Photo: MatiasdelCarmine/Shutterstock

Qué simbolizaban el guerrero águila y el guerrero jaguar y cuál era su templo sagrado

México
by Xiu 4 Dec 2018

¿Recuerdas que te contamos sobre los guerreros águila y los guerreros jaguar, aquellos míticos soldados del ejército mexica que portaban elegantes trajes que simulaban a aquellos poderosos animales y que eran la máxima aspiración del resto del ejército?

Estos guerreros, el guerrero águila y el guerrero jaguar, no solo debían tener la capacidad para enfrentarse en una batalla con las mejores habilidades por su riguroso entrenamiento, sino que también tenían que ser capaces de atender cualquier situación de urgencia que se presentara, e incluso ser guías morales y espirituales del resto del pueblo.

“Al ingresar como aspirantes en la orden (de los guerreros jaguar), los jóvenes abandonaban sus hogares y se trasladaban a residencias especiales en donde iniciaban un período de aprendizaje que habría de prolongarse a lo largo de cinco años. Durante dicho período, además de fortalecer su cuerpo y su espíritu a través de una rigurosa disciplina, comenzaban a ponerse en contacto con el nivel más elevado de las antiguas enseñanzas. Profundos conocimientos sobre teogonía, matemáticas, astronomía, botánica, lectura e interpretación de códices y muchas otras materias más, eran impartidos en forma intensiva en las escuelas de la orden”.
Fuente: Antonio Velasco Piña “Tlacaélel, el Azteca entre los Aztecas”

Una vez que el guerrero jaguar concluía sus estudios, se volvía un aspirante en potencia para ser un guerrero águila:

“Así como el guerrero jaguar era la representación del ser que es ya dueño de sí mismo y que se halla al servicio de sus semejantes, el guerrero águila simbolizaba la conquista de la más elevada de las aspiraciones humanas: la superación del nivel ordinario de conciencia y la obtención de una alta espiritualidad…”.
Fuente: Antonio Velasco Piña “Tlacaélel, el Azteca entre los Aztecas”

Recordemos que los mexica fundaron su gran capital México-Tenochtitlan durante el siglo XIV y fueron los últimos en llegar al lago, es decir, quienes menos historia tenían y también menos conocimientos acumulados.

¿Pero quiénes habitaban el Valle de México antes de los mexica? El reino de Azcapotzalco, que mantenía una fuerte rivalidad con el reino de Texcoco, a quien asediaba constantemente en aras de dominarlo.

Como recordarás, también te contamos sobre las caravanas migrantes de aquellos tiempos, provenientes de la derrotada ciudad de Tula, que representaba la cúspide de la civilización del mundo prehispánico, por ser considerada una capital de la cultura y las artes.

Aquí te explico la relación entre ambas cosas. ¿Te acuerdas de los toltecas?

Los toltecas, según nos han enseñado en la escuela, fueron un pueblo al igual que los mexica, los wixarika, los mayas o los totonacas. Sin embargo, los cronistas nativos nos hacen creer en otra posibilidad:

“El tolteca es sabio, es una lumbre, una antorcha, una gruesa antorcha que no ahúma. Hace sabios los rostros ajenos, les hace tomar un corazón. No pasa por encima de las cosas: se detiene, reflexiona, observa.

Un tolteca todo lo saca de su corazón; es abundante, múltiple, inquieto, hábil, capaz; a sí mismo se adiestra, dialogando en su interior, encontrando respuestas. Obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento, como un artista; compone lo defectuoso y hace convenir lo disperso; ajusta las cosas.

En cambio, el falso tolteca obra al azar, es una burla a la gente; opaca las cosas, les pasa por encima y las hace sin cuidado; en lugar de crear, imita; defrauda a los demás y es un ladrón.

De este modo os convertiréis en tolteca: si adquirís hábito y costumbre de consultarlo todo con vuestro propio corazón. Sed toltecas: hombres de experiencia propia”.

Fuente: Códice Matritense

Como verás, para los nahuas del Valle de México, los toltecas eran un linaje de conocimiento, no un pueblo en específico; y este linaje se encargó de reunir el conocimiento generación tras generación durante milenios. Por ello, cuando los mexica aparecieron en la historia, pudieron progresar tan rápidamente, ya supieron aprovechar la cultura que los otros pueblos heredaron de los toltecas.

Un pueblo inculto como el azteca pasó en solo 70 años de ser un estado salvaje, a dominar un territorio semejante a un tercio de Europa. Ello gracias a su capacidad de aprendizaje del nivel de civilización que tenían sus amigos y rivales.

Piénsalo, sus esculturas, como la Piedra del Sol (mal llamada Calendario Azteca), que ilustra sobre una roca tallada la visión total del universo, historia, ciclos y futuro, no pudo ser producto de 70 años de desarrollo. O qué decir de sus increíbles avances en medicina, arquitectura, herbolaria y hasta psicología. ¿De dónde obtuvieron este conocimiento? Ellos aseguraban que de su herencia tolteca.

¿Qué tiene que ver esto con el guerrero águila y el guerrero jaguar?

Bueno, después de recapitular el gran conocimiento que tenían los mexica, y ya que eran un pueblo guerrero, no es difícil imaginar que también desarrollaron artes marciales y todo lo que conlleva, como golpes, heridas, llaves, técnicas de pelea y estilos de defensa para hacer frente a cualquier enemigo.

