handball o volley a partir de quinto.

4.

Las clases de Tecnología, en cambio, eran prácticamente una hora libre para charlar con tus amigos mientras hacías celulares de cajas de té.

5.

Todavía sos un experto en los mundos y niveles del elástico.

6.

Tres palabras: guerras de tiza.

7.

Tenés un trauma porque jamás te eligieron para abanderado ni escolta.

8.

O bien uno porque sí te eligieron y recordás que fue mucho menos emocionante de lo que te imaginabas.

9.

Que vinieran practicantes significaba dos palabras: recreo perpetuo.

10.

Y había una época del año en la primaria en la que ya se cansaban de enseñarte cosas y simplemente mandaban a todo el grado a ver una película. Cualquier película. Ni siquiera tenía que ser educativa.

11.

La palabra Sobresaliente escrita con tinta verde todavía te hace gritar de alegría regresivamente, lo mismo que la palabra
Insuficiente escrita con tinta roja es capaz de hacerte llorar.

12.

Fuiste de excursión a la fábrica de Fargo o a La Serenísima.

13.

Más de una vez te hicieron salir de clases por culpa de las amenazas de bomba.

14.

En las pruebas, elegías estratégicamente en dónde sentarte para que, dependiendo del profesor, te tocara el tema 1 o el tema 2. Claro que estaban esos profesores que hacían como cinco temas que, pasado el examen, dejaban confusos a todo el mundo que iba por ahí preguntando “¿Qué pusiste en la 1, 2, 3, 4…?”.

15.

Alguna vez hubo el rumor de que había huelga al día siguiente y pasaste toda la noche anterior tratando de averiguar si tenías que poner el despertador o no.

16.

Alguna vez conversaste con la persona que se sentaba en tu mismo banco en otro turno escribiendo sobre la madera con liquid paper.

17.

Y ya que hablamos del liquid paper, escribías con él en todas partes y lo usabas para toda clase de obras de arte.

18.

Alguna vez pusiste el cartucho de tinta de un marcador de color adentro de la voligoma para transformarla en una lámpara de lava.

19.

Te sabés de memoria todas las siguientes canciones patrias: La marcha de San Lorenzo, La marcha de las Malvinas, El himno a Sarmiento, El himno a San Martín, Mi bandera (erróneamente conocida como Aquí está la bandera idolatrada…), Aurora y, por supuestísimo, el himno nacional. La mejor era La marcha de San Lorenzo, por ser la menos abúlica y la más festiva. Y todas suenan en tu cabeza cantadas por decenas de voces de maestras, padres y niños.

20.

Nunca te aprendiste todas las provincias y sus capitales: siempre había una que se te olvidaba, a pesar de que tenías la carpeta infestada de mapas…

21.

Ya escritos. Porque mapas en blanco solo tenías cuando no eran necesarios. Y empezaba el coro de: ¿Alguien me presta un mapa? ¿Hoy tocaba mapa? ¿Había que traer mapa?

22.

También te sabés al menos cuatro versos del poema “Se mató un tomate”.

23.

En la primaria, la frase que repetías más –obviamente, después de ¿Cuánto falta para el recreo? –era Seño, ¿me puedo sacar el guardapolvo?

24.

Si eras chica, una de las canciones de la soga más común empezaba así: “Viuda, casada, soltera, enamorada…”.

25.

Tu vida parecía calcada de Caídos del mapa.

26.

En los recreos de primaria jugabas al poliladron o al fútbol o no eras nadie.

27.

Y te comías un alfajor, porque si llevabas merengadas, melbas, sonrisas, óperas, etc., terminabas convidando a todos hasta que te quedabas sin nada.

28.

Siempre se te rompía la escarapela que solías tener enganchada al guardapolvo.

29.

Alguna vez te pusieron al menos una nota en tu “cuaderno de comunicaciones”.

30.

Las clases empezaban con el saludo a la bandera y a la directora –que rarísima vez sería director –y terminaban de la misma forma. Te gustaba que te eligieran para izar la bandera porque te salvabas de la fila y el tiempo hasta la hora de irse se pasaba más rápido.

31.

Es probable que te volvieras a casa en una combi privada en la cual tenías tu círculo social, aventuras y rutina propias del ambiente.

32.

Cada dos por tres te quedabas sin clases por huelgas de docentes.

33.

Aprovechabas si tu mamá o tu papá venían a los actos para rogarles que cuando éste pasara te llevaran a casa.

34.

Comprabas cosas en la “feria del plato” y siempre le pedías a tu mamá que participara para tener comida gratis.

35.

Alguna vez, por hacerte el vivo con los cartuchos de tinta, se te explotó uno y armaste un enchastre de azul o negro.

36.

Te sabías de memoria la rutina de revisión médica para el natatorio. Cabeza primero, dedos de las manos después, dedos de los pies al final. Los últimos los mostrabas rápida y hábilmente para después arrepentirte de no haber retrasado más el momento de volver al aula.

37.

Odiabas los dictados si escribías lento. Pero si escribías rápido te daban sosiego, puesto que para hacerlos bien no tenías que pensar ni prestar atención.

38.

Alguna vez te robaron algo cuya pérdida todavía no superaste. Y seguís sabiendo a la perfección quién fue el culpable.

39.

En la secundaria, tuviste tus idas y venidas con el “centro de estudiantes” y es posible que hayas participado al menos en una “toma”.

40.

Y ya que hablamos de esos vagos del centro, vale aclarar que no eran nada vagos a la hora de pasar por las aulas e interrumpir las clases. Genial si era una clase que no te gustaba, pero un bajón si era en una que sí o en el medio de una prueba en la cual se te estaba acabando el tiempo.

41.

Tuviste al menos una mochila JanSport que te duró más que cualquier otra.

42.

Vos y todos tus compañeros se sabían de memoria el reglamento relacionado con las faltas de profesores para saber a qué hora podían rajarse sin ser sancionados.

43.

Te alegraban mucho las festividades judías aunque no lo fueras, porque faltaba una buena parte del grado/división y eso significaba menos trabajo para que los ausentes no se perdieran la clase.

44.

También te quedabas sin clases cada vez que había feriado por luto o recesos preventivos.

45.

Odiabas las filas insoportablemente largas que siempre había tanto para el bufete como para la fotocopiadora.

46.

Para vos, la palabra “machete” no significa “cuchillo” ni de lejos.

47.

Adorabas septiembre porque era el primer ítem de aquella maravillosa serie de acontecimientos mágicos anuales: primavera, el día del estudiante, vacaciones de primavera, Halloween y, por fin, la insuperable tríada de diciembre: fin de clases, Navidad y Año Nuevo.

48.

De viaje de egresados de primaria te fuiste a La Falda o a Carlos Paz y, de secundaria, a Bariloche (o directamente no fuiste. Otra cosa: es probable que te hayas preguntado adónde se iban de viaje de egresados los chicos que vivían en Córdoba o Río Negro).

49.

Lloraste al terminar la primaria y tener que despedirte de tus compañeros, aunque los odiaras… pero para graduarte de la secundaria ¡no podías esperar!