El dzulúm

En las serranías de Chiapas existe un ente maléfico conocido como el dzulúm, una criatura misteriosa que provoca una atracción irresistible en las mujeres. Las jóvenes que lo avistan sienten unos deseos irreprimibles de seguirlo, se adentran a la selva de los montes y nunca más se les vuelve a ver… El nombre de este extraño animal significa, en español, “ansia de morir”.

 

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Yoaltepuztli

Se dice que en los bosques cercanos a Tenochtitlan rondaba este ser sin cabeza, que hacía ruidos semejantes a los de la tala de un árbol. Quien lo escuchaba acudía a él a pedir su favor, riquezas, ayuda para capturar un guerrero enemigo o cometer alguna hazaña. Esta criatura les brindaba a algunos lo pedido y, a otros, pobreza y miseria. El fantasma obsequiaba espinas de maguey y, entre más valiente y de espíritu más indómito fuese su visitante, más espinas recibía. Así, a los más débiles les regalaba una y a los más esforzados hasta cuatro espinas y la gracia de sus favores.

Otra forma de obtener sus favores era arrancándole el corazón y correr con él hasta resguardarlo y envolverlo. A la mañana siguiente, si en el envoltorio se encontraba algo de valor como plumas o algodón, entonces la riqueza se aproximaba. Si, por el contrario, se encontraba carbón o un manto raído y sucio, significaba que la desgracia caería sobre aquel que había robado el corazón. ¡Ay!

 

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Ahuizotl

Ahuizotl era una criatura con forma de perro, manos de mono y con una larga cola que terminaba en una mano y con la que ahogaba a los incautos. Estaba al servicio de las deidades del agua, por lo que la víctima sólo podía ser tocada por los sacerdotes luego de haber sido sacada del agua. Era símbolo de mala suerte y desgracia.

 

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Ixpuxtequi

De acuerdo a la mitología de los nahuas, era una de las bestias prehispánicas conocidas como las cuatro deidades de la muerte. Su nombre, derivado del náhuatl, significa “cara rota”. Esta deidad es representada como un ente con pies de águila. Los antiguos mexicanos pensaban que Ixpuxtequi vagaba por las noches por calles y caminos para sorprender a los viajeros solitarios.

 

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Cipactli

El caimán en los cimientos de la Tierra fue muerto por la lanza de Tezcatlipoca, aunque le arrancó a éste el pie izquierdo, también llamado Tlaltecuhtli.

 

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Aluxes y chaneques

La creencia es que los aluxes y chaneques eran seres diminutos que no medían más allá de la rodilla de un hombre normal y eran quienes cuidaban las plantas, las lagunas y hacían travesuras. Por esta razón, las culturas prehispánicas tenían rituales de protección contra ellos, ya que se creía que podían robar tu energía protectora. Los aluxes también eran invocados para cuidar las cosechas y aún hoy algunos nativos siguen dedicándoles altares y ofrendas.

 

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Nahuales

Los nativos prehispánicos creían que existían nahuales, es decir, personas con la capacidad de cambiar su forma física a cualquier otra forma animal e incluso humanas a voluntad. Aún hoy en día en cada pueblo con raíces nativas se cuentan leyendas o se conocen personas de las que, se dice, tienen esta capacidad…

 

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Quatezcatl

Tenía el tamaño de una paloma y un espejo en la cabeza, el resto de su plumaje era azul y blanco. Estos seres nadaban en las lagunas de Anáhuac. Cuando se zambullían, los quatézcatl tomaban la forma de brasas resplandecientes que iluminaban las profundidades. Se dice que quien se contemplaba en el espejo de la cabeza del quatézcatl podía ver su porvenir.

 

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Chocacíhuatl (La llorona)

Según el Códice Aubin, Cihuacóatl fue una de las dos deidades que acompañaron a los mexicas durante su peregrinación en busca de Aztlán. De acuerdo con la leyenda prehispánica, fue ella quien -poco antes de la llegada de los españoles- emergió de los canales para alertar a su pueblo de la caída de México-Tenochtitlán, vagando entre los lagos y templos del Anáhuac.

Vestida con un vaporoso vestido blanco y con sus cabellos negros y sueltos, se lamentaba la suerte de sus hijos con la frase – ¡Aaaaaaaay mis hijos… Aaaaaaay aaaaaaay!… A dónde iréis….a dónde os podré llevar para que escapéis a tan funesto destino….hijos míos, estáis a punto de perderos…-.

Posterior a la caída de Tenochtitlan y durante la colonia, las apariciones de esta mujer seguían siendo consistentes, y múltiples versiones sobre su origen se generaron en todo el país. Hoy en día, de manera general, se la llama “La llorona”.

 

Serpiente de jícara

Era característica de las lagunas y ríos del centro de los dominios mexicas, y se le conocía también como Jicalcoate o Xicalcóatl. Este ofidio poseía una piel negrísima, sus escamas parecía que hubieran sido pulidas de tanto que brillaban. Pero lo que la hacía distinta a cualquier otra culebra del mundo es que exactamente en medio del lomo tenía una jícara -hecha de su propia piel- de colores tan hermosos y diseño tan delicado que cualquiera la creería salida de las manos de un artista.

 

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El Señor del Monte

Similar a los espíritus de las regiones silvestres de los mayas, los balames y los aluxes, el Señor del Monte es una figuración de ciertas presencias mágicas que protegen a los indígenas mazatecos que trabajan en los cerros. El Señor del Monte también es venerado por los indígenas otomíes que habitan por las regiones profundas de Puebla.

 

Envoltorios de cenizas humanas

Eran seres fantasmales asociados a Tezcatlipoca. En cierto pasaje de los escritos de Bernardino de Sahagún, se nos cuenta que eran espíritus sin cabeza ni pies, que rodaban por el suelo, emitiendo lastimosos quejidos, como los que lanzan los enfermos graves. De acuerdo a las antiguas creencias, quien avistaba uno de estos seres se condenaba a sufrir un destino funesto.

Este artículo sobre bestias prehispánicas fue actualizado por última vez el 12 de Diciembre de 2019.