Al este del Estado de Oaxaca, en la parte más angosta de México entre los océanos Atlántico y Pacífico, se encuentra el Istmo de Tehuantepec, una región conocida en el mundo por la riqueza de su cultura y de sus tradiciones. Su origen es zapoteco, aunque su nombre es náhuatl y significa cerro del jaguar (tecuani es jaguar y tépetl, cerro). Es una de las regiones con mayor presencia indígena del país. En ella conviven las etnias huaves, zapotecos y zoques.

Los istmeños son reconocidos por ser trabajadores, alegres y muy fiesteros. Aquí te cuento sobre las tradiciones de esta parte del mundo que más me han cautivado, espero que puedas hacer un viaje pronto para experimentarlas por ti mismo.

 

1. La vela muxe

Se denomina muxe (‘mushe’) al género que define a una persona nacida con sexo genital masculino que asume roles femeninos en cualquiera de los ámbitos social, sexual o personal. En una familia tradicional, el muxe todavía suele ser considerado por su madre como «el mejor de sus hijos​» ya que nunca abandona a los padres en los momentos difíciles de la vida: la vejez y las enfermedades. lncluso es posible que, al morir los padres, asuman el rol de autoridad moral, como elemento unificador de la familia. Aquí puedes leer todo sobre las muxes de Juchitán.

En Juchitán tiene lugar la celebración de la famosa vela de “Las auténticas intrépidas buscadoras del peligro”, o vela muxe, que se lleva a cabo en el mes de noviembre. En esta vela existen todos los elementos de una vela (la calenda, la misa y el baile, y también se eligen reinas y capitanas).

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2. El mediu xhiga

En toda boda istmeña que se precie de ser tradicional no puede faltar este ritual cuyo origen proviene de la composición de las palabras “mediu”, que significa valor de la moneda real, y “xhiga”, que en zapoteco significa jícara.

Al ritmo de la música tradicional, los novios reciben “la cooperación” de sus invitados. Ubicados en el centro de la fiesta y sentados con la tradicional jícara istmeña o jicalpextle, los invitados depositan dinero y, a cambio, a cada donador se le obsequia un cántaro de barro negro, decorado con flores de colores vibrantes.

Cuando terminan de bailar el son “Mediu xhiga” se rompen todos los cántaros contra el piso, lo que traerá bendiciones y abundancia para los recién casados.

 

3. La comida tradicional istmeña

Si de comida se trata, los istmeños se pintan solos. Las mujeres son excelentes panaderas que aún usan los hornos tradicionales de adobe y madera para hacer pan de maíz molido, endulzado con piloncillo o panela, dándole forma de rosca. También hacen dulces de coco, de calabaza (guitu), de chilacayote (guitu shembe), biznagas de limón (hriga limón) y unos riquísimos muéganos.

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¡A mí me encantan las regañadas y las estorrejas!

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No hay desayuno o comida del Istmo sin el tradicional totopo. Se elabora desde hace muchas generaciones en el pueblo de Santa María Xadani, pero también los hacen ya en Juchitán, Tehuantepec y otros pueblos cercanos. Es una tortilla de maíz, redonda, de diferentes tamaños, cocida y tostada en comal. El totopo se aplana con las manos, de ahí viene el término “echar tortillas”.

Crédito: Emilio Morales Pacheco

 

4. El vestuario de las mujeres istmeñas

Las mujeres Istmeñas son verdaderas artistas al momento de lucir sus trajes; cada uno, ya sea que lo confeccionen o lo compren, tiene el toque de su personalidad, con tal policromía en colores y variedad de estilos, que dan la sensación de ser únicos e irrepetibles.

En el Istmo la vestimenta no señala la división de las clases sociales, pues todas las mujeres se visten con el detalle y esmero. Hay trajes para las labores diarias así como trajes de gala y media gala. Las novias, por ejemplo, lo usan en color blanco; aquellas mujeres que están de luto, el vestido es negro con algunos toques en blanco. Los trajes para el día a día, suele ser de popelina y el bordado realizado a máquina.

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El resplandor que hizo famoso Frida Kahlo sólo se utiliza para ir a la Iglesia. Esta prenda es una especie de blusa cuyo cuello es el resplandor, donde las mangas se colocan una en el pecho y la otra en la espalda, dejando sólo la cara de la mujer al descubierto.

El trenzado del cabello puede ser muy elaborado, con grandes cintas de colores y flores naturales o artificiales; el atuendo se complementa con los collares, también llamados ahogadores. Estos pueden ser de oro puro de diferentes kilatajes o de fantasía, y hay personas que llevan de dos a tres collares, un semanario (siete pulseras de oro), aretes grandes colgantes, anillos y hasta pulseras en el tobillo. Los hombres deben de acudir con pantalón y calzado negro, y guayabera de manga larga.

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5. La mayordomía

En algunos pueblos y con mucha anticipación, se nombra un comité de festejos populares que se encarga de preparar fiestas profano/religiosas cada vez más elaboradas y grandiosas que las anteriores. Los mayordomos suelen ser un matrimonio o un comité de vecinos que se presentan a solicitar ante el comité anterior la nueva mayordomía.

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Por lo general son personas que, por manda o promesa ofrecida al santo patrono de la población, quieren hacer la fiesta como pago de la misma y se comprometen a efectuar todos los gastos que origina. Aunque claro que el resto del pueblo coopera gustosamente con las tareas. Aunque te resulte difícil creerlo, a veces hay lista de espera de años para lograr ser mayordomo.

