1. Quedarse lejos de todo

La Ciudad de México es enorme y si tienes la intención de hacer rendir tu estancia, lo más recomendable es buscar un hotel céntrico que tenga fácil acceso a las zonas turísticas de la ciudad y al transporte público. Una buena ubicación te puede ahorrar horas de transporte al día y colonias como la Juárez, la Cuauhtémoc, la Roma o el Centro son bases ideales para explorar la ciudad.
Ojo, muchos de los hoteles que encontrarás por internet pueden estar ubicados en la zona de Santa Fe, por lo que podrías pensar que se trata de una zona turística o céntrica. Santa Fe es uno de los centros de negocios más importantes de la ciudad, pero está bastante lejos de todo lo demás y no hay muchas razones para quedarse aquí si tu intención es turistear a gusto.

2. Dejar los museos para el fin de semana

Photo: Rulo Luna

La Ciudad de México es famosa por la cantidad y calidad de sus museos. El Museo Nacional de Antropología, Bellas Artes, el Museo Nacional de Arte, el Templo Mayor, San Ildefonso, el Soumaya, el Franz Mayer, el Castillo de Chapultepec, el Museo Mural Diego Rivera y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, son sólo algunos de los sitios esenciales que deberías marcar en tu itinerario de viaje; pero una vez que lo hagas, procura no programar tus días de museos en fin de semana, que es cuando tendrás que competir con toda la afluencia local. Programa tus visitas entre martes y viernes (muchos museos permanecen cerrados los lunes) y olvídate de las multitudes.

3. Gastar un dineral en restaurantes

La cocina mexicana es una de las más reconocidas del mundo, y el mejor lugar para probar muchas de la expresiones culinarias más destacadas de México es su capital. Aunque en la Ciudad de México existen muchos restaurantes reconocidos internacionalmente, la calidad no necesarimente tiene que ir de la mano con precios desorbitados. Muy buena parte de la identidad culinaria de la ciudad está en sus mercados y fondas, así como en sus varios templos de la comida callejera. No hay peor pecado contra la comida mexicana que venir a la Ciudad de México y terminar comiendo en puro restaurante internacional.

4. Ignorar el transporte público

Photo: Rulo Luna

Por más que los chilangos nos quejemos, el transporte público de la Ciudad de México es bastante funcional y uno de los más económicos del mundo. Como turista, tienes la gran ventaja de poder planear tu día evitando horas pico (no te metas al Metro de 7 a 9 de la mañana ni de 5 a 8 de la tarde) y sacarle verdadero provecho a los sistemas de transporte locales. El Metro y el Metrobus son dos opciones que te podrán ahorrar muchísimo tiempo en tus trayectos por la ciudad.
Si te hospedas en los alrededores del Centro Histórico, ECOBICI puede ser una muy buena opción de transporte, que además te permitirá participar del paseo dominical en bici por varias zonas de la ciudad.

5. Querer ver el Centro y Xochimilco en un mismo día

Los atractivos turísticos de la Ciudad de México son muchos y no todos se encuentran a la vuelta de la esquina. Si tu estancia es corta, te recomiendo enfocar tus esfuerzos en el Centro Histórico, Paseo de la Reforma, Chapultepec y otras colonias cercanas, como la Juárez, la Roma, Polanco y la Condesa. Si tienes más días por delante, muévete al sur de la ciudad y explora Coyoacán, San Ángel, Ciudad Universitaria y Xochimilco. Piensa en itinerarios diarios que puedas realizar caminando. No querrás terminar atrapado en el tráfico durante horas por querer cumplir con una agenda demasiado ambiciosa.

6. Olvidarse de la altura

Puede no sonar a mucho, pero 2,250 metros sobre el nivel del mar son bastante considerables si no estás acostumbrado a estas altitudes. Ten esto en cuenta, en especial si practicas deporte o tienes planeada alguna caminata por alguno de los muchas montañas que rodean la Ciudad de México.

7. Venir con ropa de playa

Photo: Rulo Luna

El clima es muy agradable en la Ciudad de México, pero puede llegar a hacer algo de frío entre noviembre y febrero (aunque rara vez tenemos temperaturas bajo cero) y un poco de calor durante julio y agosto (sí le pegamos a los 30 grados al menos un par de días al año). Tu ropa de verano y un abrigo deberían ser más que suficientes para contrarrestar los vaivenes más violentos del clima capitalino. Las lluvias comienzan por ahí de mayo y no paran hasta octubre, pero nunca falta el norte o la tormenta tropical que se deja sentir con unos buenos aguaceros fuera de temporada. Un paraguas o un abrigo impermeable nunca estarán de más en tu maleta.