En el Jardín Centenario de Coyoacán -inaugurado para conmemorar los 100 años de la independencia de México-, se encuentra ubicada una de las más antiguas y hermosas edificaciones religiosas de la Ciudad de México: la Iglesia de San Juan Bautista.

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Este templo comenzó a construirse en 1560 y fue declarado Monumento Nacional el 13 de abril de 1934. En su pórtico de entrada, puede leerse: “No hay nada más aquí que la casa de Dios y la puerta del cielo”. Esta es su historia.

Cuando Hernán Cortés llegó a Coyoacán, en 1521, contó con la alianza invaluable del cacique mexica Ixtolinque, bautizado a la fe católica bajo el nombre de Juan de Guzmán, quien le donó al español una gran extensión de tierras. En estos terrenos se construyeron varios edificios religiosos, entre ellos la Iglesia y el ex Convento de San Juan Bautista.

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Aunque se creía que fueron los franciscanos quienes construyeron el templo y el convento, la verdad es que fue la orden de los Dominicos, quienes planearon y dirigieron la construcción del edificio provisional en 1528, sobre un calmécac (que era la escuela para los hijos de los nobles mexicas), y cuyos restos se conservan bajo uno de los claustros del convento.

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Considerada como una de las tres más antiguas de la Ciudad de México, la construcción que hoy podemos admirar se inició́ después de 1560.

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Poco se habla de que en la época virreinal existió una Archicofradía del Santísimo Sacramento, porque no se sabe a ciencia cierta cuándo fue fundada y cuándo se disolvió. Sus miembros eran solo españoles y criollos que se encargaban de cubrir los costos de la misa semanal de renovación, abastecer de ostias, de aceite para las lámparas, vino, flores y otras provisiones para ofrecer una misa digna, además de ser quienes albergaban a otras pequeñas cofradías. Una de las ventajas de pertenecer a una cofradía española era que se lograba tener más injerencia en los negocios y en los asuntos políticos de la iglesia.

Luis Everaert, cronista de Coyoacán, relata que se proyectó una construcción de grandes dimensiones con una amplia capilla abierta (a la que se llamaba capilla de indios), un portal de peregrinos, un gran atrio con tres arcos de acceso, realizados con una fino acabado estilo plateresco (de los que solo queda uno), cuatro capillas posas (edificios cuadrangulares abovedados ubicados en los extremos del atrio) y la cruz atrial.

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En 1800, cuando una epidemia de cólera azotó la zona, el gran atrio (que abarcaba hasta los arcos del Jardín Centenario) sirvió de cementerio. En la actualidad el cementerio es muy pequeño y se encuentra anexo a la iglesia; se accede a él por una entrada que está a un lado de la iglesia. Su fachada se reedificó en noviembre de 1804, fecha inscrita en su portal. Hasta 1880, el templo todavía conservaba su huerto y su atrio.

Fue hacia 1753 que los dominicos abandonaron Coyoacán, habiendo una sucesión de sacerdotes de diversas órdenes: franciscanos, dieguinos y carmelitas. El 8 de noviembre de 1921, los franciscanos dejaron su antigua iglesia de Texcoco y fueron reubicados en la de San Juan Bautista.

Encontraron la construcción prácticamente en ruinas debido a la lucha revolucionaria y el paso del tiempo, por lo que hubo necesidad de repararla por completo. Las restauraciones modificaron su aspecto interior y de las tres amplias naves quedó solo una. En esas mismas fechas se fundó ahí mismo el Colegio de las Tres Provincias.

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En 1933 se inició́ la restauración del decorado y los pilares, figuras y altares se recubrieron con lámina de oro. El pintor catalán Juan Fabregat había realizado las pinturas para los pasillos y la bóveda principal, las cuales hacen referencia a la historia de la orden Franciscana.

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Hacia 1944 quedó terminada la remodelación, aunque debido a la humedad esta reciente intervención fue deteriorándose y se inició́ un nuevo proceso de restauración en enero de 1970, siendo el pintor Mario Velázquez el encargado de realizar esos trabajos. Es posible apreciar todavía en su interior algunas obras del virreinato, el presbiterio y un retablo barroco íntegro, dedicado hoy en día a la Adoración del Santísimo.

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En el siglo XIX, el templo de San Juan Bautista fue visitado en una Semana Santa por la Marquesa de Calderón de la Barca, quien en su obra “La Vida en México”, nos da una detallada descripción de la decoración de la iglesia, y las celebraciones de jueves y viernes santos:

“La iglesia es admirablemente hermosa, uno de los más bellos templos del pueblo que hemos visto, iluminado brillantemente y adornado con cargamentos de flores y frutas, especialmente naranjas”.

En julio de 1926, al no quererse someter a la Ley de tolerancia de cultos o Ley Calles (para controlar y limitar el culto católico en México), el templo se cerró temporalmente al culto. Unos años después de terminada la Guerra Cristera (1926-1929) ocurrió una tragedia en esta iglesia, que dio origen a “la mártir de Coyoacán”.

María de la Luz Cirenia Camacho González fue asesinada el 30 de diciembre de 1934, en la puerta de la parroquia, durante una balacera acontecida en el marco de un mitin anticatólico en Coyoacán. Los autores fueron los llamados Camisas Rojas, jóvenes organizados por Tomás Garrido Canabal en contra de la religión católica.

La catequista fue herida en el pecho, pero alcanzó a recibir los auxilios espirituales de manos de un fraile de apellido Torres. Murió poco después. Su sepelio fue sobresaliente y se organizó una marcha multitudinaria hacia el Zócalo de la Ciudad de México para exigir al gobierno un castigo contra los culpables. Sus restos reposan en la Parroquia de San Juan Bautista de Coyoacán, en espera de su beatificación (proceso iniciado en 2002).

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Durante el sismo del 19 de septiembre de 2017 la iglesia sufrió daños severos que se pueden observar a simple vista, como el ocurrido segundo cuerpo de la torre, algunos soportes fracturados y la cúpula colapsada, que han sido ya puestos en manos de especialistas.

A pocos años de cumplir su quinto siglo de existencia, esta parroquia sigue siendo visitada por miles de personas que llegan a Coyoacán anualmente. Además, la parroquia ha sido escenario de películas, telenovelas, documentales e incluso conciertos de música clásica y sacra. Es parte considerada esencial para el recorrido de diez templos en la CDMX, sugeridos a los turistas nacionales y extranjeros. Cada año, en Semana Santa, se lleva a cabo la Procesión del Silencio y la fiesta patronal es el día 24 de junio.