Empezaré por admitir que el título de este artículo es una provocación. No necesariamente creo que primero, en orden cronológico, hay que recorrer TODO el país en el que uno nació y luego salir a conocer otros. Sí creo, sin embargo, en la importancia de darse el tiempo para conocer lugares en el país propio, así como en la relevancia ambiental de viajar lento y viajar de la forma más sustentable posible (que implica evitar los vuelos transatlánticos). Hecha la provocación y la aclaración, ahora sí me meto en los argumentos.

Tuve la suerte de crecer con una familia que me llevó a viajar por mi propio país, Argentina. Con los ahorros anuales que mis padres llegaban a tener, y no habiendo podido viajar cuando ellos eran niños, se aseguraron de llevarnos a mi hermana y a mi a algunos de los lugares más lindos de mi país. De adulta, pude seguir viajando por distintas provincias argentinas, así como conocer algunos destinos de América Latina y España. Cada país hispanohablante tiene una diversidad interna maravillosa, y por eso escribo este texto: porque tanto mis colegas viajeros como yo hemos comprobado que hay mucha magia en explorar la geografía propia antes de lanzarse a recorrer el afuera. Y además de magia, hay razones bien sesudas.

Crédito: Echo Grid

1. Ahorrarás en aéreos.

¿1000 dólares en un aéreo? Te desafío a que hagas una búsqueda rápida y descubras todo lo que se puede hacer en tu propio país por 1000 dólares. Puntos extra si encuentras un alojamiento ecológico y actividades ambientalmente amigables que además no son tan conocidas por el turismo convencional.

2. Aún más importante, le ahorrarás emisiones de gases de efecto invernadero al planeta.

Viaja lento, en bici, en tren, en bus, o en autos compartidos… y dale tiempo a los inventores. Ya llegarán los aviones propulsados por energías limpias 😉

Además, hablando un poco más «en serio», mira este gráfico sobre el peso relativo de ciertas decisiones medido en toneladas de dióxido de carbono por persona por año:



Según este estudio, evitar los vuelos transatlánticos es una de las decisiones personales que más ayudan a evitar el cambio climático. Eso, y tener un hijo menos, llevar una dieta vegetariana y no poseer automóvil.

3. Podrás quitarte la venda de los ojos y verás que no todo tu país es como tu barrio.

Encontrarás diversidad en la gastronomía, en los ecosistemas y paisajes, en la forma de ver el mundo, y en la historia. Probablemente también encuentres diversidad en las facciones y rasgos étnicos, así como en los estilos de vida.
Como dice mi amigo y escritor Rulo Luna, «el contraste cultural más cercano puede ser más comprensible y a la vez más impresionante». Cuando las cosas nos resultan claramente ajenas -en un viaje a la India o a Japón, por ejemplo-, la cultura del otro puede volverse más una curiosidad que algo con lo que uno se puede identificar, reconocerse, reflejarse o espejarse. Es muy interesante ver qué nos sucede cuando un compatriota nos interpela y nos muestra lo igual y lo diferente al mismo tiempo. ¿No crees?

4. De paso, desmitificarás un montón de cosas que te enseñaron en la escuela y creías que eran la pura verdad.

Lo de «fake news» no es un invento reciente. Ve y revisa un manual de la escuela primaria, y lo comprobarás.

5. Conocerás a extranjeros que están apreciando tu país, y a través de sus ojos, apreciarás aún más a tu tierra.

6. No pasarás vergüenza en el futuro cuando sí estés en el extranjero y te pregunten por información turística de tu país de origen.

7. Comprenderás que para ser un ciudadano informado del mundo primero hay que empezar por casa.

Podrás entender mejor la política nacional una vez que hayas visto por ti mismo los dilemas del desarrollo, las zonas vulnerables, los efectos del cambio climático, y las diferentes situaciones que enfrentan tus compatriotas día a día.

8. ¡Evitarás el jetlag!

No subestimes al jetlag. Especialmente en viajes cortos (de dos semanas o menos), realmente te puede hacer perder tiempo valioso de vacaciones.

9. Te sentirás a la vez cómodo y relajado, fuera de la rutina.

Mismo idioma o similar, misma zona horaria, sistemas de transportes comprensibles… y al mismo tiempo, estarás en modo «viaje», disfrutando de las pequeñas cosas, viviendo la vida con más pausa y atreviéndote a la aventura. ¡Lo mejor de dos mundos!

Crédito: rawpixel