LA RAMA

La rama es una tradición navideña que tiene lugar durante las fechas de las posadas, del 16 al 24 de diciembre. Se trata de una procesión en la que los participantes portan una vara o rama frondosa decorada festivamente con faroles de papel y velitas, cáscaras de naranja, cadenas de papel de colores y figuras religiosa de la Virgen María y del niño Jesús. Luego visitan las casas pidiendo cooperación, ya sea en dinero, dulces o fruta.

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En la zona rural del Sotavento veracruzano, los indígenas celebraban una festividad que coincidía con las fiestas de diciembre en la que llevaban una rama llamada versúchil que simbolizaba la renovación de la naturaleza. Al fundirse las culturas indígenas, españoles y afrocubanos, surgió esta tradición.

No solo se llevan guitarras, sino panderetas, claves y sonajas. Se pueden cantar las décimas tradicionales o, si se cuenta con un buen decimero entre los integrantes del grupo, se pueden ir inventando décimas para cada casa en particular, habiendo incluso algunas un poco léperas, para el caso de aquellas casas donde no son bien recibidos o no les dan el llamado aguinaldo…

La rama se canta de noche, los cuates y las familias se ponen de acuerdo y visitan las casas cercanas hasta llegar a la que ha sido elegida para improvisar una fiesta, en la que hay dulces típicos y piñatas; generalmente, si se le avisaba al anfitrión, podía degustar buñuelos, tamalitos, atole o ponche.


La tradición de la rama persiste y resiste. Ya no se arman aquellas fiestas improvisadas que terminaban en grandes huapangueadas, pero gracias a que se ha extendido a otros municipios, a lo largo y ancho del estado, mientras la décima no muera y las ganas de los veracruzanos de hacer una pachanga por cualquier cosa exista… ¡seguro resistirá por lo menos otro siglo!

EL NIÑO PERDIDO

Se cuenta en el Evangelio de Lucas que, cuando Jesús tenía 12 años, se perdió en Jerusalén durante las fiestas de la Pascua. Después de buscarlo por tres días, lo hallaron finalmente en el Templo y el resto ya es historia. Fue en el siglo XVIII que el fraile Junípero de Serra comenzó a usar esta historia para su labor de evangelización en el norte de Veracruz. La tradición continuó hasta nuestros días. El Puerto de Tuxpan es uno de los lugares donde se celebra esta fiesta con mayor fervor.

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El día siete de diciembre, justo a las siete de la noche, suena un silbato que le anuncia a la población el inicio del evento. Las calles quedan a oscuras, sin más iluminación que la de las velas y veladoras colocadas por las familias, que señalan el camino desde la entrada del pueblo hasta su iglesia. Esta luz le servirá para que el niño Jesús no tenga miedo y no se sienta solo, ya que todos lo acompañan para que encuentre el camino y pueda reunirse con sus padres.

En los municipios de Poza Rica y Papantla los niños de preescolar desfilan con carritos iluminados tirados por un cordón, mientras que los adultos los acompañan portando faroles hechos de papel de seda o china.

En Xalapa se hacen ofrendas en una escultura que se encuentra en el callejón llamado El niño perdido.

EL VIEJO

Despedir al año viejo que termina es una de las tradiciones más esperadas en Veracruz. Cuenta la leyenda que ésta tradición surgió en el Puerto de Veracruz, hacia finales del año de 1875, a raíz de una protesta social dirigida por M.A. Bovril, quien con un grupo de jornaleros de los muelles se dedicó a molestar a familias adineradas mientras celebraban la Nochebuena. Esto ocurrió en el entonces llamado patio Panamericano (hoy la calle de Hidalgo, entre Arista y Aquiles Serdán)

Acompañaron su protesta con latas, cencerros y tapaderas de peltre, lo cual hizo que el buen Bovril fuera detenido y multado por la policía con doce pesos, de aquellos que sí pesaban. Eran personas de escaso salario, quienes no recibían beneficios de seguridad social o despensa y solo recibían en las pascuas un raquítico aguinaldo y a veces eran obsequiados altruistamente con ropa vieja.
Para fin de ese mismo año el aguerrido Bovril repitió la hazaña de salir a la calle, acompañado de más jornaleros, siendo en su mayoría jarochos y mulatos y algunos cubanos, unidos y convencidos de lo justo de su petición, yendo a manifestarse frente a las casonas de sus patrones, quienes atemorizados por lo impropio de un escándalo debido a una huelga laboral, les dieron licor y alimento. Cada año aumentaba el número de jornaleros que se reunían para lograr de los patrones algún beneficio a manera de aguinaldo más sustancioso. La cuadrilla de trabajadores recorría además, los principales comercios de la ciudad y surgió la tradición.
En la actualidad, desde el día 29 de diciembre y hasta la noche del 31 se juntan un grupo de hombres, formando una comparsa que baila y hecha relajo por toda la ciudad, especialmente los mercados y el área de los Portales. Van pidiendo aguinaldo para el viejo, que sirve para después comprar cerveza, botana o licor.
Uno de ellos se caracteriza del viejo, representando así al año que termina, con barba blanca postiza, ropa raída y un palo a manera de bastón. Otro se caracteriza como un bebé, con pañales y una banda con el número del año que está por comenzar. Algunas de estas comparsas llevan un grupo de “lloronas” o viudas, que son hombres jóvenes vestidos de mujer en forma chusca, con globos en el pecho y en el trasero, que se dedican a bailar y a “llorarle” a su anciano marido, que está ” por estirar la pata o colgar los tenis”.
En muchas casas hacen una figura de trapo con forma humana, representando “al viejo”, que rellenan de cohetes y pólvora y que la mayor parte del día 31 se tiene sentado en el frente de la casa para que, justo a la media noche, se le prenda fuego. Para quien no guste de usar fuegos pirotécnicos, puede comprar una piñata con esa figura y meter en ella dulces, frutas y hasta monedas de chocolate, que representan la prosperidad que se espera para el año siguiente.

RECIBIR EL AÑO NUEVO EN EL BOULEVARD

El boulevard Manuel Ávila Camacho que se extiende desde Veracruz hasta Boca del Río y es la barra más grande del mundo, ya que ahí, toda la muchachada y también los “foreveryoung”, se reúnen después de las cenas, la engullida a todo galope de las 12 uvas que representan los 12 propósitos para el año venidero y el tradicional abrazo, esto en punto de las doce de la noche, en casa de la familia y amigos.
Para este gran festejo que no requiere ir vestidos de etiqueta ni de boletos VIP, se llega en el transcurso de la madrugada a bailar y beber, escuchando todo tipo de géneros musicales, durante toda la velada, a la espera de los primeros rayos del sol del primero de enero. Todos juntos, veracruzanos y turistas, entonamos el Himno a la alegría y, de ahí, pues al famoso recalentado. ¡Y a seguir la pachanga!