Haciéndonos camino entre las olas del Océano Pacífico, nuestra embarcación sigue la costa de la Península de Osa, en Costa Rica. La mayor parte de la península está protegida dentro del Parque Nacional Corcovado. El territorio está recubierto por la selva tropical, densa y exuberante, de manera que la naturaleza salvaje del lugar es asombrosa.

Corcovado ha sido descrito por la revista National Geographic como el lugar más intenso de la Tierra, biológicamente hablando, debido a su biodiversidad. El Parque Nacional protege más de 400 kilómetros cuadrados de antiguos bosques húmedos, y alberga una abundancia de vida silvestre sin igual.

Acompañados por un guía lugareño, llegamos a una playa desierta que funciona como punto de ingreso a la Estación Sirena, donde se encuentran los guardaparques. Se trata de una de las cuatro áreas del parque que pueden ser visitadas.

Durante los días en el Parque tenemos oportunidad de ver algunas de las especies más asombrosas de Costa Rica, incluyendo ciertos animales que están en peligro y que el parque protege explícitamente.

 

1. Tapires de Baird

Después de tan solo 20 minutos de haber descendido en la playa, ya nos encontramos con una especie en peligro de extinción, la primera de este recorrido. Dos tapires están tomando una siesta en un charco, bajo un poco de sombra, justo al lado del sendero que va desde la playa hasta la Estación Sirena. Nos permiten acercarnos al borde de su pequeño pantano y sentarnos con ellos durante unos minutos bajo una lluvia ligera.

Crédito: Margarita Steinhardt

2. Pumas

A la mañana siguiente, nuestra guía nos lleva caminando hasta el Valle del Puma, un valle tropical que se ubica entre playas salvajes y una cadena densamente boscosa que atraviesa el centro de la península. Tan pronto como entramos al valle, nuestro guía me agarra del brazo y me hace agacharme, señalando hacia la jungla. Miro en la dirección que señala y encuentro la mirada intencionada de un puma. Una puma, mejor dicho.
Ella no parece perturbada por nuestra presencia. Después de un minuto de vacilación, continúa su camino. Por un momento, camina por un sendero abierto y recién entonces notamos dos cachorros crecidos siguiendo sus pisadas de cerca.

Crédito: Margarita Steinhardt

3. Guacamaya Roja

Cuando los pumas desaparecen de la vista, nos damos cuenta de los graznidos estridentes que provienen de los árboles sobre nuestras cabezas. Sorprendidos, miramos hacia arriba y descubrimos un par de guacamayas rojas de colores vivos. Se alimentan de semillas y nos bombardean con partes desechables no comestibles de las mismas.

Crédito: Margarita Steinhardt

4. Murciélago «constructor de tiendas».

Cuando pasamos frente a un plátano, nuestro guía se agacha bajo una de sus enormes hojas y encuentra un murciélago dormitando. Este curioso murciélago construye su propia casa o «tienda de campaña» mordiendo la parte central de una gran hoja de plátano hasta que se pliega por la mitad, formando un refugio en forma de V que protege al murciélago del sol y de la lluvia.

Crédito: Margarita Steinhardt

5. Mono araña de mano negra

Al final de la tarde encontramos un grupo de monos araña de mano negra, una especie que está en peligro de extinción. Estaban alimentándose de frutas en el bosque húmedo, en las afueras de la estación. Los monos araña son muy hábiles, tienen extremidades particularmente largas y una cola prensil que funciona como una quinta extremidad. Se cuelgan sin esfuerzo de las ramas y abren las frutas maduras con sus manos para atiborrarse de las partes blandas y azucaradas.

Crédito: Margarita Steinhardt

6. Mono ardilla de América Central

Un grupo de descarados monos ardilla centroamericanos se une a la fiesta de comida. Chillan y chillan mientras se mueven entre las ramas buscando fruta y peleándose entre ellos, bañados por la cálida luz del sol de la tarde. Su ternura animada es una de las razones por las que la especie está en declive: son muy populares en el comercio de mascotas exóticas.

