Cuando los españoles llegaron a Tenochtitlan no esperaban encontrarse con semejante grandeza. Cortés, por ejemplo, relata en sus cartas de relación que Moctezuma disfrutaba de lujos él no creía posibles, ni siquiera para un emperador. ¿Significaba que Carlos V vivía, entonces, de forma mucho más austera? Aquí comparo los lujos de ambos reyes, Carlos V y Moctezuma, para que puedas evaluar si Cortés tenía o no razón.

Comencemos por la infancia de Carlos V y Moctezuma, así podremos tener un mejor panorama.

Carlos V nació en el seno de una familia disfuncional, fundada en el matrimonio de Felipe de Austria (Felipe “el hermoso”) y Juana de Castilla (Juana “la loca”).

Como es sabido, los padres tuvieron una relación muy tempestuosa y, a la muerte de la Reina Isabel de Castilla (Isabel la Católica), Felipe murió en circunstancias sospechosas (hay quienes dicen que lo mandó a asesinar su suegro Fernando, para que Felipe no fuera rey de Castilla y Aragón). Su madre Juana fue declarada legalmente como “incapaz” y se la encerró hasta su muerte. Carlos, junto a sus hermanos, fue criado por su tía Margarita de Austria. A la muerte de su abuelo Fernando se convirtió en el heredero del trono. Fue el primer monarca en ostentar el título de “rey de España” (Carlos I) y luego fue coronado como el emperador Carlos V del Imperio Germánico.

Por su parte, Moctezuma II fue hijo de Axayácatl, séptimo tlatoani mexica, dedicado a las conquistas exitosas de nuevos territorios, y quien murió también antes de ver al príncipe convertido en un hombre. Moctezuma, entonces, quedó al cuidado de su madre.

En cuestión de educación, ambos recibieron una muy estricta y que correspondía a su linaje.

Carlos fue educado inicialmente en la corte de Malina, en el culto a sus ancestros y a su sangre. Además estudió teología, filosofía, latín, historia, matemáticas, física, astronomía y esgrima.

Moctezuma, por su parte, fue educado seguramente en el mejor calmecac de Tenochtitlan. Los calmecac eran los colegios para la nobleza en donde se impartían clases de teología, idiomas, religión, historia, escritura, astronomía, filosofía, economía y música, además de entrenamiento militar con presencia en guerras reales para que se acostumbrara a ella.

En cuanto al carácter de cada uno, ambos tuvieron mentores excepcionales.

Carlos estuvo bajo la tutela de Adriano Utrecht, quien luego se convertiría en Papa, por lo que su carácter se forjó autoritario, religioso y medieval. Utrecht era un amante del arte de la guerra, por la que justificaba los medios para acceder al poder y con la cual idealizaba al mismo, del mismo modo que los héroes antiguos. Sin embargo no contaba con una identidad tan marcada respecto de su futuro reino.

«El príncipe, nuestro señor, está dotado, gracias a Dios, de muy buenas disposiciones y de un gran carácter; aunque ha sido educado y es educado, todavía, alejado del mundo, y particularmente de los españoles, lo que es un inconveniente y lo será mucho más para cuando vaya por aquellas tierras…».

(Informe del obispo de Badajoz, Alonso de Manrique, al cardenal Cisneros, arzobispo de Toledo. Bruselas, el 8 de marzo de 1516).

De Moctezuma se desconoce el nombre de sus mentores. Sin embargo, para ese tiempo la ideología de Tlacaélel persistía con más fuerza, así que su carácter debería haber sido del mismo trazo que el de Carlos, autoritario y religioso, siendo su antecesor Ahuizotl un conquistador nato que expandió las fronteras del imperio, y su padre uno de los más prestigiosos tlatohque mexica, que no dudaba en ir al frente de sus batallas. Moctezuma creció seguro de que los mexica estaban destinados a conquistar el mundo.

¿Y qué hay de la apariencia física de Carlos V y Moctezuma?

De ambos tenemos descripciones que nos ayudan a imaginar cómo lucían.

“El nuevo rey, un muchacho increíble y disparadamente joven, con una mandíbula muy pronunciada, no causó una impresión favorable en su primera aparición en España. Aparte de que miraba como un idiota, tenía el defecto imperdonable de que no sabía ni una palabra en castellano. Además ignoraba totalmente los asuntos españoles y estaba rodeado de un grupo de rapaces flamencos”.

“Es de estatura mediana, no muy grande ni pequeño, de color tendente más al blanco que al rosado; de cuerpo muy proporcionado, pierna bellísima, brazo fuerte, la nariz un poco aguileña, pero poco; los ojos miopes, el aspecto grave, más ni cruel ni severo. No tiene defectos; salvo en la quijada, que es tan ancha y tan larga que no parece natural, sino postiza, resultando que al cerrar la boca no concuerdan los dientes superiores con los inferiores y queda entre ellos un espacio del tamaño de un diente”.
(Gasparo Contarini “El siglo XVI a la luz de los embajadores venecianos”).

“Es religiosísimo, muy justo, sin ningún vicio, sin tendencia a la voluptuosidad, que es la de los jóvenes, ni se deleita con diversión alguna. A veces va a cazar, pero raramente. Es de pocas palabras y muy modesto; no se entusiasma cuando los acontecimientos le son favorables, ni se deprime en la adversidad. Cierto es que siente más el dolor que el placer, de acuerdo con su manera de ser, en que, como he dicho ya, predomina la melancolía. Tiene una cualidad poco recomendable por natural inclinación, según me dijo su confesor, con el cual llegué a tener amistad íntima: que recuerda las ofensas y no las olvida fácilmente.”

(Gasparo Contarini “El siglo XVI a la luz de los embajadores venecianos”).

