1. El almuerzo

Para los valencianos el almuerzo es una especie de religión que nada tiene que ver con la comida principal del día, aunque lo parezca. Se trata de comerse un bocadillo bien jugoso a media mañana, acompañado de unos encurtidos, cacahuetes, café y bebida. Todo por un módico precio que ronda los cinco euros. Al no ser ciudad de tapas o pinchos dicen que Valencia es cara, pero comerse un almuerzo de esos que después cuesta levantarse de la silla no tiene rival con ninguna comida mundial, ni por precio, ni por calidad.

2. El Turia

El jardín del río Turia divide a la ciudad en dos, o mejor dicho, la une. Porque se ha convertido en el corazón de la misma. Un río convertido en parque donde deporte, cultura y múltiples eventos comparten armónicamente un mismo espacio. Si te gusta correr, pasear, hacer un picnic, jugar al ping pong, o simplemente sentarte en el césped a leer: Valencia tiene un jardín que conjuga todo eso y mucho más.

3. La luz y “caloret”

Nuestro clima es envidiado y con razón. Más de 300 días de sol al año provocan que Valencia sea sinónimo de buen tiempo. La brisa marina y los inviernos suaves hacen que el clima valenciano sea ideal durante todo el año. Pero más allà de la temperatura está la luz, esa luz que tan bien pintó Sorolla y que es única. El azul del cielo valenciano tiene difícil parangón y por tanto era inevitable que un filtro de Instagram lleve su nombre.

4. Mar y montaña

La playa en la ciudad, la montaña a tiro de piedra, y a la Albufera (un lago rodeado de arrozales) se puede llegar paseando con la bicicleta. Todo en Valencia está cerca, hasta el aeropuerto. Pocas ciudades tienen tanta diversidad de paisajes en tan poco espacio, y puedes pasear por la huerta de Alboraya o entre los naranjos de l’Horta, casi sin salir de la ciudad. Playas de dunas en el Saler, pinadas frondosas en la Sierra de la Calderona, campos de arroz anegados en el Palmar y todo cerquísima del centro de la ciudad.

5. La ciudad de la música

Cuando vives en Valencia te acostumbras a escuchar una charanga, una banda de música tocar un pasodoble, o un estruendo ensordecedor a plena luz del día. Valencia te sorprende con la cantidad de músicos que tiene, y que aprovechan la menor ocasión para tocar en la calle. Así que es normal sorprenderse con el sonido de un castillo de fuegos artificiales, una mascletà, o una batucada que aparecen sin motivo aparente. Hasta los minutos de silencio son con música en Valencia, música del tabal y la dolçaina, instrumentos propios que emocionan a los valencianos. Por algo la Berklee eligió Valencia para su sede en Europa.

6. Donde liarse es obligado

“La última y nos vamos” es la mentira piadosa que más oirás en Valencia. Somos expertos en liarnos, ya que aquí siempre hay plan si sabes buscar. El tardeo, el mañaneo, quedar a comer un paella y acabar desayunando, son cosas inevitables cuando vives en València. De hecho le hemos dado un nuevo sentido al ADSL que ahora significa “Asmorçar, Dinar, Sopar i lo que vinga”, lo que viene siendo liarse hasta que amanezca. Apúntate a un ADSL valenciano y todos los problemas pasarán a ser relativos.

7. Kilómetro cero


¿Conoces esa filosofía que está tan de moda de consumir productos de proximidad? En Valencia es lo habitual. Los mercados municipales se llenan de frutas y verduras de temporada cada día, directamente de los agricultores a los consumidores. Carne, pescado, quesos y lácteos, en las costas valencianas hay hasta clóchinas (nuestros mejillones) y ostras que llegan fresquísimas a los mercados. Lo difícil en Valencia es comer tomates o naranjas sin sabor, porque la proximidad de la huerta y la calidad de la misma hará que todo te sepa mejor.

8. La paella


Vale que somos un poco exquisitos con nuestra paella, lo habitual por otra parte cuando aquí comer arroz es una tradición elevada a religión. Una vez pruebas los arroces de Valencia entenderás porqué llamamos “arroz con cosas” a las paellas que nos ofrecen fuera de “la terreta”. La paella es la reina, pero el arroz al horno, a banda, del senyoret, negro, con bogavante… la variedad y calidad de nuestros arroces te hará querer comerlos cada día. La horchata, la fideuà, l’all i pebre, los pasteles de boniato y el olor a pisto de los hornos, serán motivos de sobra para que tu estómago no quiera irse nunca de Valencia.

9. Las calles

La vida en la calle, excepto si sopla el poniente estival, es sinónimo de alegría y buen humor. Aquí todo se hace al aire libre, desde las comidas hasta los conciertos, pasando por las fiestas. Hay calles, avenidas, callejuelas y callejones llenas de edificios imponentes o de casas populares, y en todas ellas hay vida. Desde antes de que empiecen las fallas, hasta casi final de año, las bonitas y concurridas calles de Valencia, conseguirán que te enamores por siempre jamás de la ciudad del Turia.