México es, sin dudas, uno de los países más fervorosos a la hora de expresar su fe religiosa. A pesar de haber crecido en Argentina, un país también de mayoría católica, me llamó muchísimo la atención la cantidad de gente que hay, a todas horas del día, en las iglesias mexicanas.

México tiene casi más iglesias que taquerías y todas cuentan historias muy interesantes. Así que sepan entender que aquí comparto sólo una brevísima lista de algunos templos católicos que a mí me han llamado la atención, ya sea por motivos religiosos, artísticos, históricos o culturales. Escucho sus sugerencias, ¡muchas gracias!

 

1. La Capilla de la Virgen del Rosario (Ciudad de Puebla)

Aquellos que la han visitado bien sabrán que ninguna foto puede hacerle justicia a la belleza, la opulencia y la originalidad de esta obra maestra del barroco novohispano, considerada también una de las mayores muestras del arte religioso de todo México.

La Capilla del Rosario está anexa al Templo de Santo Domingo y su construcción comenzó en el año 1650 y terminó en 1690. El interior está enteramente cubierto de estuco sobredorado. El estuco fue preparado con una base de harina con clara de huevo y agua y recubierta con láminas de oro de 24 quilates.

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Los muros laterales de la nave están revestidos por obras de José Rodríguez Carnero y la parte baja de las pinturas está adornada con un lambrin de azulejos en talavera poblana.

¡Hay más ángeles en el interior de esta capilla que en el mismísimo Cielo!

 

2. Templo de San Juan Bautista (San Juan Chamula, Chiapas)

Este templo es el centro ceremonial más importante de la comunidad chamula (de la etnia tzotzil). A pesar de considerarse fervientemente católica, esta comunidad incluye en su liturgia religiosa elementos de origen prehispánico.

Esta iglesia es un ícono del sincretismo religioso que se ha dado (y se sigue dando) en México entre la religión católica y las tradiciones ancestrales de los pobladores nativos (mayas, en este caso).

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Luego de pagar una pequeña suma de dinero, se puede visitar el interior de la iglesia, aunque no se permite tomar fotografías ni grabar vídeos o audios. Es una experiencia muy intensa entrar directo a respirar el perfume potente del copal, sumado al humo de cientos de velas, mientras se escuchan los particulares rezos de los fieles, dichos en voz alta como una letanía.

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Verás como a tu alrededor se mezclan imágenes de los santos católicos ataviados a la usanza local, con otras que veneran a los elementos de la naturaleza. Hay chamanes y curanderos que hacen limpias y rituales que muchas veces involucran el sacrificio de animales. Entre las ofrendas más populares se encuentran las botellas de Coca Cola (bebida que se ha transformado en un elemento importantísimo de los rituales de esta comunidad). Además, aquí no hay bancos para sentarse. El piso está cubierto de hojas de pino y los rezos se realizan de rodillas o hincados. Tampoco hay un altar principal.

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3. Templo de San Hipólito y Casiano, mejor conocido como “la Iglesia de San Judas Tadeo” (Centro Histórico de la Ciudad de México)

El templo de San Hipólito alberga una imagen de San Judas Tadeo, venerada profundamente por los mexicanos desde la década del 80.

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Todos los 28 de cada mes, y en particular el 28 de octubre, cientos de católicos peregrinan para asistir a las misas especiales y para encomendarse a San Judas Tadeo, “San Juditas”, “el santo de los pobres”, patrono de las causas perdidas y de aquellos excluidos de la sociedad. Es tal la cantidad de gente y la devoción hacia San Judas, que este culto se ha transformado en un verdadero fenómeno de religiosidad popular digno de ser vivido.

El templo fue edificado para rememorar la toma de Tenochtitlán, el 13 de agosto de 1521, día de San Hipólito (patrono de los guerreros españoles). Se construyó donde anteriormente estaba la ermita que Hernán Cortés había mandado a levantar en conmemoración de los españoles caídos durante la Noche Triste.

En la década de los 50 se trajo la imagen de San Judas Tadeo que es venerada hoy y, en 1982 (época que coincide con el comienzo de una gran crisis económica y social), comenzó el culto que no ha parado de crecer. Aquí pueden ver una serie de vídeos muy buenos para interiorizarse más sobre el tema.

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4. Antigua iglesia de San Juan Parangaricutiro, Michoacán

San Juan Parangaricutiro fue una población del estado de Michoacán que quedó sepultada bajo la lava tras la erupción del volcán Paricutín en 1943. Sus habitantes sobrevivieron y conformaron el municipio de Nuevo San Juan Parangaricutiro. Si bien todos los edificios desaparecieron bajo la lava, la torre de la iglesia se salvó (¿milagrosamente?) de tal destino y continúa erguida, para que la visites cuando quieras.

Sin embargo, este no es el hecho más llamativo de aquel suceso: lo raro es que el volcán Paricutín nació por sorpresa ese 20 de febrero de 1943, en una llanura donde hasta entonces no se conocía actividad volcánica alguna…

Según relataron los testigos, se escuchó un fuerte temblor, luego del cual la tierra se abrió para comenzar a escupir vapor y piedras. En las siguientes 24 horas, el Paricutín se levantó siete metros del suelo mientras arrojaba al aire todo tipo de material volcánico. Al cabo de una semana, la montaña de ceniza ya alcanzaba los 50 metros y continuó creciendo hasta alcanzar los 600 metros de altura.

 

5. Parroquia de Santiago Apóstol (Chignahuapan, Puebla)

¡Esta parroquia es realmente encantadora, como todo el pueblo de Chignahuapan! Construida por los franciscanos en el siglo XIX, su fachada es una excelente muestra del estilo barroco indígena o tequitqui.

 

6. Parroquia de Santa Catarina de Siena (Coyoacán, Ciudad de México)

La Historia cuenta que fue una capilla abierta, una de las primeras de la ciudad dedicada a la evangelización de los pobladores nativos, donde estos podían ir a la iglesia antes de recibir el bautismo. En 1932 fue declarada monumento nacional.

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Es pequeña pero muy acogedora. Como la Iglesia de San Juan El Bautista, ubicada también en Coyoacán y administradas ambas por los monjes franciscanos, fue escenario de algunos episodios de la Guerra Cristera. Además, sus alrededores son de lo más encantador de la Ciudad.  

 

Crédito: LauB