Como puedes ver, Carlos era una persona reservada, que no deja ver su perfil tan fácilmente.

Ahora veamos qué se dice de Moctezuma:

«Era el gran Montezuma de edad de hasta cuarenta años y de buena estatura y bien proporcionado, y cenceño, y pocas carnes, y el color ni muy moreno, sino propio color y matiz de indio, y traía los cabellos no muy largos, sino cuanto le cubrían las orejas, y pocas barbas, prietas y buen puestas y ralas, y el rostro algo largo y alegre, y los ojos de buena manera, y mostraba en su persona, en el mirar, por un cabo amor y cuando era menester gravedad».

«Era muy pulido y limpio; bañábase cada día una vez, a la tarde; tenía muchas mujeres por amigas, hijas de señores, puesto que tenía dos grandes cacicas por sus legítimas mujeres, que cuando usaba con ellas era tan secretamente que no lo alcanzaba a saber sino alguno de los que le servían».

«Tenía sobre doscientos principales de su guarda en otras salas junto a la suya, y estos no para que hablasen todos con él, sino cuál y cuál, y cuando le iban a hablar se habían de quitar las mantas ricas y ponerse otra de poca valía, más habían de ser limpias, y habían de entrar descalzos y los ojos bajos, puestos en tierra, y no mirarle a la cara…».

(Bernal Díaz del Castillo “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”).

Aquí es donde las personalidades comienzan ya a mostrar sus contrastes, pues por una parte Carlos es aparentemente más austero en su existencia y Moctezuma muestra una personalidad con aires de superioridad.

¿Pero qué hay de los lujos?

Carlos era un amante de la vida militar y las armas, por ello era un gran aficionado de los torneos de equitación y la cacería, e incluso le gustaba formar parte del toreo y la lucha cuerpo a cuerpo. Además era un gran aficionado a los mapas, los relojes y la música.

Su día comenzaba levantándose tarde y vistiendo, según las crónicas, más como un hombre común que como un emperador. Posteriormente concedía audiencia y despachaba sus asuntos privados para después acudir a misa y retirarse a comer.

Más tarde volvía a conceder audiencia, para después dedicarle un rato a sus pasatiempos, ya fuese diseñando edificios, divirtiéndose con sus sirvientes o yendo de cacería. Los gastos que tenía eran relativamente bajos.

Era muy moderado en la vestimenta, tanto suya como la de su servicio, y se dice que si algún cordón de su ropa se rompía él mismo la ataba para evitar gastos innecesarios.

Ahora veamos por qué Cortés se impactó al ver a Moctezuma, pero primero tenemos que comprender lo que para Cortés era el lujo de la nobleza que él conocía, la de España.

De entrada, tenemos que Moctezuma no permitía que los sirvientes le apoyaran con sus asuntos, sino que tenían que ser nobles quienes realizaran dichas tareas, pero siempre vestidos con ropa humilde.

Nadie en absoluto podía verlo a los ojos, el aire que respiraba debía estar perfumado y el suelo que pisaba cubierto con petates.

La ropa que vestía solo la utilizaba una sola vez y, en cuanto al protocolo de comida, le servían alrededor de 30 platillos, para que pudiese elegir cual le apetecía, y cada uno se encontraba a la temperatura perfecta, pues debajo de cada plato había braceros para mantenerlos calientes.

En cuanto a los palacios es difícil tener una comparación real. Sin embargo, aún se conserva el Palacio de Carlos V, y del de Moctezuma, quedan las descripciones.

El palacio de Carlos (Granada) medía 63 metros por lado con un patio circular al interior lo que representaba a la vanguardia arquitectónica del momento.

Es un edificio de dos niveles, la planta baja de estilo toscano con columnas decoradas con cobre, en tanto que el nivel superior es de estilo jónico. Ambos niveles muestran un conocimiento claro de la arquitectura imperial romana.

El palacio de Moctezuma se encontraba donde ahora se encuentra el Palacio Nacional en la ciudad de México, que mide 200 metros por lado, tenía 20 puertas de acceso y una fuente de agua traída desde Chapultepec, así como 100 recámaras y 100 baños.

Lo que más sorprendió a los españoles es que había alrededor de 1000 mujeres al servicio de Moctezuma, entre criadas, nanas, intendentes y cocineras, además de que cada mañana alrededor de 600 personas acudían al palacio para obtener una cita con el tlatoani.

Pero lo que despertó la ambición de Cortés fue el oratorio, o sala privada de Moctezuma para rezar a sus dioses, la cual estaba cubierta por placas de oro que -según el capitán español- tenían el grosor de un dedo.

«Había y hay en esta ciudad, muy hermosas y muy buenas casas de señores, tan grandes y con tantas estancias, aposentos y jardines, arriba y abajo, que era una maravilla de ver. Yo entré más de cuatro veces en una casa del señor principal (Moctecuzoma), sin más fin que el de verla, y siempre andaba yo tanto que me cansaba, de modo que nunca llegué a verla toda. Era costumbre que a la entrada de todas las casas de señores hubiese grandísimas salas y estancias alrededor de un gran patio; pero ahí había una sala tan grande que cabían en ella, con toda comodidad, más de tres mil personas…».

«Tenía dentro de la ciudad sus casas de aposentamiento tales y tan maravillosas que me parecería casi imposible poder decir la bondad y grandeza dellas, y por tanto no me porné a expresar cosa dellas más de que en España no hay su asemejable».

(Hernán Cortés, “Cartas de Relación”).

Ahora puedes tener una mejor idea de lo que Cortés vio en Tenochtitlan en comparación con España, lo cual le causó mucho impacto pues el lujo en el que vivía el tlatoani mexica de verdad era mayor al de Carlos V. Impactante, ¿no?