Crédito: Margarita Steinhardt

7. Perezosos de dos dedos

Por la noche, un perezoso de dos dedos (también conocido como perezoso didáctilo de Hoffmann) visita el borde del bosque, moviéndose a través de las copas de los árboles de una manera deliberadamente pausada. Estos animales peludos son tan lentos que las algas pueden crecer en su pelaje. Como si de devolver el favor se tratase… las algas le dan al pelaje del perezoso un tinte verdoso, que ayuda al animal a mezclarse con su entorno y evita así a los depredadores.

Crédito: Margarita Steinhardt

8 y 9. Tucán de garganta amarilla e basilisco.

Temprano por la mañana, la Estación Sirena está dominada por los pájaros. Vemos a un tucán de garganta amarilla aterrizar en un árbol cercano, y notamos que se encuentra un tanto alterado. Miramos más de cerca y observamos a un basilisco verde -perfectamente camuflado- que no anticipó la llegada del tucán y ahora se retira apresuradamente, alejándose del formidable pico del ave.

Crédito: Margarita Steinhardt

10. Bocaracá o Víbora de pestañas

Pasamos el día caminando y casi pasamos por delante de una víbora de pestañas sin darnos cuenta. Acurrucada en una rama al lado del sendero, estaba perfectamente camuflada contra la corteza cubierta de musgo. Según nuestra guía, «ella» puede ser encontrada en este lugar a menudo, congelada e inmóvil durante horas, esperando que una presa incauta se acerque a su distancia de ataque.

Crédito: Margarita Steinhardt

11. Pájaro carpintero

Más adelante vemos un pájaro carpintero de pico pálido, uno de los pájaros carpinteros más grandes y llamativos de Centroamérica. Aterriza en el tronco del árbol y luego asciende, atrapando insectos a lo largo del camino.

Crédito: Margarita Steinhardt

12. LA TERCIOPELO

En nuestra última mañana en Corcovado encontramos a la serpiente más peligrosa de Centroamérica: la terciopelo (tiene muchos nombres en otros países, tal como cuaima en Venezuela, barba amarilla en Nicaragua, o Fer-de-lance). Esta serpiente agresiva es responsable de la mayoría de las muertes relacionadas con mordeduras de serpientes entre los humanos en la región. Acurrucada en el suelo del bosque, a escasos metros del sendero, está perfectamente camuflada entre la hojarasca.

Crédito: Margarita Steinhardt

13. BALLENA JOROBADA

El océano alrededor de la Península de Osa es el mejor lugar de Costa Rica para avistar ballenas jorobadas. En nuestro caso, hicimos una excursión de avistamiento partiendo desde Bahía Drake y pasamos una tarde mirando las ballenas. Estas viajan anualmente desde sus áreas de alimentación en la Antártida hasta estas aguas para descansar, aparearse y dar a luz.

Crédito: Margarita Steinhardt

Sobre las tareas de conservación y el rol de cada uno de nosotros en ellas.

Para que existan parques como el Corcovado, se requiere de decisiones estatales. El gobierno de Costa Rica se ha tomado en serio la protección de su patrimonio natural: más del 25% del territorio tico está protegido de una u otra forma. El sector privado de Costa Rica también contribuye a los esfuerzos de conservación, creando reservas privadas dedicadas al ecoturismo o a la investigación.

Hay algo que todos nosotros podemos hacer para proteger a las áreas naturales del mundo. Caminando por la selva, en la zona del Valle del Puma, nos encontramos con el lado más oscuro de nuestra obsesión social con el plástico: una sandalia colgando de la rama de un árbol, una pelota de básquet desinflada y atrapada entre las ramas de un árbol, y una gran cantidad de botellas de plástico medio enterradas entre las hojas…

Todas esta basura llega a Corcovado por acción del océano. Llega con la marea alta, y se queda atrapada en la vegetación cuando la marea baja. Es una muestra irrefutable de que la basura que todos producimos termina manchando lo que de otra forma serían reservas naturales impolutas, vírgenes.

Cada vez que te veas tentado a elegir lo conveniente antes que lo que requiere compromiso con el medio ambiente, recuerda que cada pedazo de plástico que descartas sin pensarlo dos veces quizás termine en el estómago de una ballena o de un ave, o en la guarida de un puma del otro lado del mundo.

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