Elena Poniatowska sostuvo, en una entrevista en 2011, que «las mujeres son las grandes olvidadas de la historia. Los libros son la mejor forma de rendirles homenaje». Durante la Revolución, las mujeres tuvieron una participación relevante, no solo apoyando a sus maridos e hijos, sino que su presencia se hizo patente de muchas maneras: fueron soldaderas, periodistas, informantes, espías y correos. Aunque la gran mayoría de sus nombres aún permanezcan anónimos, la incursión femenina cambió el rumbo de la historia mexicana. Hoy te cuento sobre algunas de estas mujeres en la Revolución Mexicana, cuya historia sí ha logrado la merecida trascendencia.

 

Hermila Galindo (1886-1954)

Como editora de la Revista femenina Mujer Moderna, en 1915 trabajó a favor de Venustiano Carranza y se pronunciaba a su favor ante grupos feministas, animando a las mujeres a luchar por sus derechos. Era temida por los moderados y por la Iglesia Católica, ya que abogaba por educación e igualdad para las mujeres, no solo académica, sino sexual.

 

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Además, apoyaba el derecho femenino al voto y lo promovió activamente para que fuera incluido en la Constitución Política de 1917. Sin embargo, el Congreso Constituyente decidió no incluir el voto femenino y no fue sino hasta 1953 (un año antes de su muerte) que Hermila vio realizado su sueño, cuando el Congreso y el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines aprobaron la reforma al artículo 34° constitucional.

 

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Para Hermila Galindo la mujer mexicana tenía que lograr tres emancipaciones: la del clero, la de los prejuicios de la sociedad existente y la del hombre. En 1919 publicó “La Doctrina Carranza y el acercamiento indolatino”, en el que mencionaba cuál había sido su contribución: “una constante labor de dignificación y de liberamiento de la mujer, pugnando porque las mujeres ocupen el lugar que en justicia le corresponde en el concierto social”.

 

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Juana Belén Gutiérrez (1875-1942)

Esta duranguense fue una profesora y periodista anarquista, feminista, sufragista y activista que, durante el porfiriato, se pronunció fuertemente en contra del catolicismo radical, la corrupción política y las injusticias sociales. Fue encarcelada en varias ocasiones (la primera vez en 1897, por defender los derechos laborales de los mineros de La Esmeralda), pero continuó expresando sus ideas sobre la falsedad de líderes y partidos políticos.

 

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Emiliano Zapata fue el único que la consideró una verdadera líder. A través de sus escritos y artículos, y como férrea demócrata, Juana instaba a todos los mexicanos a despertar y a luchar por sus derechos mediante el voto. Fundó el Club Liberal Benito Juárez en 1899 y, en 1907, Las Hijas de Anáhuac, formado por unas 300 mujeres que, a través de huelgas, exigían mejores condiciones laborales para ellas. Juana también fue parte del grupo que elaboró el Plan de Ayala, en 1911. Después de la revolución siguió activa y, en 1930, se convirtió en editora del periódico Alma Mexicana. En 1940 fundó el grupo La República Femenina. Continuó colaborando en diversos periódicos hasta su muerte.

 

Dolores Jiménez y Muro (1848-1925)

Dolores fue socialista y activista política en su natal Aguascalientes y trabajó en numerosas publicaciones de izquierda. Una de ellas fue La Mujer Mexicana, donde era miembro de la redacción, lo que le valió ser encarcelada por los gobiernos de Porfirio Díaz y de Victoriano Huerta.

 

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En 1911 planeó una conspiración para llevar a Francisco I. Madero a la presidencia; como simpatizante del Partido Liberal Mexicano, colaboró en la redacción de su programa, teniendo como compañero a Ricardo Flores Magón. Al conocer sus ideas sobre los derechos sociales y económicos de los trabajadores, Emiliano Zapata le pidió ayuda para su causa, a la que ella se unió en 1913, y permaneció con él hasta que fue asesinado en 1919.

