A pesar de la idea que se tiene de excelente salud gozada por los habitantes del México prehispánico antes de la llegada de Cortés, aquellas culturas también conocieron las epidemias que, aunque no diezmaron a la población en la magnitud en que lo hicieron las traídas por los españoles, sí ocasionaron problemas muy graves.

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Para 1446, por ejemplo, durante la gran inundación que motivó a Nezahualcóyotl la construcción del dique que separaba las aguas dulces y saladas del lago del Valle de México, se registró una plaga de langostas y grandes problemas por sequías y escasez (Códice Chimalpahin).

Posteriormente, de 1450 a 1454, sequías y heladas llevaron al Valle de México a una terrible crisis de hambruna y enfermedad. En el año Matlacctli Tochtli (diez conejo) correspondiente al año de 1450, ocurrieron severos cambios climatológicos que incluyeron una helada que propició el hambre, la contaminación de las aguas y la aparición de epidemias.

Lo anterior se dejó sentir en la zona de influencia de la Excan Tlatoloyan (Tenochtitlan,Texcoco y Tlacopan), en la que su población disminuyó y los gobernantes tuvieron que tomar medidas extremas para un imperio tan grande como lo fue el suyo, pues los siguientes seis años que fue la duración de la desgracia ecológica, dejaron de levantar tributos y tuvieron que hacer uso de las reservas imperiales para alimentar a la gente.

En el año Ce Tochtli (uno conejo), es decir el año de 1453, una hambruna azotó al Valle de México, lo cual tiene registro en el Códice Chimalpopoca, donde se estipula que todo “se aconejó”, e incluso algunos tuvieron que emigrar a tierras totonacas:

«…es decir, se apropió de todos los males de un signo astrológico desventurado como sería uno-conejo, o se fue con los totonacas. Entonces estaba la guerra de los chalcas en todas las cercas del monte (quauhtenampan); y por esto cesó, ya no se hacía la guerra. Hubo hambre tres años; ya no se daban los mantenimientos».

Por tal razón los habitantes del Valle de México tuvieron que irse hacia tierras más cálidas, donde las inclemencias del tiempo no habían hecho estragos. Los que se quedaron vendían su libertad a cambio de comida, muchos otros vendieron a sus hijos con los totonacas, hecho que describe Torquemada en su “Monarquía Indiana”:

«…de aquí resultó una grandísima hambre, y tanto, que llegaron estos pobres mexicanos a comer raíces, de rulin y otras raíces de yervas silvestres, por no tener cosa que comer; y llegó a tanto la penuria, que se vendían los unos a los otros, por precio de maíz: y viendo el rey y su concejo, que esto pasaba, y que era fuerza pasara así, porque de todo punto no perecieran los mexicanos, dieron permiso, de que ya que se hubieren de vender por esclavos, fuese el valor y precio de una doncella, cuatrocientas mazorcas de maíz, que desgranadas hacen una hanega, o poco menos, y el de un mancebo, o mozo, fuesen 500 mazorcas».

A tal grado llegó el desastre, que en Tenochtitlan se tuvo que legislar para permitir a su población emigrar, pues para el 8vo mes de hambruna, las reservas imperiales comenzaron a agotarse y multitudes enormes tuvieron que abandonar el Valle de México, uniéndose a la multitud que fue vendida por comida. Sin embargo, ya que la sequía era provocada por heladas, quienes decidieron marchar tuvieron que enfrentarse a «la plaga del cielo», es decir el frío, que mató a muchos de los que iban en la caravana.

El clima enfrió tanto que Alva Ixtlilxóchitl, en su “Historia de la nación chichimeca”, expresó que las nevadas llegaron a tal temperatura que se desató un «catarro pestilencial», lo que diezmó aún más a la población, en especial a las personas de edad avanzada, lo cual podría tratarse de una influenza de alta mortalidad que se desarrolló por la gran cantidad de factores que se mezclaron en ese momento.

Pero lo peor no había llegado, pues el Códice Chimalpopoca describe:

«En el año 3 técpatl, en este año se dieron los bledos, que era todo lo que se comía y por eso hubo mortandad. Fue el tercer año que hubo hambre. Están pintadas las figuras de la gente, a quien comen las auras y los coyotes».

Es muy probable que a todo lo anterior se agregaran problemas gastrointestinales, pues en 1455 la sequía llegó a su fin y aunque el hambre paulatinamente también terminó, las epidemias siguieron cobrando víctimas hasta 1556.

Ya que para los pueblos antiguos en cualquier parte del mundo las epidemias y catástrofes eran el reflejo de la ira de los dioses, el factor psicológico jugó un papel muy importante, pues la moral se encontraba por los suelos y parecía no haber forma de solucionarlo.

Así que como puedes apreciar, las catástrofes de salud pública no eran algo desconocido para los nativos y se encuentran ampliamente registradas. Con la llegada de los españoles, conocieron nuevas enfermedades, pero no nuevas situaciones, aunque el agravante fue que Cortés aprovechó una epidemia en su favor, para así derrotar a los pocos sobrevivientes que quedaban.