Hoy que México está horrorizado por los femicidios y que nuestras hermanas, madres, amigas y novias no pueden transitar con completa seguridad por la vida, voy a contarte cuáles eran las leyes de protección de las mujeres en el México prehispánico, durante el gobierno de Nezahualcóyotl, rey poeta de la espléndida Texcoco.

En el caso de que la mujer se quejara del marido o el marido de ella, los bienes se dividían en partes iguales:

“Que si alguna persona fuese casado y la mujer se quejase del marido y quisiese descasarse, que en tal caso los hijos que tuviese en ella el marido, los tomase y los bienes fuesen perdidos por iguales partes, tanto el uno como el otro, entiéndase, siendo culpable el marido”.

Ambos padres estaban también protegidos por la ley, en caso de que sus hijos fuesen violentos con ellos:

“Al hijo que levantase la mano para su padre o madre y de algún modo les injuriase, pena de muerte y ex-heredado, para que sus hijos, si los tuviese, no pudiesen suceder en los bienes de los abuelos”.

Las leyes eran iguales para ambos contrayentes, pues tanto hombres como mujeres podían divorciarse por quejas sobre su pareja:

“Que el marido pudiese repudiar a la mujer floja y descuidada en los ministerios de su casa, o si fuese inquieta o pleitista, y asimismo pudiese ella separarse del marido”.

En aquella época, a los esclavos se les llamaba tlacotin y eran una especie de deudores que se vendían en servicio. Sin embargo si alguien abusaba de una tlacotin, las consecuencias eran muy graves:

“Si alguna esclava pequeña que no es de edad para hombre, alguno la toma, es esclavo el que se echó con ella”.

Incluso se contemplaba la posibilidad de que el dueño de una tlacotin quisiera asesinarla por estar embarazada, y por ello se lo obligaba a que hiciera todo lo posible por procurar que el parto fuera exitoso.

“Si alguno se echa con esclava y muere estando preñada, es esclavo el que con ella se echó y, si pare, el parto es libre y llévalo el padre”.

A las amas de casa que temían a su marido borracho también las protegía una ley muy especial:

“El padre que se emborrachaba, en la casa donde lo hallaban borracho lo mataban con unas porras. Y el mozo por casar que se emborrachaba era llevado a una casa que se llama telpuchcalli y allí le mataban con garrotes, y el principal que tenía aquel cargo, si se emborrachaba, quitándole el oficio, y si era valiente hombre le quitaban el título de valiente”.

Para los padres que osaban abusar de sus hijas, el castigo era la muerte:

“Si el padre pecaba con su hija, moría ahogado o con garrote o echábanle una soga al pescuezo”.

La muerte también era la consecuencia para el hombre que abusaba de su hermana:

“El que pecaba con su hermana, moría ahogado con garrote y era muy detestable entre ellos”.

Para aquellos hombres que eran infieles no era diferente, pues pagaban con su vida la traición, al igual que todos sus cómplices:

“El padre que era hallado con una mujer le mataban secretamente con un garrote, e lo quemaban, e derribándole su casa y tomábanle lo que tenía, y morían todos los encubridores que lo sabían y callaban”.

Este era el castigo para los que abusaban de su madre:

“Ahorcaban al que se echaba con su madre por fuerza, y si ella era consentidora dello, también la ahorcaban a ella, y era cosa muy detestable”.

O a aquellos que abusaban de la hija de su mujer:

“Ahorcaban al que se echaba con su entenada, y ella también si había consentido”.

Incluso para los que abusaban de su suegra:

“Tenía pena de muerte el que pecaba con su suegra.”

La infidelidad por parte de las mujeres también estaba contemplada en las leyes de protección de las mujeres en el México prehispánico. Aunque una mujer fuera infiel, nadie podía hacer justicia de su propia mano:

“Tenía pena de muerte el que mataba a su mujer por sospecha o indicio, y aunque la tomase con otro, sino que los jueces lo habían de castigar”.

Incluso había castigo para aquel que, habiendo sido infiel, se acostaba con su mujer:

“En algunas partes castigaban al que se echaba con su mujer, después que le hubiese hecho traición”.

¿Qué te parece? Traicionar o violentar a una mujer durante la época de Nezahualcóyotl era algo más grave que lo que es hoy en día, así ha quedado demostrado con lo que te conté en este artículo sobre las leyes de protección de las mujeres en el México prehispánico. Tal vez no nos vendría mal un poco de esta legislación en nuestros días. 

Fuente: “Historia de la Nación Chichimeca” de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl.