Las costas mexicanas son guardianas de magníficas embarcaciones y tesoros hundidos desde la época virreinal. En México, la arqueología subacuática se practica principalmente en el Golfo de México, las penínsulas de Yucatán y Baja California y en los lagos del volcán Nevado de Toluca.

En tierra, los expertos apoyan sus investigaciones en publicaciones como el Archivo General de Indias, creado por el rey español Carlos III (siglo XVIII), que centralizaba los datos y la documentación concernientes a la administración de las colonias españolas, donde eran incluidos los barcos perdidos.

Helena Barba, arqueóloga subacuática del INAH, es la responsable del área de Arqueología Subacuática de la península de Yucatán, quien en 10 años de trabajo y junto a su equipo, ha encontrado y catalogado un total de 338 navíos de entre los siglos XVI y XXI.

Uno de sus últimos hallazgos fue el buque británico HMS Forth, que se hundió hace 164 años frente a las costas de la Península de Yucatán, en el Arrecife Alacranes (foto), considerado por los navegantes como aterrador. Su mala fama viene por la complejidad de su red de corales, bancos de arena y pequeñas islas, que hace muy peligrosa la navegación.

A finales del siglo XVI, el Galeón de Manila San Felipe formaba parte una flota que, por casi tres siglos, transportó mercancías entre uniendo a Europa, Asia y América. El puerto de llegada era principalmente Acapulco. Hace unas dos décadas, en las costas de Baja California, pescadores y turistas comenzaron a hallar muchos restos de antiguos objetos asiáticos, que llegaron allí debido a los vientos y las mareas.

El INAH desarrolló y coordinó entonces un proyecto de investigación, que culminó con la exposición “Tesoros de un galeón perdido” (2016), en la que se pudieron contemplar muchos de los objetos recuperados, casi todos provenientes de Asia. La hipótesis de los investigadores fue que los objetos pertenecían al Galeón de Manila San Felipe.

En 2014, México y España anunciaron que van a colaborar para rescatar el legendario galeón Juncal, hundido en 1631, que llevaba un formidable cargamento de oro y plata. Este fue uno de los tantos barcos de la época colonial que se hundieron frente a costas mexicanas. El navío partió del puerto de Veracruz con rumbo a Cádiz.

La embarcación era considerada la almiranta de la flota y su carga se componía de maderas preciosas, sedas, porcelanas y especias, oro, plata y esmeraldas, con un monto prácticamente incalculable en la actualidad. El entonces virrey de la Nueva España, el Marqués de Cerralbo, dijo entonces que era el mayor cargamento salido del Nuevo Mundo.

El 14 de octubre de 1631 naufragó debido a los fuertes vientos del norte que se convirtieron en tormenta, arrojándolo a costas campechanas, seguramente debido a una combinación de las condiciones climáticas y al exceso de carga de la embarcación. En esa zona hay ricos yacimientos petrolíferos conocida como la Sonda de Campeche.

En años recientes, se dio la noticia del descubrimiento de varios navíos hundidos en el Arrecife Bajo Hornos, justo frente a Veracruz. Al igual que el Arrecife Alacranes, aquí hay una peligrosa franja de corales (unos 500 metros de ancho), que limita la entrada de embarcaciones al puerto.

Algunos de estos barcos ya habían sido documentados por las autoridades portuarias desde siglos anteriores, como el barco “Castilla”, que naufragó en 1771; una goleta americana hundida en 1779; una fragata inglesa que se hundió en 1901 y dos naves de procedencia desconocida que zozobraron en 1911. Entre los elementos recuperados, se encuentran porcelanas inglesas de los siglos XVIII y XIX, incluso botellas de Coñac y Medoc, que llegaban a Veracruz desde Burdeos, Francia.

En febrero de 2019 se anunció la creación del “Proyecto de arqueología en la Villa Rica. Tras los pasos de Del Paso y Troncoso y los barcos hundidos de Cortes». Recordemos que Cortés llegó a las costas del nuevo mundo con una flota de diez naves, las que hundió en el mar.

Crédito: @jonathankingston y @albertosotov

La inspiración la encontraron en la expedición realizada en 1891 por el historiador mexicano Francisco Del Paso y Troncoso a Cempoala (zona arqueológica del estado de Veracruz), para buscar los barcos de Cortés.

El grupo de expertos está conformado por arqueólogos subacuáticos mexicanos y estadounidenses. El estudio de las mareas y los vientos documentados a través de unos cuatros siglos, así como las excavaciones bajo el agua, hacen suponer que los restos de los barcos pueden estar cubiertos por varios metros de sedimento.

El trabajo de los especialistas en arqueología subacuática es fascinante, pero no desde el punto de vista romántico que las compañías cinematográficas nos han vendido. La función de los arqueólogos subacuáticos, es estudiar in situ las piezas, sin sacarlas del mar, salvo en tres excepciones: A) que sea imprescindible para la investigación, B) que esté en peligro de saqueo o C) que su estado de conservación sea tan grave que no se pueda preservar a futuro quedándose en el agua.

El INAH, como parte de sus actividades sustantivas, tiene muy claro que «el patrimonio cultural sumergido pertenece a la categoría de los bienes objeto de estudio, custodia, conservación y difusión, que en sí mismos son inalienables e imprescriptibles y no susceptibles de comercialización».

Por esa razón el gobierno mexicano no permite el rescate de los tesoros sumergidos en su territorio marítimo por personas que no sean contratadas por el Estado. Los llamados cazatesoros han intentado sin éxito negociar para rescatar galeones hundidos (lo cual no quiere decir que no lo hayan intentado ya, al margen de la ley, vendiendo las piezas rescatadas en el mercado negro), pero debido a las leyes mexicanas esto no es posible.

Si andas por Campeche, no te puedes perder el Museo de Arqueología Subacuática Fuerte de San José el Alto, inaugurado en 2017 y el primero de su tipo en América Latina. Cuenta con una gran colección inédita de objetos procedentes de contextos arqueológicos sumergidos en el Golfo de México y el Caribe Mexicano, de ríos, lagos, lagunas, manantiales, arroyos, cenotes y hasta cuevas inundadas.