Tras un mes viviendo en el norte de la isla de Tenerife, quisiera hacer un breve repaso de mis primeras impresiones de la isla. Este artículo no pretende ser información general sobre la isla sino una recolección de primeras impresiones completamente subjetivas y que podrían cambiar en el futuro, así pues querido lector no te sientas ofendido si no estás de acuerdo o crees que me se me ha olvidado comentar algo de la isla. A ello:

1. Esta isla no para quieta

Los terraplanistas creen que la Tierra es plana porque así es como la ven y sienten por mucha ciencia que uno les explique. Alguien debería traerlos a Tenerife para quitarles la tontería, porque esta isla es todo menos plana. La topografía sube y baja más que que una pelota de basket. Lo que en principio podría verse como un defecto es posiblemente uno de los sellos de identidad del territorio, ya que produce unos valles y riscos con vistas realmente espectaculares, tanto en ciudad como en la naturaleza.

2. No es el paradigma playero

Nota: aún no he visitado mucho el sur de la isla así que tómate esta opinión con pinzas. Tenerife tiene playas auténticamente espectaculares, igual que las demás islas. Pero la mayoría es cierto que no están necesariamente cerca de los núcleos urbanos y su acceso pueden en ocasiones no ser demasiado fácil. Supongo que el haber crecido en una isla más pequeña como Lanzarote me ha acostumbrado a tenerlo todo a tiro de piedra porque los chicharreros parecen acostumbrados y ni lo notan. ¿Lo positivo? Que muchos de los rincones más espectaculares no suelen tener una afluencia demasiado alta y no hay turistas abarrotando la zona.

3. El buen clima (de la gente)

Esto no es algo exclusivo de Tenerife, lo sé. Y no es algo que no haya dicho antes, lo sé también. Pero no puedo evitar mencionarlo por mi experiencia personal estas últimas semanas, que desde que llegué ha sido realmente fantástica en este sentido. Desde conversaciones con las cajeras del súper, a la cordialidad de los camareros y los trabajadores de los servicios públicos, siempre me he encontrado con gente amable, risueña y con ganas de ayudar o simplemente sacar una sonrisa antes de seguir a lo suyo. Hoy una empleada de banco se pasó 10 minutos contándome cómo fueron sus vacaciones en Francia al ver mi tarjeta de identidad y seguro que si tuviera prisa me fastidiaría, pero no la tenía. Ese intercambio humano tan banal fue algo que convirtió un trámite administrativo tedioso en un momento de conexión humana que, hasta hace poco, no sabía cuánto echaba de menos viviendo en Madrid. Así que gracias.

4. Se come genial

Malacostumbrado a la amplia oferta gastronómica de una gran ciudad, tenía curiosidad por saber si notaría alguna diferencia o echaría algo en falta viviendo de nuevo en un entorno más reducido como son las islas. Para nada. Misma calidad, si no mejor, y a mejor precio. Mi pareja y yo somos de comer asiático a menudo y hemos encontrado restaurantes de calidad y a muy buen precio en nuestro barrio. Por no hablar de los guachinches o restaurantes de pescado repartidos por la isla, que esos sí que no los tienen en otro sitio. Definitivamente encantado. Lo único que sigo buscando es un buen ramen que me recuerde al que comí en Japón. Seguiremos informando. Menciones especiales: Tsuki Sushi Bar, Amor-Didas, Restaurante Tokyo y la hamburguesería Arte Sana.

5. Santa Cruz es un collage urbanístico

No quiero despedirme de esta pequeña lista sin mencionar a la ciudad que me ha acogido, Santa Cruz de Tenerife. Recuerdo que hace un par de años se vio envuelta en la polémica de ser nombrada una de las ciudades más feas de España. Como cualquier otro lugar, está claro que tiene barrios más atractivos y otros menos agraciados, pero algo de esta ciudad que cautiva es el auténtico collage arquitectónico que compone la urbe. Con una topografía agresiva marcada por cuestas y barrancos que pincelan cada barrio sin excepción, uno puede apreciar cómo las calles, puentes, avenidas, parques, plazas y callejones se entremezclan en un auténtico batido de ambientes que se suceden uno tras otro sin aparente orden ni concierto pero que acaban conformando una ciudad llena de ofertas de ocio y gastronomía que te invita a descubrirla como si de una baile se tratara, nunca sabiendo que te espera detrás de cada esquina. Será que me gustan las feas.