Hace 500 años, con la llegada de Hernán Cortés al actual territorio mexicano, chocaron dos mundos y de ellos nació uno nuevo que, está claro, no benefició a todos por igual.

Durante los primeros años de ocupación europea, fueron los españoles quienes se vieron más favorecidos, pues los nativos pasaron a ser sus vasallos. Sin embargo, hubo quienes la pasaron aún peor. Se trata de los africanos, de los cuales se habla muy poco y que constituyen la tercera raíz de México.

¿Cómo es que los africanos llegaron aquí?

Una vez que Hernán Cortés arribó a Tenochtitlan recibió el mensaje de que diecinueve navíos habían desembarcado en las costas de Veracruz. Se trataba de Pánfilo Narváez, quien venía con la firme intención de apresar a Cortés y a su improvisado ejército, por la sencilla razón de haber zarpado de Cuba sin la autorización de Diego Velázquez.

Sin embargo, nada salió según lo esperado y la astucia de Cortés pudo convencer a los recién llegados de unirse a su campaña. Es precisamente con estos recién llegados que también había esclavos africanos, entre los cuales se encontraba Francisco Eguía, enfermo de viruela y quien inició la pandemia que diezmó a la población nativa.

Sin embargo, la población africana sufría por doble partida. Según cuenta Percy Moreau en su libro “La tragedia negra”, además de las enfermedades nuevas para ellas, habían sido desterrados por la fuerza para ser convertidos en esclavos.

A esto hay que sumarle que, en el trayecto a América durante los siglos XVI, XVII y XVIII, el 30 por ciento de los esclavos moría en altamar. Diarrea, disentería, helmintiasis, anquilostomiasis caquéctica, tétanos, letargia, tripanosomiasis, paludismo, fiebre amarilla, neumonía y enfermedades venéreas, eran la causa de tanta mortandad. Desde entonces, el destino de los africanos fue siempre trágico, pues además del infortunio del cautiverio y la esclavitud, tuvieron enfrentarse a un mundo desconocido.

Los africanos llegaron al territorio mexicano en calidad de mano de obra esclava y, al igual que los nativos, tuvieron que dejar su religión, su cultura y su forma de vida.

Sin embargo, supieron sobreponerse y hasta fundaron el primer pueblo afroamericano libre del continente en la sierra de Veracruz, gracias a la valentía y liderazgo de Gaspar Yanga quien, tras una serie de enfrentamientos con las autoridades virreinales, consiguió la soberanía para su gente y la autonomía del pueblo.

Esto sucedió en el año 1609, doscientos años antes de la independencia de México, cuando Yanga, líder de una banda de esclavos desde 1570, huyó con otros esclavos a la sierra de Veracruz. Allí se establecieron de forma pacífica y sobrevivieron durante 30 años, hasta que las autoridades virreinales decidieron ponerle un alto.

Se cree que Yanga era parte de la «Nación Brong», alguna vez perteneciente al Imperio de Ghana, y que llegó a América en calidad de esclavo, como el resto de su gente.

Yanga no era un hombre acostumbrado a la esclavitud y así fue que reunió a una pequeña fracción de esclavos con quienes instalarse en la Sierra de Veracruz.

Los enfrentamientos fueron constantes, hasta que Yanga envió términos de paz por medio de un español capturado. Pidió un tratado para dar fin a las hostilidades entre los indígenas, los españoles y los negros y, entre sus demandas, solicitó un área independiente, a cambio de tributo y la promesas de apoyar a los españoles si los mismos fueran atacados.

Además, él propuso devolver a cualquier esclavo que pudiera huir e intentase refugiarse allí, una concesión necesaria para calmar las preocupaciones de los dueños de esclavos en la región.

Los españoles rechazaron los términos y se desató una batalla con grandes pérdidas para ambos bandos. Los españoles avanzaron en el asentamiento de Yanga y lo incendiaron. Sin embargo, la gente huyó a los alrededores por ser terreno difícil.

Entre 1608 y 1609 la Corona española se vio obligada aceptar los convenios, y los ex esclavos se establecieron primeramente en un asentamiento que llamaron Las Palmillas. En 1630 establecieron el primer pueblo libre del continente americano, llamado El pueblo Libre de San Lorenzo de los Negros, en las cercanías de Córdoba, Veracruz, que tiempo después sería rebautizado como Yanga, en honor al libertario.

Así que como puedes apreciar, la población africana en México fue muy importante, tanto así que en 1992 -aniversario del choque de los mundos-, el gobierno mexicano los reconoció como nuestra “tercera raíz”.

¿Cuál es el legado del pueblo afromexicano?

Para muestra, basta mencionar al huapango, sincretismo perfecto de las culturas española, nativa y africana.

Nuestro arroz con frijoles es muy típico de los pueblos afromexicanos, lo mismo que el caldo de res rojo (foto), que se guisa con carne seca o deshidratada por el sol y se le agrega verdura.

Hace algunos días el pueblo afromexicano consiguió uno de sus más grandes logros, pues el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas les otorgó el nombramiento de “pueblo originario” y, con ello, tendrán ahora el privilegio de opinar y decidir sobre el bienestar y desarrollo de los pueblos indígenas de México.

Poco a poco, cada sector en la sociedad mexicana va conquistando terrenos políticos que le dan mayor presencia y que permite el correcto desarrollo del país. Aún hay mucho por hacer y la lucha de los pueblos afromexicanos, así como la de otros sectores, se encuentra más viva que nunca.