México cuenta con 16 denominaciones de origen, entre las que se cuentan ingredientes de la comida mexicana, bebidas y artesanías con reconocimiento mundial. La Secretaría de Economía define a la denominación de origen como “el nombre de un país, una región o un lugar determinado, que se utiliza para designar a un producto originario, cuyas cualidades y características se deben exclusivamente al medio geográfico, incluidos factores naturales como geografía, clima o materia prima, y factores humanos como mano de obra, arte, ingenio y tradición”. En la categoría de productos elaborados a mano por artesanos de todo el país, están el olinalá, el ámbar de Chiapas y, lo que hoy nos ocupa, la talavera.

La talavera está realizada a partir de la cerámica de mayólica (viene de la palabra italiana maiolica, una variación del latín Maiorĭca, Mallorca), que es el nombre que se da desde el Renacimiento a un tipo de decoración cerámica sobre loza estannífera (que contiene estaño), con un esmalte de plomo opacado que luego se decora con motivos diversos con óxidos.

Existen varias versiones sobre la llegada de la talavera a Puebla. Por un lado, se cree que fue introducida por los frailes del Convento de Santo Domingo, en 1526. Otra versión nos habla de un locero de apellido Encinas Gaytán, que emigró de España junto con su familia, vinculado con las principales familias productoras de azulejos y cerámica de Sevilla, Toledo, Talavera de la Reina (España) y de Génova (Italia).

Se estima que la talavera llegó a México hace casi cinco siglos y que, para 1580, Puebla producía talavera de alta calidad. Como toda mezcla de culturas, los mexicanos la adoptamos, añadiéndole un estilo propio.

Al principio, los loceros españoles produjeron cazuelas, jarros y cañerías para las ciudades principales en pleno proceso de construcción.

Los primeros artesanos del ramo no desaprovecharon el conocimiento prehispánico que tenían los indígenas en el manejo del barro y las incorporaron a sus talleres.

Para 1620, los talleres iniciales contaban ya con una o dos generaciones de maestros mexicanos del oficio y habían creado ya un estilo propio. Buscaban superar los estilos traídos del viejo mundo y añadieron el color azul cobalto abultado a su loza. Lograron crear nuevas texturas e intrincados diseños barrocos.

La talavera dejó de ser burda y los loceros más especializados eran buscados para diseñar y crear objetos utilitarios, pero con un acabado delicado y muy bello.

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La talavera era utilizada no solo para sustituir las vajillas carísimas y difíciles de traer desde España e Italia, sino que también se usó en azulejos para fachadas e interiores de las casas y sus cocinas, en altares de iglesias y fuentes de los conventos.

La talavera mexicana se distingue por el uso de colores como el azul cobalto, el amarillo, el verde, el terracota, el negro y el anaranjado, utilizando dibujos de flores, animales y todo tipo de figuras creadas con ingenio y creatividad.

Además, contiene en la parte inferior de la pieza, un color rosa o terracota con un grabado con el logo del taller en el que se fabricó, las iniciales de quien lo elaboró y el lugar donde se produjo.

En las últimas décadas, el interés por comprar artesanía mexicana de buena calidad no se ha quedado solo en las pequeñas compras realizadas por los turistas extranjeros. Hay empresas nacionales que han encontrado nichos de oportunidad en el mercado mundial, gracias al Internet, participando en ferias y exposiciones, y con la presentación de sus piezas originales en museos nacionales e internacionales.

En 2011, la fábrica de talavera Ansar fue la encargada de realizar las figuras de un nacimiento monumental que adornó ese año el Vaticano con motivo de las fiestas decembrinas. Desde entonces, una réplica ha sido exhibida en el palacio municipal y en la catedral de Puebla, año con año.

El 17 de marzo de 1995 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la resolución mediante la cual se otorgó protección a la Denominación de Origen Talavera de Puebla. Posteriormente, el 11 de septiembre de 1997, se publicó una modificación a la mencionada Declaración General de Protección, para quedar simplemente como Talavera. Su denominación de origen ampara la cerámica artesanal que se fabrica por tradición en la región que comprende el municipio de San Pablo del Monte, al sur del Estado de Tlaxcala, los distritos Judiciales de Atlixco, Puebla, Cholula y Tecali de Herrera, del estado de Puebla.

Existe un Consejo Regulador de la Talavera A.C, cuyo objetivo es preservar la elaboración de la Talavera como un bien patrimonial de Puebla, tal como lo trajeron los españoles durante la conquista y que fue enriquecido localmente por la tradición alfarera con que siempre ha contado el pueblo mexicano. En la misma se recomienda lo que debemos solicitar al vendedor a la hora de comprarla: el certificado vigente, holograma y la denominación de origen DO4.

En febrero de 2019, España y México presentaron una candidatura conjunta ante la UNESCO para que la talavera forme parte de la lista del patrimonio mundial y lograr la declaratoria en 2020.

Cuando vengas a Puebla, encontrarás talavera en todos lados: en sus museos, en los muros de sus edificios y casas coloniales, e incluso en la Fuente de la china poblana, que fue construida en 1971, la cual mide tres metros de altura sobre una base de 30 metros de diámetro.

No olvides visitar el Museo Internacional del Barroco, donde hay bellos ejemplares de la época virreinal, y el Museo de Talavera Celia, que ofrece incluso talleres y cursos para todo público.