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1. Tienes muy en claro que el padre podrá ser la cabeza de la casa, pero no cabe duda que la madre es la columna vertebral del hogar panameño.

Ese aprendizaje está grabado a fuego en tu memoria gracias a dos frases: Se dice “dígame”, no “¿qué?», y Entretanto vivas en esta casa, seguirás mis órdenes. Por más amorosas y pacientes que sean, la autoridad para dictar las reglas y hacerlas cumplir la tiene la madre. Es como mezclar al policía bueno y al policía malo en un mismo ser… no se te ocurra mentir en el interrogatorio.

 

2. Sabes cómo curar la moridera en un santiamén con remedios caseros.

La moridera es otra forma de llamarle a las enfermedades en nuestro país. Para qué ir al doctor cuando una madre panameña cuenta con cosas que te curan en un santiamén: Vicks VapoRub, lecha de magnesia, bicarbonato, mentolatum, peptobismol y la popular sopa de gallina interiorana “sancocho”.

 

3. Nunca dejará de impresionarte su capacidad de notarlo todo en un instante, cual Sherlock Holmes.

Unos días atrás, miraba la primera entrega de Sherlock Holmes, con el gran Robert Downey Junior. Sherlock baila con una señorita sin prestarle mucha atención, así que ella le pregunta “¿qué miras”, a lo que él responde: “Todo. Esa es mi maldición”. Rápidamente pensé que Sherlock tenía habilidad de madre panameña. Tu madre no ha terminado de entrar a tu habitación y ya tiene la cuenta de todos los platos y vasos sucios, así como la cantidad de ropa sucia que está alrededor de tu cama y el resto del cuarto. Y claro, también tiene un plan de cómo te lo hará limpiar.

4. Desde que te has mudado fuera de la casa materna, eres un “ingrato”…

A menos que la llames -por lo menos- una vez al día. Cuando vences a la «ingratitud» y la llamas, te recuerda todas las veces que ella se preocupó por ti cuando te cambiaba los pañales y te hacía las tareas, de manera que llamarla hace que el sentimiento de culpa aumente en ti, en vez de que disminuya.

 

5. Para ti, el mejor arroz con pollo lo hace tu madre.

Esta afirmación toma mucha más fuerza cuando estás en el extranjero y súbitamente sufres de nostalgia. Hay personas que extrañan a su madre y desean que esté con ellos cuando se resfrían. Tú, cada vez que cocinas arroz con pollo. No importa que sea un plato relativamente “fácil”: no hay como el que prepara tu madre.

 

6. Cuando eras pequeño, la hora del juego estaba reglamentada por tres leyes de piedra.

1. Es imposible salir a jugar a la calle si la tarea no está terminada.
2. Debes regresar antes de que oscurezca.
3. Si no regresas antes de que oscurezca, tu madre te irá a buscar, te regañará en la calle y te hará pasar pena frente a tus amigos.

 

7. Sabes que las sandalias marca Jumbo o la correa tienen funciones extra.

Estos dos objetos son las armas predilectas de cada mamá panameña que disciplina a sus hijos. Y era peor si le huías al castigo, así que lo mejor era no meterse en pingueros; sino, recibirías el golpe de una chancleta Jumbo (una de las marcas de sandalias más antiguas de Panamá).

 

8. Has crecido creyendo que una mujer debe vestirse bien hasta para salir a comprar la leche del desayuno.

Tu madre se tomaba el dicho «primero muerta que sencilla» muy en serio. Mientras que otras personas sufren un shock cultural cuando tienen que probar alimentos raros o viajar apretados en un bus, a ti te tomó tiempo comprender que se puede hacer una diligencia usando ropa deportiva. Siempre que a uno no lo vea la madre haciendo eso…

 

9. Te sigues preguntando por qué no has heredado su olfato de sabueso para hallar objetos perdidos.

Ella tiene la impresionante capacidad de encontrar todo lo que se te pierde. Y si no lo encuentra, la culpa la tienes tú, por supuesto.