Se ríen como niños, trenzan la crin de los caballos, esconden los objetos de las casas y hacen travesuras para asustar. Son seres pequeños que viven generalmente en los bosques cerca de los pueblos en México y que a más de uno le habrán sacado un susto: son los chaneques.

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Si hay algo que impresiona de las mitologías alrededor del mundo, es la semejanza que guardan en algunas ocasiones los seres mágicos de una latitud con los de otra al otro lado del mundo. Hoy te hablaremos de un personaje que aparece una y otra vez en diferentes culturas separadas por miles de kilómetros.

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Se trata de los duendes, que dependiendo de cada región, les nombran de forma distinta. En México hay 62 lenguas nativas y por cada una reciben un nombre diferente, por ejemplo los mayas les llaman aluxob (alushob) y los nahuas le llaman “chaneque”, los hñä-hñü del estado de México les llaman “uamá”.

¿Quiénes son los chaneques?

Según la mitología mexica, se llaman “ohuican chaneque”, que se puede traducir como “los habitantes de los lugares peligrosos” y, al igual que en todo el mundo, son seres que se encargan de proteger la naturaleza. Las leyendas más antiguas se han situado en el siglo IX y los describen como pequeñas personas de una estatura no mayor a un metro de altura, con cara de ancianos, con actitud traviesa, los pies al revés. Estos juegan con los intrusos que osan invadir su territorio, haciendo que pierdan el rumbo incluso por varios días, testimonios que hasta nuestros días no es raro escuchar de aquellas personas que se han internado en bosque espesos del centro y el sur de México.

Los mexica también les atribuían la capacidad de hacer perder a las personas su tonali, es decir, la suerte o destino con el que uno nace según el calendario prehispánico de Anáhuac.

Otras de las feas cualidades de estos pequeños es la de desaparecer las cosas de su sitio, como las llaves de la casa, el dinero, alguna joya, un papel importante o cualquier elemento de valor para el habitante de la casa.

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Hasta ahí no hay mayor problema, lo feo viene cuando escuchas los pasos, las risas o las cosas moverse…
Pero no creas que esto es una simple leyenda que se viene repitiendo de boca en boca desde hace más de 500 años. Si tienes la suerte de convivir algunos días con las personas de algunos pueblos de México del estado de Veracruz, estado de México, Oaxaca, Chiapas, Yucatán, Puebla, Tlaxcala, Michoacán y Guanajuato, ellos mismos te contarán haber visto alguno o ser testigos y hasta víctimas de sus travesuras, ya sea perdiendo a alguien en algún bosque cercano, escondiendo sus pertenencias, riendo como niños pequeños causando tremendos sustos o arrojando piedras a los techos de las casas.

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En algunos pueblos de los estados mexicanos mencionados es muy común escuchar las historias de los duendes que trenzan la crin de los caballos, que asustan a las gallinas y guajolotes o jalan la cola a los perros. Parece gracioso, ¿no? Bien, ahora imagina el alboroto de los animales y que tienes que salir a ver qué sucede.

Nadie puede demeritar el juicio de las personas que alegan haber presenciado la magia de los chaneques. Solo resta comprobar por sí mismo la veracidad de las historias. Dos excelentes sitios para poner a prueba el valor son la selva de los Tuxtlas en Veracruz y el centro ceremonial otomí Temoaya, dónde muchas personas cuentan haberse llevado algún susto y hasta haberlos visto.

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Pero mucho cuidado, hasta en el caso de los chaneques los hay buenos y malos. Los primeros solo son traviesos y viven algunas veces en los hogares de los humanos. Pero los segundos, es decir, los malos, ni gustan de la presencia humana y prefieren vivir alejados en la espesura del bosque o la selva, así que tú decides que experiencia seguir.

En líneas anteriores te contamos que estos pequeñines son seres mitológicos constantes alrededor del mundo, lo que nos hace pensar ¿es una coincidencia? ¿o realmente existen y están ahí, ocultos, esperando para cometer sus travesuras?

Fuentes

  • Guía de seres fantásticos del México prehispánico de Marcia Trejo Silva
  • Relatos orales, es decir, historias que me contaron mis abuelos, y algunos viejecitos en Veracruz…
  • Crédito imagen de portada: