¿Qué imagen te viene a la mente si alguien menciona un catrín? Puede ser que pienses en un hombre de porte elegante, tal vez de frac y monóculo, tal vez lo veas sosteniendo un cigarro en la mano derecha; tal vez incluso lleve guantes y se encuentre de pie frente a un muro amarillo. Si te imaginaste algo totalmente distinto, probablemente es porque no creciste en México o porque —en contra de toda probabilidad— te mantuviste alejado de la influencia de ese juego de azar al que internacionalmente se le conoce como lotería mexicana. 

La lotería es uno de esos íconos culturales que marcan la forma en la que vemos el mundo. Los mexicanos estamos expuestos a su simbología desde la infancia y es común que sus dibujos se conviertan en arquetipos mediante los cuales entendemos los elementos naturales y sociales que nos rodean. El folclor mexicano se extiende a través de sus dibujos y a través de la narración de los gritones. Pero, ¿quién decidió cuáles serían los objetos, animales y personajes que se retratan en las cartas de la lotería? ¿Desde cuándo se practica este juego? A continuación te presento la historia de este gran símbolo de todo lo mexicano. 

 

La historia antigua de la lotería

Los juegos de azar siempre han sido comunes en las distintas culturas alrededor del mundo y juegos similares a la lotería llevan miles de años en circulación. El keno es el antecesor más antiguo de la lotería del que se tiene registro y ha sido practicado en China desde hace más de dos mil años. Juegos similares surgieron durante la época del Imperio Romano y mantuvieron su popularidad en las sociedades europeas. En los Países Bajos, las loterías públicas se volvieron una forma popular de hacer recaudaciones en el siglo XV. Este tipo de juegos es el antecedente directo de las loterías nacionales y otros sorteos que se llevan a cabo en muchos países del mundo. De hecho, la palabra lotería viene del holandés lot, que significa destino. 

 

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La popularidad de las loterías en el siglo XV llegó hasta Italia donde se volvió un pasatiempo sumamente popular. Los genoveses, por ejemplo, jugaban una lotería en la que intentaban adivinar quienes serían elegidos como miembros del Gran Consejo durante los procesos electorales. A la par de las loterías públicas italianas surgieron juegos adaptados para ser jugados en pequeñas reuniones, aunque la base era exactamente la misma. Estos juegos se volvieron el pasatiempo favorito de la aristocracia y se extendieron por varios países de Europa. Eventualmente los juegos de lotería llegaron a España y cruzaron a México a finales del siglo XVIII. 

 

Los pininos de la lotería mexicana 

Desde su llegada y durante buena parte del siglo XIX, las loterías en México eran de varios tipos. La más sencilla era muy parecida a la antigua lotería italiana y se jugaba con un tablero lleno de números similar al que se usa para jugar Bingo. También se empezó a popularizar el uso de la baraja italiana y española para darle un elemento más vistoso al juego. Estas loterías pictóricas fueron las que llamaron más la atención de los mexicanos y durante la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a producirse juegos de lotería con temáticas y dibujos sumamente diversos. 

La lotería no duró mucho tiempo en la exclusividad de las clases altas. El juego se convirtió en un elemento común de las ferias ambulantes y las botillerías, donde se realizaban apuestas y otras actividades no bien vistas por el gobierno novohispano. Es en esta época donde el juego gana un componente de tradición oral importante; con el fin de hacerlo más llamativo, aquellos que organizan los juegos empiezan a inventar coplas alrededor de las distintas figuras. El volumen con el que recitaban coplas como, ¡qué brinco pegó tu hermana!, ¡la rana!, era suficiente para que ninguno de los participantes perdiera detalle y para atraer a más curiosos a la mesa de juego. Es así como nace la figura del gritón. 

 

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Durante estos primeros años de la lotería mexicana, todas las cartas y las correspondientes tablas eran hechas a mano. Lo artesanal del asunto limitaba la cantidad de juegos de lotería que se podían producir y le daba un toque único a cada uno de ellos. Cada fabricante elegía que figuras incluir en sus cartas y estas podían ser tan diversas como la imaginación de los artistas que las trabajaban. ¿Cómo pasamos de estas loterías artesanales a una serie de 54 dibujos que todos los mexicanos reconocemos y sabemos de memoria? La estandarización y producción masiva de la lotería mexicana se la debemos a un empresario francés cuyo nombre es más que conocido por los mexicanos. Se trata de un tal Clemente Jacques. 

 

Lotería Don Clemente Gallo

Clemente Jacques fue un empresario francés que comenzó a hacer carrera en México comercializando productos tan diversos como corchos para botellas y confeti para fiestas. Don Clemente abrió su primera planta empacadora de alimentos en Campeche en 1887 y su éxito fue inmediato. Las conservas y el etiquetado son dos cosas que van de la mano y Don Clemente sabía que le sería de gran utilidad tener una imprenta para hacer sus propias etiquetas. Dicha imprenta se fundó y comenzó a producir no sólo etiquetado de productos, sino invitaciones para fiestas, naipes y la primera lotería de manufactura industrial.

 

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Clemente Jacques y Compañía fue la primera empresa en poner en circulación masiva el juego de la lotería. Para esto siguió algunas estrategias muy exitosas, como incluir una lotería de regalo en cada una de las cajas de alimentos enlatados destinadas al ejército. Los soldados mexicanos empezaron a familiarizarse con la lotería y a llevar el juego a sus familias. Este fue el inicio de la adopción generalizada no solo del juego, sino de la versión “Clemente Jacques” de la lotería mexicana. 

Pasatiempos Gallo sigue en operación hasta nuestros días y se dedica a la comercialización de barajas y otros juegos de mesa. 

 

Algunos datos curiosos

La lotería mexicana se compone de 54 cartas. Cada carta se identifica por un número y una figura. La relación entre el número y la figura siempre es la misma.

El número uno de la lotería es el gallo y representa el escudo heráldico de la familia de Don Clemente. El mismo gallo es parte de la imagen corporativa de Clemente Jacques.  

El número 8 de la lotería es la botella y siempre ha anunciado productos de Clemente Jacques. La figura más usada es la salsa de tomate.  

Existe una continuación del mismo Clemente Jacques a las cartas de la lotería tradicionales. En este segundo juego se incluyen 54 nuevas cartas, numeradas de la 55 a la 108, y representan imágenes con la misma carga simbólica que las conocidas por todos. En esta serie se encuentran cartas como el pintor (55), el jarabe tapatío (60), el tlachiquero (61), la piñata (68), el sarape (74), el guajolote (80), el elote (102) y los boxeadores (104). 

En los años treinta la iglesia promovió el uso de una lotería eclesiástica. Esta baraja estaba libre de todo símbolo profano y tenía cartas tan singulares como la sotana. 

La lotería se puede jugar con monedas o piedritas, pero una de las formas más tradicionales de marcar las casillas que han sido cantadas es con semillas de colorín. El rojo intenso de estas semillas crean un colorido contraste con las tablas de lotería. 

Las tablas y las cartas más antiguas de lotería mexicana no tenían texto ni numeración. Se trataba exclusivamente de una serie de imágenes escogidas por el autor.