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6. La labrada de cera

Meses antes al día de la vela se realiza este agasajo en la casa de los mayordomos para formar los cirios que se ocuparán en la misa y la procesión. Se honra a los labradores con tamales y una bebida de origen prehispánico a base de cacao llamada bupu.

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7. La molida del polvo

Se desarrolla unos días antes del inicio del festejo, para tener todo listo para preparar tamales, mole, chocolate y panes que servirán como «xinda» u ofrenda para la comunidad que acude a dar su «tequio» o trabajo grupal y su contribución en especie, como chocolate, harina, huevos o azúcar. Estas ofrendas se repartirán durante los preparativos de la fiesta y para las personas que asistan a la misa el día principal o «lanii».

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8. La calenda

Es considerada el anuncio a los cuatro vientos del inicio de la fiesta y una invitación abierta para unirse. Se ve a casi todo el pueblo desfilando acompañado por los sonidos ancestrales del tambor y la chirimía.

Crédito: eduardorobles

El estruendo de los cuetes silbadores y cohetones lanzados por expertos coheteros anuncia la cercanía de la procesión. El contingente puede hacer paradas en algunas casas, donde se rezan oraciones y se ofrece a los integrantes chocolate, agua de frutas, piezas de pan y hasta tamalitos. Las mujeres visten sus trajes tradicionales y obsequian collares de flores. ¡Observen el ritmo de estas mujeres!

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9. Las tradicionales velas

Originalmente, las velas fueron celebraciones de corte religioso en las que la mayoría de la población pasaba la noche velando al santo patrón del pueblo, como una muestra de su fe y lealtad. Hoy en día aún con claras reminiscencias de la celebración religiosa, las festividades sirven para fortalecer los vínculos entre las familias que ejercen la mayordomía y los habitantes del poblado.

Estos festejos suelen durar entre 3 y 4 días. Inician con la calenda, luego con una misa en honor de su santo patrono, y continúan por la noche con una gran fiesta en la que la gente convive, baila, comparte la comida o botana y realiza el cambio de mayordomía. Al día siguiente, continúan con el recalentado, y siguen realizándose preparativos para los demás festejos.

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El baile de gala de la vela se inicia con música de viento amenizando los tradicionales sones del istmo oaxaqueño, continuando con música popular; después de la medianoche se hace la entrega por los mayordomos salientes a los «mayordomos entrantes, quienes al término de la ceremonia bailan al ritmo de «La Paloma», melodía tradicional propia de la ocasión; y al filo de la madrugada se escuchan las notas del son «Lucero de la mañana» para anunciar el fin de la fiesta.

Las velas más tradicionales se celebran en el mes de mayo en Juchitán: San Vicente Goola’ (grande), San Vicente Huinii’ (chico), Vela San Isidro, Vela Biadxi, Vela Angélica Pipi, Vela Cheguigo’ (detrás del río).

 

10. La regada

Llamada también convite durante las fiestas de la vela, esta es una tradición muy esperada por habitantes de la comunidad, ya que es un desfile donde los organizadores salían antiguamente a las calles en carretas tiradas por un buey o caballos, muy adornadas con flores naturales o de papel. Actualmente, es común ver carros alegóricos, como si fuera un pequeño carnaval, y además va presidido por la reina del baile y las amigas, todas con sus mejores trajes de gala. Avientan flores, frutas, jarritos, juguetes y dulces para los niños y hasta utensilios de cocina, como recuerdos de la fecha.

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Todas las mujeres que acompañan a la reina y a la capitana recibieron meses atrás la invitación, cuando les fueron llevados regalos como torta de pan de manteca, marquesotes y chocolate. Recibir estos obsequios obliga moralmente a estrenar trajes, ensayar bailes tradicionales y acompañar en todo el recorrido que se hace por las principales calles de la población portando velas y flores, así como jicalpextles o jícaras pintadas a mano en los cuales llevan frutas y juguetes, globos banderitas de papel o de tela, que obsequian en el trayecto a los visitantes y sus amistades.

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11. La botana

Es una serie de platillos que se van sirviendo durante todo el festejo de diversas preparaciones como chile relleno, cacahuates, taquitos dorados, molotes, camarón con pico de gallo, pescado baldado, quesillo, entre otros. Estos platillos son preparados por las esposas de los mayordomos y su comité. Generalmente, las mujeres del pueblo acuden gustosas a ayudar en su preparación, ya que además es una forma de ponerse al día en cuanto a las noticias más relevantes de la comunidad. Las mujeres de mayor edad, son las que dan el visto bueno a la sazón de los alimentos.

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12. La limosna

Aunque el mayordomo ahorrara por meses, no habría dinero que alcanzara para pagar estas fiestas multitudinarias que duran varios días. La limosna es, entonces, la cooperación voluntaria que aporta la gente que quiere colaborar. No importa cuál sea el monto, todos dan el presente. Piensen que son fiestas en las que pueden haber hasta 4000 invitados y en los que se han llegado a contabilizar hasta 96,000 botellas de cerveza consumidas en los días que dura el festejo.

 

13. La lavada de olla

Es el último día de los festejos. Es una convivencia, ya sin tanta formalidad, donde pueden participar quienes no pudieran asistir a los bailes principales, asimismo amigos más cercanos y familiares.

Originalmente se trataba de una forma de participación comunitaria para lavar ollas, trastos y demás enseres empleados en la fiesta, de ahí su nombre. Actualmente se han dejado aquellas tareas para el día siguiente que se le denomina recalentado, donde de todas formas se continúa con el brindis. 

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