Formó parte de grupos femeninos conformados por maestras, campesinas, intelectuales y obreras que abogaron por obtener derechos sociales, económicos y políticos para la mujer; presidió el Club Femenil Hijas de Cuauhtémoc quienes, con Dolores al frente, protestaban con la consigna: “Es tiempo de que las mujeres mexicanas reconozcan que sus derechos y obligaciones van más allá del hogar”.

Hasta su muerte en 1925, Dolores defendió a la mujer mexicana, afirmando que “son una parte crucial en la economía, y por eso ellas merecen beneficios de las reformas económicas de México”.

 

Natalia Serdán Alatriste ( (1875-1938) y María del Carmen Serdán Alatriste ( (1875 -1948)

Oriundas de Puebla, simpatizantes con la causa maderista y leales mujeres en la Revolución Mexicana. Fueron hermanas de Aquiles y Máximo Serdán, y pertenecieron al Partido Nacional Antirreeleccionista, fundado por el primero y por Francisco I. Madero.

 

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Natalia fue la mayor de los hermanos Serdán y se convirtió en el sostén de sus hermanos mientras estos se dedicaron a preparar el movimiento revolucionario. Prestó su casa, ubicada en la calle de Portería de Santa Clara, donde ocurrieron los hechos históricos que aceleraron el estallido de la revolución.

El 18 de noviembre de 1910 ella se encargó de llevarse a sus hijos y a los de su hermano Aquiles minutos antes del ataque de los soldados del gobierno porfirista. Consiguió abogados para su hermana Carmen y para la esposa de Aquiles, quienes permanecían en la cárcel por alterar el orden en la ciudad.

Carmen, en compañía de un grupo de mujeres poblanas, llevó a cabo acciones de propaganda anti-reeleccionista. Cuando Francisco I. Madero visitó Puebla durante su campaña electoral, ofreció al grupo promover una política de igualdad en el trabajo y en la remuneración. A ese grupo se unió Sara Pérez Romero, la esposa del candidato. Marcos Serrato fue su seudónimo, el que usó para intercambiar mensajes en clave con su hermano Aquiles – que estuvo un tiempo en Texas-, a través de diferentes periódicos. Como sus hermanos eran estrechamente vigilados, ella y las mujeres del llamado Club Femenil se encargaron de los preparativos de guerra, distribuyendo armas entre distintas tropas guerrilleras y difundiendo panfletos sobre el Plan de San Luis, que indicaba los pasos a seguir en el levantamiento armado. En ese grupo se encontraban Carmen Alatriste y Francisca del Valle, su madre y su cuñada.

 

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Fundó y formó parte de la Junta Revolucionaria de Puebla, colaboró como articulista en El Hijo del Ahuizote y el Diario del Hogar; y ​organizó reuniones donde difundió la entrevista Díaz – Creelman, que aceleró el inicio de la revolución. Debido a ello, el 18 de noviembre de 1910, su domicilio fue atacado por el ejército federal.

La familia Serdán se resistió y Carmen dirigió un emotivo discurso a la población desde un balcón de su casa, mientras blandía un fusil. Por ello se dice que ella fue quien disparó el primer balazo de la Revolución. Fue herida y se la envió a la cárcel de La Merced. El 20 de noviembre de 1910 fue nombrada encargada de la logística del movimiento revolucionario en su estado.

 

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Después de la guerra trabajó como enfermera en hospitales militares, colaboró en algunas ocasiones con Zapata y finalmente se dedicó a cuidar a sus sobrinos huérfanos, los hijos de Aquiles, quien lamentablemente perdió la vida ese trágico 18 de noviembre.

 

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Como también te he contado en otros artículos, son muchas las mujeres que han transformado la historia de México. Protagonistas y conquistadoras de derechos, las mujeres en la Revolución Mexicana han transformado la lucha en aprendizaje, y por eso siempre es bonito recordarlas. ¡Gracias!