1.

Un comensal argentino, morfa.
Un comensal ecuatoriano, traga o engulle.

2.

Un comensal argentino jamás de los jamases le pondría pochoclo a una sopa. El pochoclo es para el cine, y generalmente dulce.
En cambio, un comensal ecuatoriano serrano no se imagina su ceviche sin canguil.

3.

Aunque la palabra usada para uno de los platos típicos sea la misma, “empanada”, un comensal argentino termina la frase con “de carne” o “de humita”, y uno ecuatoriano con “de viento” o “de verde”.

4.

Un ecuatoriano te invitará a probar sopa de morocho, morocho con leche, empanadas de morocho, o “morocho en cualquiera de sus formas”. Un argentino pensará en mil chistes verdes si llega a escuchar tal invitación.

5.

Un comensal argentino pide limón con la esperanza de que las achuras o la milanga que se está por morfar se vuelvan mágicamente más livianas.
Para un comensal ecuatoriano, en cambio, el limón es parte de su vida… y lo come hasta de snack al salir de la escuela, ¡con sal!

Crédito: RyanMcGuire

6.

Un comensal argentino, especialmente en grandes ciudades como Buenos Aires, está acostumbrado a que el “mozo” sea un poco cascarrabias.
Un comensal ecuatoriano, en cambio, entiende que cualquier cosa por debajo de “Venga mi precioso que aquí le atendemos como se merece” es maltrato.

7.

Para un comensal argentino, un jugo de frutas es un lujo… más si se trata de un jugo multifruta recién exprimido (o cualquier cosa que no sea naranja).
Para un comensal ecuatoriano, un jugo de frutas es cosa de todos los días, y de lo que más extrañan al salir fuera de su país.

8.

Por su parte, para un comensal ecuatoriano, el lujo es la variedad y la calidad de vinos de producción nacional a los que un comensal argentino tiene acceso.

9.

Cuando un comensal ecuatoriano tiene “chuchaqui”, pide encebollado o ceviche.
Cuando un comensal argentino tiene resaca, normalmente ataca el pedazo de pizza frío que quedó de la noche anterior.

10.

Un comensal ecuatoriano se deleita comprando grosellas, ciruelas o mango verde a los vendedores ambulantes desde la ventana de su carro o caminando por la calle. Además, ecuatoriano que se respete no perdona un pincho, un seco de gallina o bizcochos en la carretera, entre otros manjares lugareños.

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Un comensal argentino también se detiene en medio de la ruta, pero para probar un chori al paso, y se le hace agua la boca con el olorcito de las garrapiñadas, especialmente en un día soleado de invierno.

11.

Un comensal argentino, si piensa en sopa, se acuerda probablemente de Mafalda.
Un comensal ecuatoriano, si lee a Madalfa, no comprende la aversión por la sopa, que es cosa de todos los días en algunas regiones de Ecuador.

12.

Cuando un comensal ecuatoriano piensa en la mejor compañía para el queso, probablemente se trate del maduro o los patacones.
Para un comensal argentino, el patacón es una moneda inventada después de la crisis del 2001 (lo cual no trae ningún buen recuerdo). En cambio, el queso abre y cierra las comidas: en la picada, con embutidos, y en el postre vigilante, con dulce de membrillo o de batata.

13.

Cuando un comensal ecuatoriano tiene invitados extranjeros, trata de emborracharlos con Zhumir, caña manaba y/o pájaro azul.
Uno argentino, por su parte, se divierte dándoles a probar Fernet.

14.

Un comensal ecuatoriano no comprende bien qué implica una merienda cuando le ofrecen “facturas” (pasteles) de nombres anarquistas en Argentina.
Un comensal argentino no sabe a qué se enfrenta cuando escucha que tendrá “chuchaqui moral” y se le “borrará el cassette” después de un encuentro con Pedrito Coco.