Junto con las de San Juan Bautista y La Conchita, esta iglesia es una de las más antiguas de la ciudad de México y una de las más interesantes de México. Se encuentra en el cruce del Paseo de la Reforma y la avenida Hidalgo y, todos los días 28 de cada mes, se dan cita cientos de fieles devotos… pero no de San Hipólito, sino del santo de los casos difíciles e imposibles: San Judas Tadeo. Aquí te contamos la historia.

La Iglesia de San Hipólito fue fundada por Hernán Cortés, para conmemorar el 13 de agosto, fecha en que fue ganada la ciudad de Tenochtitlan.

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Fue edificada en el mismo sitio donde los conquistadores perdieron una de las más sangrientas batallas, el 1 de julio de 1521, seguida de la llamada Noche triste. Quienes sobrevivieron huyeron por la Calzada de Tacuba (hoy Puente de Alvarado) y se refugiaron en lo que hoy se conoce como el Árbol de la Noche triste. Cuenta la leyenda que Cortés lloró esta derrota al pie de este enorme ahuehuete.

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En 1547, Carlos V decretó que “en aquella Iglesia cada año se hiciese conmemoración de las ánimas de los que allí y en la conquista de la tierra habían muerto”. Se tiene conocimiento de que cada año se celebraban procesiones que festejaban la fundación de la Ciudad de México durante todo el virreinato.

En un principio, la iglesia era una sencilla ermita llamada Ermita de los Mártires y, hacia 1559, se comenzó la edificación de un templo de mayor tamaño, que incluiría también un hospicio destinado a la atención a enfermos mentales que se concluyó a finales del siglo XVII. La planta del templo está trazada como una cruz latina con un cúpula en el crucero y presenta en la fachada lateral una acabado de piedra tezontle sin recubrimiento.

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Pueden observarse dos esbeltas torres en su fachada principal, muy singulares al estar giradas 45 grados con respecto al alineamiento del resto del edificio y dispuestas con tres cuerpos. El cuerpo inferior de dichas torres presenta una ornamentación a base de ajaracas (que es un adorno de líneas y flores propio de la decoración árabe y mudéjar).

En la parte media de los campanarios presenta un juego de columnas estípites (propias de la última etapa del barroco, sirven para sostener una estructura y son de forma tronco piramidal), en cantera gris y abundancia de ornamentos en piedra con motivos florales. La parte central de la fachada presenta una disposición más sobria a base de molduras, nichos y tableros. En la parte exterior del templo es posible ver relieves del Espíritu Santo, San José y San Hipólito.

En 1559, comenzó la construcción de un hospicio destinado a los enfermos pobres, viejos y dementes, que fue llamado Hospital de San Hipólito, el primero de su tipo en América, establecido por Fray Bernardino Álvarez e inaugurado en enero de 1567. En 1843, el General Antonio López de Santa Anna lo convirtió en cuartel militar y vendió los espacios de la planta baja. Tres años después, ahí se fundó el Hospital Militar de Instrucción y, de 1847 a 1850 alojó al Hospital Municipal. La Escuela de Medicina tuvo como sede este recinto de 1850 a 1853 y, después de la llamada Ley de desamortización de los bienes del clero, fue ocupado por inquilinos de diversa índole.

El templo estuvo cerrado algún tiempo y se reabrió al culto en 1893. Fue clausurado en su totalidad como hospital hacia 1904. Durante la Decena Trágica en 1913, su cúpula y vitrales fueron dañados y volvió a abrir sus puertas hasta 1919. En 1931, el inmueble fue declarado Monumento Nacional.

Entonces te estarás preguntando, ¿por qué se le conoce como el templo de San Judas Tadeo?

Aunque la información sobre San Judas es escasa, la iglesia católica lo tiene como primo de Jesús de Nazaret y uno de sus discípulos. Después de la muerte de su maestro, Judas Tadeo se dedicó a predicar su palabra pero se enfrentó, junto a Simón, a una multitud pagana en la ciudad de Sammir, en donde murió decapitado, supuestamente un 28 de octubre, fecha en la cual la Iglesia Católica eligió celebrarlo.

En 1950 fue cuando se acondicionó una capilla en el templo de San Hipólito para la figura de San Judas Tadeo. Con el paso del tiempo, este santo se fue ganando la devoción de los capitalinos y, para 1982, su imagen fue trasladada al altar principal, en medio de San Hipólito y San Casiano.

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A San Judas Tadeo se le conoce como el santo de los imposibles y de las causas difíciles. Sus fieles acuden a él en casos de desempleo y falta de recursos económicos.

En esta iglesia, en especial el día 28 de cada mes, se recibe a cientos de fieles que vienen a dejarle una ofrenda, a solicitar un milagro o simplemente a darle las gracias.

El día 28 de octubre en particular, se congregan entre 60 y 90 mil creyentes, razón más que suficiente para que el gobierno capitalino monte un gran operativo, desviando el tránsito de los alrededores, además de poner vigilancia extraordinaria.

Ese día se celebran misas en su honor. Sus devotos son fáciles de reconocer: llegan caminando por las calles aledañas, viajan en el metro y portan inmensos ramos de flores, imágenes de San Judas Tadeo para bendecir y bidones para llevarse agua bendita.

Incluso algunos de los fieles se visten con túnicas blancas y verdes, los colores representativos de San Judas Tadeo. Esta celebración, esperada por muchos, es una más de las tradiciones religiosas más importantes de la Ciudad de México.

Para muchos, San Judas Tadeo es un santo cuya devoción se ha desvirtuado, porque la percepción popular es que se ha vuelto el patrón de los delincuentes o narcotraficantes.

En 2008, la Arquidiócesis primada de México, mediante un comunicado de prensa, aclaró que este santo “de ningún modo se vería en el cielo intercediendo ante Dios a favor de quienes actúan en forma contraria a los mandamientos de Cristo, entre ellos, violentando los preceptos de No Matarás y No robarás”. Sin embargo, ya la fama estaba echada…