Peyote con flor.

Todo lo que siempre quisiste saber sobre el peyote y nunca te atreviste a preguntar

México
by Rulo Luna Ramos 6 Mar 2019

Reverenciado por unos y temido por muchos otros, el peyote es una de las plantas más reconocidas a nivel mundial. Es un elemento de gran importancia dentro de las tradiciones de algunos grupos indígenas de Norteamérica, pero también uno de los alucinógenos naturales de mayor consumo y el centro de innumerables controversias entre gobiernos y pueblos luchando por su autodeterminación. Es medicina espiritual y una de las denominadas plantas maestras asociadas con prácticas chamánicas y religiones antiguas. A continuación, te presentamos un pequeño resumen que despejará tus dudas con respecto a este cactus.   

 

¿Qué es el peyote?

El peyote (Lophophora williamsii) es una planta perteneciente a la familia de las cactáceas que se distribuye en el norte de México y el suroeste de Estados Unidos, en la franja desértica que rodea al Trópico de Cáncer. Es un cactus pequeño, de color verde azulado y a diferencia de muchas otras cactáceas, no presenta espinas. La fama de este pequeño cactus se debe a que es la planta alucinógena de mayor uso en toda Norteamérica, aunque también es reconocida por sus propiedades medicinales.  

Todo sobre el peyote
Photo: Shutterstock/Jirabu

Peyote con flor.

Al no presentar espinas, la principal defensa del peyote frente a sus depredadores es un sabor desagradable que impide que los animales del desierto intenten comerlo. Detrás de este peculiar sabor se encuentran más de cincuenta sustancias conocidas como alcaloides. Muchas de estas sustancias tienen propiedades psicoactivas que alteran la percepción de la realidad cuando son consumidas en cantidades adecuadas. La más conocida de estas sustancias —y la responsable de los efectos asociados al consumo de peyote— es la mescalina.  

 

¿Quiénes consumen peyote?

El consumo ritual de peyote está asociado con el pueblo wixarika (huicholes) en el norte de México, pero también con los náayeri, los tapehuánes y los rarámuri. En Estados Unidos, algunos grupos de nativos americanos, como los kiowas, los navajo y los comanches, también han estado históricamente relacionados con la planta y su aprovechamiento. Según recuentos prehispánicos, los chichimecas y los toltecas ya sabían de las propiedades del peyote y lo utilizaban de forma frecuente desde hace más de dos mil años.

Actualmente, la Iglesia Nativa Americana —fundada a finales del siglo XIX— es responsable del mayor consumo de peyote en el mundo. Esta iglesia —conocida popularmente como la religión del peyote— se extiende por Estados Unidos y Canadá y mezcla la ideología cristiana con elementos de religiones nativas americanas.

todo sobre el peyote
Photo: Shutterstock/Photoshoots Vallarta

El peyote es un elemento central de la cultura wixárika y se puede ver representado en la mayoría de sus expresiones artísticas.

Las poblaciones de peyote del sur de Texas proveen a la Iglesia Nativo Americana de hasta millón y medio de cabezas de peyote por año. En México, el peyote es extraído del Desierto de Wirikuta por los wixárika y otros interesados en la planta.

 

¿Es malo consumir peyote?

El peyote siempre se ha encontrado en medio de la controversia. Mientras que para los wixárika y otros grupos nativos se trata de una planta sagrada y un medio de crecimiento espiritual, las sociedades occidentales la han tratado, en la mayoría de los casos, como una planta ilegal y peligrosa de la cual deberíamos mantenernos alejados.  

La sociedad novohispana mostró cierto interés académico por la medicina tradicional y la herbolaria relacionada con los pueblos americanos, pero el peyote siempre fue visto con malos ojos. Esto se debe a que la relación de los grupos indígenas con la planta contrastaba con el uso de otras hierbas medicinales. Las visiones y el conocimiento obtenidos a partir del peyote y su importancia dentro de la cosmovisión indígena, no fueron bien vistos por la iglesia católica, que rápidamente condenó su uso y consideró a la planta como peligrosa, pecaminosa e ilegal. En México, la Santa Inquisición vetó su uso en el siglo XVII y el gobierno novohispano intentó erradicar la planta y su consumo.

 Más allá de los prejuicios que puedan haber en contra del consumo del peyote en México y el resto del mundo, podemos evaluar su uso basándonos en las afectaciones que tiene en la salud de quien lo consume y en la forma en la que la explotación de la planta afecta sus poblaciones naturales y los ecosistemas de los que se extrae.

 

¿Cómo afecta el peyote a la salud?

En la medicina tradicional, el peyote se utiliza no sólo como un remedio espiritual, sino como medicina para tratar la artritis, problemas estomacales, asma, influenza, diabetes e incluso picaduras de animales ponzoñosos y mordeduras de víbora. Se ha comprobado que el peyote tiene propiedades analgésicas y antibacterianas, y cuenta con la capacidad de potenciar el sistema inmune y puede ser de ayuda en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer, además de que ayuda a regular algunas afecciones del sistema nervioso.

