Crédito: James Seith Photography

NUNCA podremos saber cómo hubieran sido las cosas si el embargo norteamericano sobre Cuba nunca hubiera existido.

Es de suponer que el mayor benificiario de la hostilidad ha sido el propio gobierno de Castro, que ha tenido en el bloqueo siempre la excusa perfecta para echarle la culpa de la pobreza del pueblo cubano, y para limpiar su imagen ante la opinión pública internacional, casi siempre encabronada con la política exterior injerencista de los Estados Unidos.

Ayer se ha dado un paso. Un paso que tenía que darse pues, como mismo dijo el presidente Obama, la otra estrategia no sirvió de nada durante 54 años. El bloqueo sobre Cuba es estúpido e ilegítimo, pero en muy poca medida causante de la escasez crónica de los cubanos. Si se ha mantenido durante tantos años, ha sido por la presión de la comunidad cubana en Estados Unidos, cuya postura intransigente es totalmente comprensible.

¿Qué cambia con estas medidas? Lo que el gobierno cubano prohíbe a los cubanos va a seguir esencialmente igual. Los cambios que se han producido en los últimos años han sido pequeños, lentos y cosméticos. “No siento alegría, he vivido los suficientes años en la isla como para saber que la única apertura que puede haber es la de sus nuevas cuentas bancarias. Los míos, los que no tienen nada, esos seguirán en las mismas”,me comenta una antigua amiga.

Hoy todas las reacciones y emociones de los cubanos son legítimas y valiosas: los que tímidamente nos alegramos de que Estados Unidos haya al fin dado el paso de ser más generoso. Puede y debe hacerlo. Los que creemos que siempre es mejor que algo se mueva. Que ahora ya no tendrán excusas. Y que el flujo de dinero, de gente, de tecnología y de ideas, aunque en principio también beneficie al gobierno, termina beneficiando a la gente, abriendo los ojos y dando oportunidades y esperanzas. Todos los pasos son hacia el fin de la dictadura, inevitablemente.

Pero también los que se llenan de rabia y de dolor porque creen que no servirá de nada, y los Castro tendrán más oportunidades de manipular y de seguir sobreviviendo. Los que piensan en tanta gente muerta en el estrecho de la Florida. En lo injusto de intercambiar un prisionero que iba a llevar tecnología por tres que sí hacían labores de espionaje y que además intervinieron en la muerte de personas. Que los mismos que durante 54 años han reprimido al pueblo cubano, puedan desdecirse y dar para atrás, y seguir como si nada. Sin rendir cuentas. Que vayan a morir en el poder y en paz. Que ahora allí todo sean fiestas con los “5 héroes” en todas las tribunas, repartiendo ron malo y bocadillos, gritando consignas, bailando salsa, y todo sigue igual. Capitalismo medieval de Estado, estilo China. Que el hijo del Che, el “hombre nuevo”, monte una empresa turística para dar paseos en Harley-Davidson. Bien visto, siguen siendo muchos más los motivos para la rabia.

La portada del diario Gramma del 17 de diciembre no hace mención al anuncio del presidente Obama.

No nos equivoquemos: la verdadera causa de la pobreza de los cubanos es que el sistema estatalizado de producción no funciona. No produce nada. La propiedad social (o mejor decir estatal) no elimina la pobreza: la generaliza. Extiende la mediocridad, la desidia, el hurto, la suciedad, el pillaje y la corrupción como un manto pegajoso por todas partes. Convierte el robo en una forma de vida. Y la falta de esperanza, de motivación y de oportunidades en una enfermedad crónica.

Un sistema educativo y sanitario de calidad como pretendía la “Revolución” sabemos en todas partes que es algo carísimo de mantener. Con un sistema productivo nulo como el cubano, los sistemas educativo y sanitarios hacen aguas por todas partes, aunque sean universales y gratuitos. Pocos, poquísimos, si alguno, de esos cacareados “logros” de la Revolución sobreviven hoy en día. Y a un precio muy alto tanto económico como político para los cubanos.

Ninguno de los defensores del modelo cubano que aún quedan entre la izquierda latinoamericana o europea, soportarían una semana viviendo en Cuba como vive el cubano de a pie. No solo por la escasez crónica de los productos más básicos, también por la letanía ideológica y la cantidad de prohibiciones absurdas que hay que soportar cada día. Consignas políticas desde que te levantas hasta que te acuestas. Medios de comunicación totalitarios y manipuladores. Un sistema de manipulación ideológica y de represión muy efectivo que funciona en los centros de trabajo, en los barrios, en las escuelas, en todos los niveles. Todo lo que no está prohibido es obligatorio. De eso no tiene la culpa el embargo norteamericano, y eso no va a cambiar a partir de hoy.

Aún así, creo que la decisión de Barack Obama es correcta. Por mis hermanos y sobrinos. Por mis hijos. Por todos los cubanos, que ayer lloramos de emoción, de alegría, de rabia y de frustración a la vez. Llanto de incomprensión. Llanto de lejanía. Llanto de esperanza.