No cabe duda que la Historia, tal como la conocemos, puede cambiar de un momento a otro por los descubrimientos que acontecen día con día. Hoy, por ejemplo, no tenemos gran información sobre los tlatohque (tlatoani en plural), debido a la quema de códices por parte de los españoles y únicamente contamos con los testimonios de quiénes estuvieron frente a ellos, ¿pero qué pasaría si en algún momento se descubriera alguno de sus entierros? Vaya que podrían contener información muy valiosa.

Justamente en días pasados se han encontrado unas ofrendas de 500 años de antigüedad en las escalinatas del Huey-Teocali (Templo Mayor). Tal es la magnitud del hallazgo que ha sido calificado como “el más tentador del momento” pues presumiblemente podría guiar a los investigadores a la tumba del gran tlatoani Ahuizotl.

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Ahuizotl, un héroe casi mítico

Hablar de Ahuizotl es como hablar del emperador romano Marco Aurelio. Ahuizotl se caracterizó por su gran visión como estratega militar, conquistando nuevos territorios y expandiendo las fronteras del imperio mexica, el “Excan Tlatoloyan” (imperio de las tres cabezas), hasta el sur del actual estado de Chiapas, lo que llevó a Tenochtitlan a su época de mayor auge.

Fue nieto de Moctezuma Ilhuicamina y padre de Cuauhtémoc, destacó por ser un admirable diplomático y un reputado economista que supo abrir las vías de comercio desde el centro de México hasta Guatemala y por si fuera poco, nunca dudó en ir al frente de todas sus batallas.

Impresionante, ¿no?

Tras la tumba del más grande emperador mexica

Corría el año 2006 y un grupo de arqueólogos del INAH realizaban una serie de excavaciones en el Centro Histórico de la Ciudad de México, cuando se encontraron con una enorme loza que parecía cubrir alguna cámara secreta.

Los ánimos se encendieron y todo parecía indicar que el hallazgo soñado estaba por suceder: todo indicaba que se trataba de la tumba de Ahuizotl.

Sin embargo, la evolución de las excavaciones reveló que se trataba de un descubrimiento no menos importante: un colosal monolito de 4.17 por 3.62 metros, de 40 centímetros de espesor y un peso de 12 toneladas que representaba a Tlaltecuhtli, la deidad de la tierra, símbolo de la renovación y el sacrificio.

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El hallazgo fue impresionante, pues la última escultura de dimensiones similares había sido el monolito de Coyolxauhqui, hermana de Huitzilopochtli y representación de la luna, encontrada 28 años antes igualmente en el corazón de la ciudad.

En aquella ocasión, las excavaciones proporcionaron la localización de varias ofrendas que dieron a la arqueología nuevas motivaciones, así como también luz para la comprensión del mundo mexica.

Pero el sueño de encontrar la tumba del Tlatoani no se esfumó y la búsqueda sigue en pie.

A un paso del hallazgo del siglo

En días recientes, el INAH informó de uno de los descubrimientos en el Templo Mayor, en la ciudad de México, que es uno de los vestigios arqueológicos más ricos de los últimos años por la cantidad, calidad y tipo de objetos que se encontraron en el sitio.

Se trata de un jaguar ricamente ataviado como un guerrero, un niño pequeño ataviado como Huitzilopochtli y un juego de cuchillos de piedras preciosas.

Dichas ofrendas fueron depositadas hace cinco siglos en una plataforma circular ubicada frente al Templo Mayor y hasta ahora solo se ha analizado el diez por ciento del contenido de la caja en que se encontró al jaguar ataviado que lleva una lanza y un disco de madera en su espalda, ambos emblemas de Huitzilopochtli. Así mismo estaba acompañado de ofrendas acuáticas como conchas de mar, estrellas y coral.

También se encontró un ibis espatulado, que es un ave de la familia de los flamencos, el cual era un símbolo del espíritu de los gobernantes, lo que causa mucha expectativa.

Al lado de la caja del jaguar también se identificó una caja pequeña de piedra que contiene barras de copal aunque aún no se ha logrado determinar su simbolismo.

Este es un descubrimiento reciente que esperamos arroje nuevos datos sobre la cosmovisión del mundo nahua, así como de su estilo de vida y, por qué no, nos hace soñar con la tumba del más grande de los tlatohque mexica. Representaría un hallazgo de grandes proporciones no sólo para México sino para la historia del mundo entero.

Fuentes:
Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Revista Arqueología Mexicana.