Te gusta el pulque? Me imagino entonces que ya sabes de sus muchas propiedades, que detallé en este artículo. Ahora voy contarte la historia que, según la mitología mexica, dio origen al maravilloso regalo divino del octli.

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Mayahuel era una de las deidades relacionadas con la tierra, hermanada con otras como Tonantzin, la representación de nuestra Madre Tierra, con Cihuacóatl, patrona de las mujeres muertas en el parto y con Tlazoltéotl, la señora comedora de los pecados.

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Mayahuel era representada como una joven con el cuerpo pintado de azul que se asomaba por una penca de maguey. ¿Pero por qué te cuento esto y cómo es que el pulque llegó a la humanidad?

Un día en el que Quetzalcóatl se encontraba de buenas decide otorgarle a la humanidad una bebida que les brindara placer. Para ello se inspiró en una joven que le causaba mucho goce: Mayahuel, quien habitaba en el cielo junto a su abuela, una de las tzitzimime. Así que decidió ir a buscarla a su morada.

Quetzalcóatl la encuentra dormida y se las arregla para despertarla y convencerla de escapar con él a la tierra, a lo cual la jovencita accede. Los dioses siempre han tenido formas peculiares para reunirse y estos dos eligieron un árbol frondoso y cada uno de ellos se convirtió en una rama.

No pasó mucho tiempo hasta que la abuela despertó y, enfurecida por no encontrar a su nieta, convocó a las demás tzitzimime para que la ayudaran a buscarla. Estas se precipitaron de cabeza desde la bóveda celeste y cayeron sobre el árbol, partiéndolo en dos y haciendo que las ramas donde estaban posados los amantes cayeran a la tierra. La abuelita, sin embargo, no quedó satisfecha con este castigo, tomó la rama donde se hallaba oculta Mayahuel y, tras quebrarla con violencia, despedazó a la muchacha, dándosela a las tzitzimime para que la devoren.

La rama de Quetzalcóatl quedó intacta, pues la abuela había decidido que era un mejor castigo para él presenciar lo sucedido con su amada. Al recuperar su forma, Quetzalcoatl recogió los huesos roídos de Mayahuel, los enterró y de ellos nació la primera planta del maguey. Un homenaje al placer experimentado por los amantes y a su pérdida, que nos recuerda la importancia de disfrutar cada momento de gozo.