Tan cerca y tan lejos. Oler el mar pero llevar un mes sin verlo, saber que en diez minutos te podrías plantar en el medio de un monte pero llevar un mes sin pisarlo, ver desde la ventana un día precioso que invita a salir a la calle y pasear pero limitar tus paseos a ir a la compra o al contenedor. Ahora que todas las distancias parecen inabarcables y que el tiempo se nos hace eterno, ahora que valoramos todo lo que antes dábamos por hecho, no podemos salir a pisar todos nuestros rincones favoritos (o esos que no sabemos cómo no hemos visitado nunca), pero sí ir haciendo una lista de adónde queremos ir cuando esto acabe. Este verano, además, será raro y de turismo local. Menos mal que vivimos en Galicia.

1. A las islas Cíes


Empiezo por aquí porque para mí las Cíes son verano e infancia, las Cíes son nostalgia. Confieso también que hace años que no voy por eso del turismo y de que los paisajes idealizados a veces pierden cuando vuelves a ellos, pero ahora pienso en el verano —que no sabemos cómo será ni lo que podremos hacer— y se me ocurre que, si ya somos algo más libres, la previsible falta de turistas quizá me dé una buena excusa para volver. Y si no en 2021, que las islas seguirán ahí.

2. O a Ons


Ons, paraíso libre de coronavirus, se perfila como un lugar si cabe aún más atractivo. O a A Illa, o a cualquier otro archipiélago o isla. Será por islas en Galicia. De un aislamiento impuesto que llevamos como podemos a o otro más literal, buscado y placentero.

3. A las fragas do Eume


Es uno de los bosques atlánticos de ribera mejor conservado de Europa, y eso que en 2012 ardieron unas 750 hectáreas (¿estarán confinados los pirómanos?). Llegarás al famoso y fotogénico puente y querrás hacer una foto, sí, pero con los ojos y no tanto con la cámara. Estaremos sedientos de paisajes reales. Tan verde, tan de leyendas mágicas, tan de monasterio y piedra y sendero.

4. Al Courel


Y, allí, a la devesa da Rogueira, joya ecológica de la sierra y de Galicia. Haremos senderismo, veremos valles, ríos y montañas, visitaremos aldeas tan singulares como O Cebreiro, con sus pallozas, o haremos la ruta de las aldeas paleozoicas.

5. A los Ancares


En la frontera con León, con quien compartimos esta sierra, los Ancares nos dan montañas que rozan los 2000 metros (se quedan a muy poquito) y valles profundos, castaños y robles, y superficies por las que corren jabalíes, ciervos y hasta algún oso pardo. En el medio, aldeas ancladas en el tiempo, como Piornedo o Pereda de Ancares.

6. A las fervenzas


Y no solo a la de Ézaro, en la que el río Xallas cae directamente sobre el mar, sino también a la de Augacaída, en plena Ribeira Sacra, la del Toxa, la más alta de Galicia en caída libre, o la de Vilagocendre, en A Fonsagrada. Agua que cae y no es lluvia, agua que parece que hierve, pero que está fría.

7. A los acantilados


¿No echáis de menos el viento? ¿Ese viento fuerte y frío que despeina y muchas veces moja, ese viento en el que puedes jugar a apoyarte? ¿Ese viento del que te has quejado tantas veces? Pocos lugares mejores para experimentarlo que al borde (pero no mucho, tened cuidado) de un acantilado.

8. A las playas


¿Podremos ir este verano a las largas playas y a las calas escondidas que bordean nuestras costas? ¿Las tendremos para nosotros y oiremos solo acento local? ¿Nos bañaremos sin quejarnos de la temperatura del agua? Porque qué real y placentero un baño en agua atlántica después de semanas de irrealidad y ver el mundo por la pantalla.

9. Al fin del mundo


Es decir, a Fisterra. A mirar a lo lejos, a buscar ese horizonte que desde casa no siempre tenemos al alcance, a volver a acostumbrar los ojos al infinito.

10. A la Ribeira Sacra


Cada uno tiene sus vistas favoritas y elegir una es complicado. Pero a mí siempre me da mucha paz asomarme a los cañones del Sil, recorrer las carreteras de la Ribeira Sacra, ver monasterios e iglesias asomarse entre tanto verde. Y el vino, ¡claro!

11. A las ciudades


Incluso aunque vivas en una de ellas, aventurarse más allá del supermercado será casi como pisar un lugar nuevo, o una ciudad en la que viviste y fuiste feliz y a la que ahora vuelves. Quizá durante la cuarentena hayas decidido que en cuanto puedas te mudas al rural, a una casita, al monte. Pero al salir, cuando reabran los bares, mientras te tomas una tapa y una caña en una terraza (que no solo lo puedes hacer en ciudades, pero preferirás no pensar en el tema), recordarás que la vida urbanita también tiene sus ventajas.

12. A los pazos


Imagina estar confinado en un pazo. «Hoy solo he podido moverme por veinte habitaciones y esa vuelta a los jardines que me llevó dos horas no me llegó a nada». Al salir de esto, podremos volver a visitar los que están abiertos al público y a recorrer esos jardines en los que quizá ya nos hayamos perdido la primavera, pero que seguirán siendo igualmente idílicos. Y desearemos vivir allí, aunque solo sea por si llega una pandemia.

13. A los castros


El que tengas más cerca, el que más te guste, ese que aún no has visitado. Mi castro de referencia (tenemos todos uno, ¿no?) es el de Santa Trega, en A Guarda, con su dos en uno: castro magnífico y vistas al Miño y a Portugal.

14. A las fiestas gastronómicas


Es inevitable sentir la incertidumbre, preguntarnos si volveremos a estar cómodos rodeados de gente, mucha gente que come y bebe. Quizá no este verano (¿habrá fiestas gastronómicas este verano?), pero espero que el que viene nada nos robe esta manifestación de la cultura gallega. Y quien dice fiestas gastronómicas dice fiestas de recreación histórica.

15. A Portugal


Ya, ya, pero a los que vivimos muy cerca de la frontera se nos hace raro pensar que no podemos cruzarla. Y en Portugal, incluso en tiempos de pandemia, todo es mejor.

16. A las puestas de sol


Espero que no corramos todos a las puestas de sol más populares. El sol se pone siempre, y cualquier punto desde el que podamos ver ese espectáculo que nos da todos los días la naturaleza (aunque a veces esté tapado por las nubes) será un lugar mágico, especialmente si desde nuestra casa no se ve.

17. Al mejor verano del mundo


Será este o será el del año que viene. Pero volveremos a él y nos parecerá perfecto —porque lo es— aunque llueva.