Photo: GaudiLab/Shutterstock

18 señales de que eres una argentina tratando de comer en México

by Laura Bernhein 6 Apr 2017

1.

Vas a una pizzería por primera vez y te encontrás con una multitud de salsas que no sabés bien para qué son (¿tal vez te traerán unos totopos de entrada?). Hasta que ves que llega la pizza de la mesa de al lado y tus vecinos empiezan a ponerle salsa inglesa, jugo Maggi y hasta ketchup (perdón, ketchup no, “salsa catsup”).

2.

Te ruborizás cuando vas a una panadería y te dicen alegremente que elijas “la concha que más te guste”. Ay.

3.

Te enchilaste hasta las lágrimas y el dolor cuando le creíste al camarero que te dijo que la salsa no era picante. Desde entonces, te juraste no confiar jamás cuando un mexicano te diga que la comida no pica.

4.

Te encontraste en la extraña situación de ir a comer con tus amigos mexicanos y que nadie pudiera probar la comida: Vos porque estaba re picante; y ellos, «porque no pica nada”.

5.

Te acostumbraste a despedirte de los comensales que aún están disfrutando de su cena con una sonrisa y un “buenas noches, buen provecho”; y a irte con su “muchas gracias” a cambio. Me encanta esta costumbre, la siento como una generosa bendición regalada entre gente que no se conoce.

6.

Tuviste que aprender de nuevo los nombres de las frutas y de las verduras. Fresa, piña, aguacate, camote, toronja, plátano, jitomate, cacahuate… Frutilla, ananá, palta, batata, pomelo, banana, tomate, maní. Y ni hablar de la confusión entre la lima y el limón. Para los mexicanos, nuestro limón es una lima y nuestra lima es… sí, adivinaste, ¡un limón!

7.

Y hablando de limón, te acostumbraste a ponerle limón (lima) a todo. A los tacos, a la fruta, ¡y hasta a la pizza! (no no, esto es un chiste, no me lo crean).

8.

Te sorprendiste ingratamente cuando, en tu visita a la Ciudad de México, pediste una quesadilla con huitlacoche o con flores de calabaza y… ¡te las trajeron sin queso! Y claro, no las pudiste comer porque son bien feas. Cuando preguntaste con amabilidad por el quesito faltante, te respondieron con una sonrisa: “Pero reina, usted me pidió una quesadilla de flores de calabaza, no dijo nada del queso”. Y ahí abriste tu mini diccionario de la Real Academia Española para mostrarles que vos tenés razón y que una “quesadilla” sí o sí debe involucrar queso y… ¡te encontraste con esto!

3. Quesadilla. f. Méx. Tortilla de maíz rellena de queso u otros ingredientes que se come caliente.

“U otros ingredientes”. Ajá.

 

9.

Querés convencer a tus amigos mexicanos de tu gran descubrimiento: ni atole ni champurrado ni café de olla; el mejor amigo de los tamales y de los panes dulces es el mate. Ellos no te hacen ni un poquito de caso…

10.

Tu paladar entró en shock cuando probaste los chiles en nogada. Este plato es una de las tantas maravillas de la cocina mexicana (que, por si no lo sabías, es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad). Sus ingredientes son tan diversos como chiles poblanos, manzanas, peras, duraznos, plátanos machos, acitrón de biznaga, caldo de tomate, puré de tomate, pasas, almendras picadas, piñones, carne molida, lomo de cerdo, cebolla, nueces, leche, queso doble crema, crema para batir, azúcar, sal y granada. La combinación es un manjar. Y vos que creías que lo más complejo que habías comido en tu vida era el vitel toné…

11.

Y ni hablar de la cara de sorpresa cuando preguntaste en la panadería si tenían torta de chocolate. Imaginate que a vos alguien te dijera que quiere un pebete de chocolate y dulce de leche…

12.

Cuando tus amigos te dijeron si querías una michelada aceptaste, pensando en probar una rica cervecita mexicana. Pero lo que te encontraste fue una bebida digna de un cuento de ciencia ficción.

13.

Te resistías a comer en los puestos de la calle, ya que los argentinos no tenemos esta costumbre tan arraigada y es muy poco lo que se puede comer al paso. Pero ahora uno de tus perfumes favoritos en todo el mundo es el de los elotes asados.

14.

La fruta tropical disponible todo el año te malcrió y ahora no podés concebir tu vida sin mangos, sin papayas y sin coco. Eso sí, si las comprás en un puestito asegurate de no pedirlas “con todo”, ya que te las van a dar con limón, sal ¡y chile!

15.

Cuando tenés calor, nada te refresca más que una paleta hecha de fruta fresca.

16.

Gusanos de maguey, ahuautles, jumiles, hormigas chicatanas, chapulines… En algún momento vas a probar insectos. Y tal vez hasta te gusten.

17.

Los mexicanos sí que le hacen honor a ese “desayunar como rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo” (mmm… sobre todo a la parte de desayunar como un rey). Chilaquiles, huevos estrellados, tamales, barbacoa, birria, la lista es larguísima. Y vos, poco a poco, suavemente, te vas acostumbrando a comer verduras en el desayuno. ¡Y hasta cebolla cruda! Eso es empezar bien el día, che.

18.

La verdad es que, si bien al principio siempre es difícil acostumbrarse a comer en un país extranjero, después de varios meses en México vas a convertirte en una fan total de su gastronomía. Ya nunca vas a poder pasar mucho tiempo sin comida mexicana. Los tacos, el mole, los tamales, los chilaquiles y hasta la salsa picante… Créeme que va a dolerte todo el cuerpo cuando se te antojen y no los tengas a la vuelta de la esquina.

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