Photo: Joaquin Osorio Castillo/Shutterstock

Por qué deberías dejarlo todo y mudarte a Galicia

Galicia
by Ana Bulnes 29 Apr 2019

El clima

Ya, ya, no os lo creéis porque habéis oído no sé qué de que en Galicia siempre llueve. No voy a mentir y decir que no llueve nunca, pero mucho menos de lo que te han hecho creer. Tenemos además la habilidad de contrarrestar las gotas frías de otras partes del país —esas con fama de lugares soleados— con tiempazo, especialmente en vacaciones. ¿El ejemplo más reciente? Esta pasada Semana Santa. En general, con algunas excepciones, en verano no hace demasiado calor y en invierno no hace demasiado frío (aunque mejor si te haces con un deshumidificador).

Los paisajes

Siempre recuerdo una vez que volvía en tren desde Madrid y que, al entrar en Galicia, una pasajera le dijo maravillada a su acompañante: «mira, mira cuánto verde». Para mí es la prueba definitiva de que esa entrada en Galicia en tren por Ourense es impresionante para todo el mundo, no solo para los gallegos morriñentos que retornamos. Pero Galicia no solo es el verde. También es el azul, el del mar y el de los ríos. Puedes quedarte boquiabierto viendo cómo el mar rompe contra las rocas un día de temporal, sentir cómo todo tu cuerpo se relaja viendo las barquitas reposar al lado de un muelle un día de mar tranquilo, observar cascadas, sentirte pequeño en los cañones del Sil, pararte a escuchar cómo flluye un regato.

La comida

Esto ya lo sabes, porque si hay algo que se dice siempre de Galicia es que aquí se come muy bien. Y, a diferencia de lo que pasa con el tema del clima, esto es una verdad completa. Empanada, pulpo, mucha verdura, mucho pescado y, sí, todo lo que quieras del cerdo. Y la ternera. Si eres vegetariano tendrás que buscar un poco más (especialmente si tampoco te vale verdura o caldo que haya sido cocinado con carne), pero no te preocupes demasiado. Dominamos el arte de la tortilla de patatas, tenemos pimientos de Padrón y nuestro pan está riquísimo. Y si no siempre puedes darte al vino.

La bebida

Porque nuestro vino vale la pena. Tenemos cinco denominaciones de origen (Ribeiro, Rías Baixas, Ribeira Sacra, Valdeorras y Monterrei), pero también vino casero sin D.O. que te hará muy feliz (aunque con algunos quizá seas infeliz al día siguiente). Después están, por supuesto, el licor café, la queimada, la crema de orujo, los licores de hierbas…

Y algo que no se suele destacar en estas listas (porque se centran en el alcohol): el agua. Está rica (en ciudad menos, pero nada que no arregle una Brita), es potable y es blanda (aquí no entendemos bien los anuncios de antical).

La cultura

Galicia siempre sorprende a los visitantes de fuera de España que no saben que el país es tiene una realidad plurinacional y que es muy diverso culturalmente. Desde la música tradicional hasta la gastronomía, pasando, cómo no, por la lengua (algo que tendrá su punto propio). Esto no significa que tengas que pasarte la vida en conciertos de folk y fiestas patronales (si quieres sí, claro). La oferta cultural tiene también mucho de vanguardista, y hay muchísimos artistas haciendo cosas muy interesantes en este ámbito. Lo mejor es siempre consultar la agenda cultural y estar abierto tanto a espectáculos tradicionales como a orquestas como a arte experimental.

La lengua

¿Es posible vivir en Galicia sin hablar gallego? Sí. Pero es mucho más enriquecedor —y te ayudará a adaptarte, integrarte y entenderlo mejor todo— interesarte por la lengua propia del lugar en el que estás, estudiarla y lanzarte a intentar comunicarte en ella. Si el castellano es la única lengua romance que conoces, notarás que al aprender gallego de pronto entiendes mucho mejor cualquier otra lengua de esta familia lingüística (y no solo el portugués). Y si ya hablas alguna otra, aprender gallego será pan comido. En cuanto tienes dos lenguas romances en tu cerebro, desbloqueas el comodín de aprendizaje rápido para el resto. Pero aunque no fuese así, seguiría valiendo la pena: aprender gallego no es un medio para llegar a otras lenguas, es un fin en sí mismo. También nos caerás mejor, todo hay que decirlo.

La calidad de vida

Siempre que voy a una ciudad grande lo pienso. Los tiempos, los atascos (ya sabéis, la vidilla de Madrid), la contaminación, los precios… Luego sus habitantes te dicen que si no sé qué de la oferta cultural mientras tú piensas que vas a conciertos y exposiciones igual (y que te lo puedes permitir y te da tiempo), que en tu día a día no pierdes horas en transporte público, que al aterrizar en casa no tienes que atravesar una nube gris que sabes que no es natural (porque nubes grises sí tenemos), que todavía hay playas libres de turistas en verano, que el pescado es fresco y las empanadas reales y que la piel no se te seca.

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