1. La vestimenta

No es sencillo llegar a Valencia durante las fallas y vestirte con el traje regional, eso pasa en Kyoto con las geishas y resulta una turistada de manual. Hay otra manera de integrarte entre la fauna local llamada blusón, que es una prenda muy cómoda, últimamente bastante colorida, y que combina a la perfección con el pañuelo fallero.

Pero esto no deja de ser un primer paso, si realmente quieres estar integrado, has de agenciarte un polar. Sí, un forro polar, con un escudo de falla, con tu nombre en la espalda, y olor a socarrat. Entonces nadie dudará de que eres fallero experimentado.

2. La comida

Valencia parece una convención de churrerías variopintas durante las fallas, así que es habitual que caiga algún churrito durante el día. Eso es de primero de fallas, si quieres pasar de curso has de comer buñuelos; si quieres sacar buena nota, los buñuelos han de ser de calabaza; y si aspiras a una matrícula de honor, tu objetivo es encontrar “figues albardaes”. Si lo logras, y además encuentras un chocolatito espesito, sin mucho azúcar, y sin que te cueste a precio de ámbar del pleistoceno con mosquito prehistórico dentro, entonces te has ganado el Cum Laude.

Punto extra. Si consigues buñuelos de Fabian o el Collado sin hacer cola, te convalidan primero de fallerío.

3. La mascletà

Acudir a la plaza del Ayuntamiento cada día puntual a sentir la mascletà es un “must”. Ahora bien, no es el mismo espectáculo desde la Estación del Norte que desde Correos. Un auténtico jedi fallero tiene su “spot” favorito al que acude con un mínimo de dos horas de antelación para pillar la primera fila. Si además consigues ver las 19 mascletàs falleras, y alguna de ellas desde un balcón con buenas vistas, entonces te dan el certificado oficial del tío masclet.

4. Petardos

Comprar petardos es un básico durante las fallas, pero tampoco tienes por qué usarlos para hacer el mal. Un experto fallero no va tirando masclets del n.º 5 por la calle, se dedica a tirarlos durante la despertá, y en todo caso en la zona acotada de su falla. Es mucho más divertido jugar con las bombetas, fuentes y salidas que ir reventando tímpanos. Así que por cada “peim” fuera de lugar, te restan 10 falli-puntos.

5. Fiesta

Siempre ha habido clases y clases, y todas se lo pasan bien durante las fallas. Puedes ir de verbena en verbena adonde te lleve la noche y no gastarte un euro. Puedes buscar en qué lugar hay una fiesta más acorde a tus gustos musicales y acudir allí directamente. Una opción profesional sin margen de error es ir a la fiesta que monta cada noche la orquesta Montecarlo, nunca defrauda. Y puedes optar al premio gordo: conseguir que te inviten a una carpa y acabar pinchando tú la música que consiga que tiemble Valencia. Todo es posible a la luna de Valencia.

6. El casal

Vale que la ciudad está bonita y mola pasear y tal y Pascual. Después de todo el día pateando, lo que te pide el cuerpo es sentarte un rato y cenar tranquilo. Así que tu misión imposible es conseguir infiltrarte (invitado) en un casal y compartir una cena fallera con la comisión. Para ello te puedes hacer fallero de honor, amigo de la falla, buscar las noches de puertas abiertas o hacer amigos entre los falleros. En realidad es una misión bastante más fácil de lo que parece… ¿te atreves?

7. La falla

Para muchos turistas la falla por sí misma, con sus ninots y su crítica, no es más que la excusa. Pero para muchos valencianos el mal llamado monumento fallero es una obra de arte digna de recibir reverencia. Así que empóllate el nombre y estilo de los principales artistas, y descubre entre plazas y cruces de calles las mejores fallas. No te vayas sin visitar la falla ganadora de especial y empaparte de la sátira que esconden los monumentos. Ahora bien, mientras no te explique alguien el proceso de carpintería, lijado, empapelado, modelado, pintura, estilo, decoración y composición que hay detrás de cada falla, no llegarás a ser más que un mero turista fallero.

8. La ofrenda

Si no puedes con ellos ¡únete! Baja a la calle, coge un buen sitio, y disfruta de la emoción que corre por las venas de los participantes en la ofrenda. Puede que incluso te plantees vestirte, coger un ramo, y recorrer las calles del centro de la capital del Turia para llevarle las flores a la Mare de Déu dels Desemparats. A quien un capitán general fallero siempre llamará “ la Geperudeta”, mientras compara el dibujo del manto de la Virgen con el de años anteriores.

9. Los premios

Llegados a este punto has visto decenas de fallas y conoces a los principales artistas de especial y 1.ª A. Ahora bien, eso será el principio de tu entrenamiento pequeño saltamontes. Tendrás que acudir la nit de la plantà a ver las fallas antes de que lo haga el jurado, visitar a los ganadores de las categorías menores, y recorrer las fallas experimentales y alternativas. Nadie dijo que conseguir el cinturón negro fallero fuera fácil, así que prepara calzado cómodo y elige bien las horas, ya que la madrugada es el mejor aliado de los murciélagos y aquí, en Valencia, de eso sabemos mucho.

10. Participa

En el calendario fallero hay un montón de actos, que si plantà al tombe, que si globotà, tal falla celebra un concurso de paellas, y la otra celebra un concierto benéfico… Hay mucho más que fuego, pólvora, luces y fiesta: las fallas son 385 asociaciones organizando todos los años un montón de actividades. Así que participa en algunas oficiales como la cabalgata del foc y en otras como las semanas culturales que cada año llenan de cultura los casales. Por cierto, concursos de truc, fútbol sala, pilota valenciana, ajedrez o teatro, demuestran la versatilidad de los falleros.

11. Apúntate a la falla

El último paso, el definitivo, el último requisito para conseguir las siete bolas del drac fallero, es apuntarte a una falla. Sí, puede ser un incordio eso de pagar cuota mensual, pero vivas en Valencia o visites sólo la ciudad durante las fallas, tener una segunda familia en el casal compensa. Atentos que hay gente que está apuntada a más de una falla, hay quien construye los ninots de su falla, quien alquila un apartamento para estar esos días al lado de su casal y hasta quien se tatúa el escudo de su falla junto al corazón. No hace falta llegar a tanto, pero vivir estas fiestas desde dentro, sin duda, hará que te enamores tanto como Rosalía de la manicura.

Si cumples todos los pasos, no te extrañe acabar llorando la nit de la cremà, que se te ericen los cabellos cuando sientas olor a pólvora o que celebres una victoria de tu falla como si te hubiera tocado el Euromillones. Advertido quedas.