Como mujer que ha viajado mucho sola, me sentí muy segura en Israel. Anduve caminando por todas partes, a veces de noche, con mi cámara y mi teléfono (y, de nuevo, siendo mujer), tomé taxis, usé el transporte público, y no se encendió ninguna de las alarmas que he desarrollado a lo largo de mi vida viajera (tengo 49).

Photo: Laura Bernhein

Personalmente, no fui interrogada en el aeropuerto ni al llegar ni al irme del país, pero sé que esto tal vez no sea  lo usual.

Una cosa es cierta: estés donde estés, nunca vas a estar muy lejos de un grupo de soldados (hombres y mujeres) fuertemente armados. Al principio esto me chocó, lo mismo que los controles de seguridad para ingresar a los lugares sagrados, que son estrictos y muy frecuentes. Sin embargo, pronto lo entendí como una garantía de mi propia seguridad, me relajé y empecé a disfrutar de este bellísimo país.

Mi consejo es que hay que estar atentos: Israel no será Islandia, el país más seguro del mundo, pero conozco decenas de sitios muchísimo más peligrosos en lo que hace al crimen común, y los atentados terroristas ocurren en muchas partes del mundo. Como ejemplo, en Buenos Aires (Argentina) sufrimos dos atentados terroristas que aún no se han resuelto, y ahí mismo me han robado con armas más de una vez.

En lugares como la Ciudad Vieja de Jerusalén o Hebrón (Cisjordania) suele haber conflictos con bastante frecuencia y se desatan con mucha rapidez. Creo que casi todos los países tienen sus riesgos (¡estar vivo tiene muchos riesgos!), algunos predecibles y otros no, pero la diferencia es que en Israel me sentí muy protegida como visitante.

Desde que Israel construyó el polémico muro verde que separa Jerusalén occidental de Jerusalén oriental (Cisjordania), los atentados con coche bomba han cesado y los ataques en solitario no afectan, por lo general, a los viajeros.

No te voy a negar que en los sitios sagrados para musulmanes y judíos (Templo del Monte, Tumba de los Patriarcas) la tensión es palpable. Fui a Israel durante la Semana Santa cristiana / Pesaj, y el ambiente en la Ciudad Vieja de Jerusalén se tornó muy denso. Fue un buen momento para irme de la ciudad y pasar el día en la playa del Mar Muerto. Lo cierto es que cada lugar que visité en mi vida tenía sus claroscuros, todos ellos parte de la experiencia viajera. Israel es una tierra con mucha luz que, por momentos, proyecta también una gran sombra.

Fui sola a Palestina (Cisjordania) y también me sentí muy cómoda, lo mismo que en los Altos de Golán, donde llegué a la frontera con Siria.

Photo: Laura Bernhein

Ya dejando el conflicto entre árabes y judíos, mi guía de viajes (Lonely Planet) recomendaba visitar el barrio de judíos ultraortodoxos Mea Shearim con precaución: no exhibir piel (hombres y mujeres, pero especialmente las mujeres, quienes además tenemos que cubrirnos la cabeza), no tomar fotografías ni hacer vídeos, y evitar las demostraciones de cariño públicas entre parejas.

La advertencia se debe a que se han registrado incidentes (pedradas, insultos) a los visitantes que no se comportaron de acuerdo a estos códigos de conducta. Recuerda (y este es un consejo general para todo Israel y para todo el mundo, bah) que estás en su lugar y debes ser respetuoso de sus costumbres, aunque no las entiendas o no estés de acuerdo.

Photo: Shutterstock/Cezary Wojtkowski

Finalmente, siempre es bueno cuando viajas tener a mano el teléfono de la embajada que te representa, para comunicarte ante cualquier duda o problema. Aquí puedes checar las recomendaciones de la Embajada de México en Israel y aquí las de la de Estados Unidos.

Si esta tierra te llama, ¡no dejes de ir por miedo! Israel es un país interesantísimo que te va despertar todo tipo de reacciones emocionales, sensoriales y espirituales. Es super hospitalario con el viajero, ultra moderno por un lado y ancestral por el  otro, la comida es de lo mejor, los paisajes son bellos y es, además, una pieza fundamental para comprender la historia de nuestra civilización occidental judeo-cristiana. ¡Ya nos contarás cómo te va!