IN XOCHITL IN YOLLOTL, que en náhuatl significa “rostro y corazón”, simboliza el concepto de personalidad, lo que es exclusivo del hombre.

Debido a que el ser humano nace sin el rostro y el corazón definidos, de ahí que el ideal supremo de la educación se base en la Ixtlamachiliztli, o la “acción de dar sabiduría a los rostros” y la Yolmelahua Liztli, o la “acción de enderezar los corazones”. Y esto es tarea de los tlamatinime y de los padres, el hacer sabios los rostros y firmes los corazones a través de la educación para conquistar el supremo ideal del hombre y la mujer nahuas de ser dueños de un rostro y de un corazón.  

El hombre maduro tiene “su corazón firme como la piedra, corazón resistente como el tronco de un árbol; rostro sabio, dueño de un rostro y de un corazón. La mujer ya lograda: La femineidad está en su rostro”. (Códice Matritense de la Real Academia, fol. 109 v).

El Ixtli  (rostro) connota la fisonomía moral del ser humano, es la manifestación de un yo que se ha adquirido por la educación, y que caracteriza la naturaleza más íntima del yo original de cada persona. Yolotl (corazón), es “la movilidad de cada quién”, es el principio dinámico de la acción del hombre, que busca y desea.

“Por esto das tu corazón a cada cosa y a veces se pierde: Sin rumbo lo llevas, vas destruyendo tu corazón”. ¿Sobre la tierra, acaso, puedes ir en pos de algo? El corazón se encuentra cuando se da con “lo único verdadero en la tierra”: La poesía.

“Ladrón de cantares, corazón mío… toma bien lo negro y rojo (el saber). Y así tal vez dejes de ser indigente” (Cantares Mexicanos, fol. 2 v y 68 r).

“Libro de pinturas es tu corazón. Has venido a cantar… En el interior de la casa de la primavera das deleite a la gente” (Romances de los Señores de la Nueva España, fol. 19 r).

Respecto al ideal educativo de “rostros sabios y corazón firme”, aunque hubo diferencias entre los que participaban de la visión místico-guerrera del mundo y los que pretendían un renacimiento de los antiguos ideales toltecas simbolizados por Quetzalcóatl, jamás se perdieron las hondas raíces toltecas, que comprendían ese encuentro ideológico de las culturas nativas, del que surge la toltecayotl, o «el arte de vivir».