Crédito: Hendrik Terbeck

Sabes que ir de compras va a reforzar tu autoestima.

Basta con que te des una vuelta por tu tianguis más cercano, donde todos te van a tratar de güerito, güerita, reina, campeón, chula y linda, sin importarles la cara de muerto viviente que te cargas después de la desvelada de anoche.

 

No puedes irte sin preguntar “¿Cuánto es lo menos?”.

Los mexicanos practicamos el fino arte del regateo, técnica milenaria de negocios que, cuando resulta exitosa, puede traernos beneficios considerables. Si eres neófito en está práctica, utiliza cualquiera de estas dos estrategias:

*Dile a un acompañante: “En el puesto de allá costaba (lo que quieras pagar)”. Acto seguido, sal del puesto con paso decidido.

*Dile al vendedor: “No traigo más que (lo que quieras pagar), gracias”. Nuevamente, sal del puesto con paso decidido.

¡Aplícalas al pie de la letra y regocíjate con los resultados! ¡Nunca fallan!

 

Sabes que “Hoy no se fía, pero mañana sí”.

¿Será que de verdad la gente se la pasa pidiendo que le fíen? El dichoso letrerito de “Hoy no se fía debe ser el pedacito de plástico más vendido de todo México. ¡Que no se confunda la amistad con el negocio!

 

Moderas tus gastos…al final de la quincena.

Si administráramos nuestro dinero a diario como lo hacemos esos últimos días de la quincena ¡todos seríamos millonarios! El clásico “tengo doscientos pesos para llegar al viernes” empieza a escucharse por la oficina desde el propio lunes. Esta frase, dependiendo de la entonación y el lenguaje corporal, puede ser interpretada como una amarga queja, una confesión sincera o una triste súplica.

 

Estás acostumbrado a que tus compras vengan a ti.

¿Por qué molestarse en ir al súper o al mercado si los martes se pone el tianguis de atrás de tu casa? La bonita tradición del tianguis, además de cómoda, generalmente viene acompañada de unas buenas quesadillas con tortilla azul… ¡más que eso no se puede pedir!

 

Aunque a veces está padre ir al mercado.

Y es que los mercados en México son una experiencia multisensorial única. Los gritos de pásele marchante qué va a llevar, los colores de las piñatas colgadas encima de los montones de fruta, el olor del puesto de las hierberas y los consejos de esa señora que te explica que la veladora de chile atrae el dinero y hay que prenderla a tal o cual hora y rezar la oración que dice así…

 

Siempre pides “prueba”.

En los tianguis y mercados la prueba es de ley. Es de lo más correcto pedir que te den un poco de todo aquello que estés dispuesto a comer sin antes darle una lavadita en casa. Hay pruebas que son más efectivas que otras, algunas de las más socorridas son: la tostada con crema y queso cuando sólo quieres probar la crema, el taco de carnitas de cortesía mientras esperas que te despachen y el medio kilo de fruta que te embuten en lo que decides si quieres llevar peras o guayabas ¡Para aguantar el hambre un rato!

 

Sabes que tu consumismo aflora en vacaciones…

Porque sí, tenemos que comprar recuerditos para todo el mundo. Para los papás, los abuelos, los amigos, la tía, los suegros y hasta para el perro. El objeto es lo de menos, lo que importa es el detalle. De no ser así, creen que existirían esas playeras que anuncian que “Mi tío fue a Veracruz y solo me trajo esta pinche playera”. Pues no, ¿verdad?

 

Aunque también puede aflorar en otras fechas.

Los intercambios… ¡los malditos intercambios! Desde que pusimos pie en este mundo hemos sido sometidos a comprar calaveritas, calzones, tarjetas, discos, chocolates y cuanta madre se nos ocurre en nombre de los intercambios. Escuela, familia y oficina gobiernan esta actividad que sale a flote a la menor provocación.

 

Ejerces tu derecho al pilón.

El pilón: ese gusto gratuito, ese detalle bonito, esa costumbre que alegra el corazón. Se refiere a ese pequeño extra al que somos acreedores por nuestra fidelidad como clientes. Si siempre compras tus aguacates en el mismo puesto, es probable que los chiles del guacamole te salgan gratis.

 

Sabes que es imposible escapar de la fiebre consumista.

Ya sea que se te antoje un galón de tequila casero, una nieve de limón, el disco de moda disco de novedad, la colección de tazos de Bob Esponja o un perico, en México siempre lo podrás conseguir fácilmente. Hay vendedores en la esquina de tu casa, en el semáforo, en los camiones, en los parques, en las plazas, en las casetas de cobro, en las carreteras, en medio de la nada…¡en todos lados! Durante un mismo viaje de metro te pueden ofrecer el disco de la Sonora Santanera, los audífonos para que lo escuches y el vídeo para que te aprendas la coreografía.