Este pueblo mágico ubicado en el Altiplano Potosino a más de 2700 metros sobre el nivel del mar parece mantener el mismo ritmo de aquellos tiempos coloniales. Disfruté mucho de caminar por sus calles empedradas con ese clima tan delicioso, mientras admiraba las casas antiguas y los paisajes del desierto.

Photo: Barna Tanko | Shutterstock

Real de Catorce fue un importantísimo centro minero de plata en el siglo XIX. La única vía de acceso por carro es El Túnel Ogarrio, de 2300 metros de largo, construido en 1.901, el que también se puede recorrer a pie para apreciar el pasado minero de esta comunidad.

Photo: sunsinger | Shutterstock

Hoy, la mágica cultura de los huicholes se hace presente en cada rincón.

Photo: wayak | Shutterstock

Actualmente, la población está formada por los descendientes de las familias que no pudieron emigrar cuando se vino abajo la bonanza minera, y también por extranjeros de diferentes nacionalidades y mexicanos de diversas entidades del país. La convivencia en el pueblo, históricamente hablando, siempre ha sido difícil: el típico caso de poca gente con mucho poder y dinero, y la mayoría de la población luchando para sobrevivir.

 

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Crédito: Lau B

La Parroquia de la Purísima Concepción fue construida a finales del siglo XVIII. Su estilo arquitectónico es neoclásico con elementos dóricos. Es famosa por la efigie de San Francisco de Asís que hay en su interior.

 

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Puedes tomar una buena travesía hacia la Sierra de Catorce, desde donde vas tener la mejor vista panorámica del pueblo.

 

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O caminar por el desierto de Wirikuta para llenar tus pulmones de aire purísimo.

Crédito: Lau B

Ahora pasemos a mi fuerte, la gastronomía. Los cabuches son los botones florales comestibles de la biznaga, verdaderos regalos del desierto.

Crédito: Lau B

Se acostumbra comerlos crudos, cocidos o en escabeche. Su sabor es bien sutil y de entrada su textura firme, pero al masticarlos viene esa suavidad estilo palmito fresco.

 

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Puedes probarlos en las fondas que están en el centro, guisados con huevo en gorditas recién hechas. Si le agregamos el café de olla, tendremos una combinación cien por ciento ganadora para ese clima fresco tan genial del pueblo mágico.

 

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El menudo es un plato básico del repertorio culinario regional. Le va muy bien al pueblo, al clima y al alma.

 

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Muchos lo dicen: el mejor orégano es el que se da en la Sierra Catorceña.

 

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En la imagen hay pinole, orégano, quiote de maguey, pepitas de calabaza y piñones. Lo encontré en el tianguis tradicional que se instala los fines de semana.

 

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Por allá de los años setenta, el pueblo se hizo famoso por el peyote. Mucha gente iba en búsqueda de este cactus por el tema alucinógeno, con la esperanza de mejorar sus vidas, espiritualmente hablando. Hoy en día lo hacen clandestinamente, ya que esta actividad solo les está permitida a los integrantes de la comunidad wixárika.

 

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En Real de Catorce no hay vida nocturna, pero tienes la opción de ir a tomar una cerveza al antiquísimo billar del pueblo.
“Ojo: sirviendo y pagando. Gracias”.

 

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También puedes sentarte frente a la Plaza a tomar un poco el sol y relajarte con una cerveza artesanal elaborada ahí mismo. Además, hay pizza, pastas y venta de conservas. Si es fin de semana puedes escuchar música folklórica en vivo.

 

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Otra actividad divertida es dar recorridos hacia la Sierra en una de estas famosas camionetas extremas llamadas “Willys”, de mediados del siglo pasado. Son unas clásicas en el pueblo.

 

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La Iglesia y Panteón de Guadalupe es un gran complejo donde se encuentra un panteón y una iglesia dedicada a la Virgen de Guadalupe. Fue construida por los franciscanos y es una de las construcciones más antiguas del pueblo. Data de 1775.

 

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Aquí estoy yo, entre puro personaje importante de la época.

 

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Fue tal el auge minero que el edificio que albergó la Casa de la Moneda fue construido en 1863 para acuñar las monedas del estado. Cuenta con una exposición permanente de monedas y una galería de fotografías.

 

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Hay un grupo de wixárika (huicholes) que vive en Real de Catorce, dada la cercanía del cerro llamado El Quemado o Wirikuta. Aquí acuden varias veces al año a realizar su ceremonias religiosas.

 

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Crédito: FICIP

También, claro está, venden sus preciosa artesanías.

Crédito: Lau B

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