Pero un linaje de guerreros que heredaron la totalidad de conocimientos acumulados durante milenios tenía que tener su sitio sagrado de iniciación, entrenamiento y meditación. Este lugar se encuentra en la Zona Arqueológica de Malinalco, sobre el cerro de los ídolos, y es un templo increíble tallado sobre la roca. Malinalco se traduce como “lugar donde se adora a Malinalxochitl”, que es la hermana de Huitzilopochtli, responsable de las artes oscuras y secretas. Para llegar hay que subir 426 escalones que suman casi un kilómetro de recorrido.

El sagrado centro ceremonial se compone de seis templos, siendo el más importante el santuario de los guerreros águila y jaguar llamado “Cuauhcalli”, “casa de las águilas”.

El templo descansa sobre una plataforma con 13 escalones que representan los 13 cielos en la cosmovisión nahua.

La entrada al templo es simplemente hermosa, pues se trata de un tallado que aparenta las fauces de una enorme serpiente y sobre el suelo, su lengua que te invita a ser devorado por voluntad propia.

«Significaba que el que se postulaba para ocelopilli (guerrero jaguar) o cuauhpilli (guerrero águila) entraba en la entraña de la serpiente, se introducía en Coatlicue, es decir, en la entraña de la Madre Tierra. Quería decir que desde este momento, el guerrero entraba al reino de los muertos».
Fuente: Félix Sánchez Benítez, Instituto Nacional de Antropología e Historia INAH.

Una vez dentro del templo, uno se encuentra con un águila de piedra que hace la función de un lecho en el que los aspirantes serían perforados y tatuados para recibir su rango. El ritual se realizaba en presencia del huey tlatoani y sus dos generales, colocándose el primero de ellos en el centro, sobre el tallado de una piel de jaguar y el segundo a su lado sobre las imágenes de dos enormes águilas.

«Fue en 1501 cuando se ordena la construcción de este templo ceremonial. Moctezuma II le dio continuidad hasta que se concluyó en 1515. Este es el único templo que se conoce usaba el imperio azteca para graduar a sus guerreros».
Fuente: Félix Sánchez Benítez, Instituto Nacional de Antropología e Historia INAH.

Sobre las pruebas se dice que eran tan duras, que de todos los aspirantes sólo unos cuantos lograban superarlas durante el ciclo de 260 días de duración.

En el centro ceremonial también hay un templo a Tláloc y un temalacatl, que es una estructura circular donde los guerreros luchaban a muerte. Esto, que puede parecernos cruel hoy en día, era algo honroso para los mexica, pues para ellos no hay muerte más digna que morir en batalla y una muestra de ello es el siguiente poema:

“No te acobardes corazón mío:
allí en medio de la llanura deseo la muerte
a filo de obsidiana.

Solo quieren nuestros corazones muerte en guerra,
de modo que allí junto a la guerra
estoy deseando la muerte a filo de obsidiana”.

Y ahora en náhuatl:

Amo mahui noyolo:
ixquichca tlahco ixtlahuatl
nequi miquiz teneh in macuahuitl

Zan nequi toyolo miquiz in yaoyotl
canel nepa itech in yaoyotl
yetihca nequi miquiz
teneh in maccuahuitl.

Pero recuerda que en Malinalco solo se encontraban los guerreros que por voluntad propia quisieran el máximo de los honores como guerreros:

«Sólo los hombres que concluían sus estudios en las escuelas de alta enseñanza, el Calmecac y el Telpochcalli llegaban al Cuauhcalli o el templo de los guerreros águila o jaguar. Aquí tenían que realizar lo que en términos actuales calificaríamos como su examen final, su examen profesional.

Dicho examen consistía en enclaustrarse durante 40 días para realizar ciertas actividades como ayunos, meditaciones y brutales autosacrificios. Los que lograban terminarla se convertían en guerreros águila, representación del sol diurno, o jaguar, representación de sol nocturno».

Fuente: Félix Sánchez Benítez, Instituto Nacional de Antropología e Historia INAH.

Lo interesante de todo este proceso de selección, sacrificio y aprendizaje se ve reflejado en el compromiso social que los mexica tenían, no solo con el engrandecimiento de su pueblo, sino con el universo entero:

«Sólo los hombres que se probaban a sí mismos podían gobernar, no importaba que fueran de las clases sociales más bajas, si demostraban tener valor y conocimiento, podrían llegar a ser guerreros y con el tiempo podrían convertirse en tlatoanis».
Fuente: Félix Sánchez Benítez, Instituto Nacional de Antropología e Historia INAH.

¿Te imaginas cómo habría evolucionado aquella sociedad si los españoles no hubiesen interrumpido su historia?

Al parecer, una importante transformación ideológica estaba teniendo lugar en Mesoamérica, motivada por los enfrentamientos con otros pueblos, los conflictos internos y sobre todo por su sistema educativo que tendería a generar líderes que cuestionaban el orden establecido, tal como sucede en cualquier sociedad en algún momento de su desarrollo. Sin embargo, el “hubiera” en la historia no existe y no nos queda más que usar la imaginación.

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