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Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.

¿Será que esos curiosos animalitos duerman? Porque si sí, pues ya se los cargó la ch… Y tan ricos que son los camarones, ¿verdad? Así en coctel o en quesadillas… Ya me distraje y perdí la oportunidad de explicar este refrán. Es que Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.

Cuando el amor es parejo, están de más los elotes.

Hay dos opciones para interpretar este refrán: 1) si te invita un elote con chile del que no pica, no te ama, y 2) si una relación va bien y los dos se quieren mucho, no existirán jamás los celotes en ellos. ¿De cuál creen que se trate?

No se puede chiflar y comer pinole.

¡Pues no! Imagínate, en el IMSS todo convulsionado porque se te ocurrió chiflar con tremendo bocado de pinole en la boca… No todos la cuentan cuando lo hacen. La lección es: no se puede hacer de todo en esta vida. Se pueden hacer muchas cosas, pero poco a poco, tampoco te atasques…

Se hace pesado el muertito cuando siente que lo cargan.

En estos refranes, no todo es lo que parece: este alude a que, si una persona es tratada bien, se le suben los humos, se siente bien nais, y ya quiere trato de estrella. No abuses, mano. Y siguiendo con lo necrológico…

El muerto y el arrimado, a los tres días apestan.

Este refrán puede llegar a ser una bomba a nuestros sentidos… especialmente si tenemos una gran imaginación. Antes de que empiecen a torcer la cara y recrear el olorcito canijo en sus mentes, pasemos a la lección de la frase, que es bien sencilla: cuídense de los vividores, amigos míos.

El que nace pa’ tamal, del cielo le caen las hojas.

Hablando una vez más de comida… Está bien, no negamos que los mexicanos estamos algo gorditos, ¿pero vestirnos de tamales? ¿Qué es eso de las hojas de tamal? La moda si está algo extraña, pero no manches… Aunque haciendo investigaciones más serias (las hay, ajá), me he dado cuenta del verdadero significado. En realidad, si algo puede salir bien, va a salir bien. Es cuestión de voluntad.

¿Pá qué quiero más agruras, si con mi mole me basta?

Qué costumbre, eso de meterse con mi comida… los mexicanos sí que tenemos una fijación con la comida que se nota en muchas de nuestras frases. En fin, este refrán se refiere a que uno ya no quiere más problemas, cuando con los propios no se puede lidiar. Gracias por la aclaración, ahora sí, ¿quién quiere mole?

Botellita de jerez, todo lo que me digas será al revés.

Lo más extraño de este refrán… ¡es su uso! Los niños lo recitan para revertir un insulto a su enemigo mortal. Quizás sea una forma subliminal de inculcarle a los niños mexicanos que con el alcohol corremos el riesgo de que se nos voltee la lengua. Lo que no sé, es cuán bien funciona…

El que demonios da, diablos recibe.

¡Ay nanita! Háblenle a Carlos Trejo, por el amor de Dios, que esto se puso sobrenatural. Y eso que apenas estamos en Septiembre. ¿A poco los diablos son más canijos que los demonios? Para los mexicanos sí: por eso, quién hace cosas malas, o las dice, cosas peores ha de recibir como castigo. ¡Ya no se porten mal, chamacos!
Hablando de lo que cada uno se merece, hay otros dos en sintonía…

La vela se le enciende al santo que la merece.

¿No había que prendérsela a todos? Digo, somos bien pecadores y entre más velas, más salvación, ¿a poco no?

Ahora entendamos estas sabias palabras. Quieren decir que hay que reconocerle el esfuerzo a quién lo merece, es decir, a quién mejor se rifó en lo que se tenía que hacer y no a los flojonazos.

Dando y dando, pajarito volando.

¡Qué lata, amigos hispanoparlantes, con nuestra forma particular de hablar el idioma! Pero ni modo, hay que aprender de todo.

Analicemos la frase: parece que aquí en México, si reiteradamente le das algo a un pajarito, quién sabe qué cosa, sale volando. ¡Clarísimo! Bueno, no es así. Es más bien como el latín quid pro quo. Digamos que vendes algo: obviamente quieres que el comprador te de lo que vale, o si no, ni lo sueltas. Es una forma de solicitar un intercambio justo: lo que das, es lo que recibes. Así de fácil, cuates.

Si alguien te echa ojos, véndele caros tus piojos.

Cuanto amamos al México surrealista, cual cuadro de Frida, donde la gente se saca los ojos y te los avienta, y te tienes que quitar piojos y vendérselos. Pero ya, en serio, esta metáfora presenta una versión de las relaciones un tanto conservadora en esta época de touch and go. Recomienda que cuando una persona se fije en ti, no le entregues todo en la primera cita. Una forma con rima de decir “hazte valer”.

Aunque somos del mismo barro, no es lo mismo catrín que charro.

¿Catrín y charro? Falta “el valiente” y jugamos a la lotería…

En lenguaje más llano, este refrán indica una verdad paradójica: que todos somos iguales pero diferentes. O en todo caso, que aunque todos somos humanos, hay quienes son formales y buena onda, y otros que sí se pasaron de lanza y de manchados.

El comal le dijo a la olla: ¡qué tiznada estás!

No sé ustedes, pero me recordó a la canción de Cri-Cri, cuando estos utensilios de cocina se empiezan a hacer de palabras. ¿Qué hay de bueno que un comal y una olla se anden fijando en sus defectos? ¿No habrá que correr pensando que los trastes están poseídos? No: hay que cuidar lo que hablamos, y no ver los errores de otros, porque seguramente nosotros también los tenemos.

A falta de pan, buenas son tortillas.

Terminamos nuestro recetario de refranes con este delicioso dicho que mezcla lo culinario con un principio casi budista. Lo descabellado del refrán es que implica que las tortillas puedan ser una segunda opción al pan… Ni modo.

Básicamente, significa que es todo una cuestión de actitud, que uno puede estar contento disfrutando de lo que tiene en el momento. Quién sabe, después de todo si el pan era mejor opción. Las tortillas pueden estar más sabrosas, así calientitas, con chile y sal. También existe la versión de “si la vida te da limones, haz limonada”, o en todo caso…