Al ser consumido como alucinógeno, el peyote produce algunas reacciones físicas como alteraciones del ritmo cardíaco y la presión arterial, náuseas y vómito. Todas estas afecciones son ligeras y no se pueden considerar como un riesgo para el consumidor. El mayor problema con el consumo del peyote está relacionado con las alteraciones psicológicas que produce. Estas pueden provocar cambios en la personalidad y estados de euforia desmedidos que podrían poner en riesgo la vida de quien lo consume si no se encuentra bajo la supervisión adecuada.

 

¿Qué otros problemas están asociados al consumo de peyote?

El peyote es una especie amenazada principalmente por la reducción de su hábitat natural, aunque también por el incremento en la demanda de botones para experiencias psicotrópicas y rituales. Como todo cactus, el peyote tiene un ciclo de vida sumamente largo y un aprovechamiento desregulado pone en riesgo no solo las poblaciones naturales de peyote, sino la salud de todo el ecosistema.

Muchos de los grupos relacionados con el peyote tienen una forma de cosecha que consiste en cortar la parte superior de la planta (los botones o cabezas), dejando parte del tallo y la raíz intacta. Estos cortes —comunes en la reproducción vegetativa de muchas otras cactáceas— permiten que el tallo se regenere y produzca más cabezas de peyote en tiempos relativamente cortos. La extracción de la planta completa debe evitarse a toda costa.   

Todo sobre el peyote
Photo: Rulo Luna

Una cabeza de peyote recién extraída del Desierto de Wirikuta, cerca de Real de Catorce.

Desde hace varias décadas existe un boom del turismo espiritual relacionado del peyote. Aunque no es posible dividir el mundo entre personas que deberían tener acceso al peyote o no, las prácticas new age alrededor de la planta —llevadas a cabo de manera excesiva e inapropiada— pueden crear conflictos entre los grupos indígenas y las autoridades locales, incluso poniendo el riesgo el futuro de las prácticas rituales y la autodeterminación de los pueblos asociados al peyote.

 

¿Qué se siente estar bajo la influencia del peyote?

La sustancia activa del peyote es la mescalina, una sustancia capaz de generar alucinaciones y fuertes estados de éxtasis en quien la consume. La experiencia de estar bajo la influencia del peyote es muy diferente dependiendo de la cantidad de mescalina que se consuma. Una dosis baja puede provocar euforia, con periodos de concentración y relajación extendidos y sentimientos de empatía por encima de lo normal. Las dosis altas provocan alteraciones visuales caracterizadas por la presencia de colores brillantes, figuras geométricas y sinestesia (cuando los sentidos se mezclan entre ellos). Las alucinaciones más fuertes involucran la pérdida del contexto espacio temporal, la despersonalización y lo que muchos explican —como lo menciona Huxley en Las Puertas de la Percepción— como la presencia de lo divino.

Un viaje con peyote puede ser enriquecedor pero también peligroso. Las alteraciones cerebrales producto de la mescalina pueden provocar episodios psicóticos y cambios bruscos en la personalidad que pueden poner en riesgo la vida de quien la consume y de sus acompañantes. Esta es la razón por la que los pueblos que tienen una relación estrecha con el peyote tienen tantos rituales de preparación alrededor de su consumo. Si vas a consumir mescalina, hazlo acompañado, preferentemente con gente que haya tenido experiencias previas y esté dispuesto a cuidarte.  

 

¿Cómo se consume el peyote?

Para experimentar los efectos del peyote, se tienen que consumir la mescalina de varias cabezas de la planta. Hasta tres cabezas de peyote se pueden considerar como una dosis baja —dependiendo del tamaño de los mismos y la concentración de alcaloides. Los marakames y otros sacerdotes suelen consumir mucho más de diez botones para experimentar alteraciones profundas de la conciencia. El peyote es sumamente amargo y se suele acompañar de alguna bebida dulce para hacer el sabor más llevadero. Se consume fresco, pero también se puede mantener en conserva con miel, deshidratarlo o prepararlo como una infusión. Los efectos del peyote comienzan a aparecer entre una y dos horas después de su consumo y pueden durar hasta ocho horas.

En medicina tradicional, el peyote se puede aplicar de forma tópica —ya sea fresco o en forma de ungüento— para aliviar dolores de músculos, huesos y articulaciones, así como para favorecer la cicatrización y tratar infecciones de la piel.

 

¿Por qué es importante el peyote?

La importancia del peyote es innegable en el mundo actual. No sólo es una parte fundamental de la cosmovisión y la vida espiritual de distintos pueblos indígenas, también ha sido el centro de movimientos contraculturales y de discusiones acaloradas entre gobiernos y distintos pueblos en lucha por su autodeterminación. Más que una planta alucinógena, el peyote es un elemento cultural de gran importancia para los pueblos norteamericanos, una medicina física y espiritual, y una herramienta de crecimiento personal para aquellos que lo consumen de forma responsable.

 

 

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