Hace un año desde que me volví de Madrid a las islas después de 15 años. Para un canario volver a su tierra después de una larga temporada no suele ser algo banal. Por un lado porque tenemos un sentimiento de pertenencia a nuestra tierra muy arraigado y por otro porque está generalizadamente aceptado que para algunas profesiones es complicado encontrar hueco en el mercado insular, ya que el panorama laboral aquí es limitado y algo complicado.

Pero tengo la fortuna de haber podido volver a vivir en Canarias y lo cierto es que he descubierto cosas que no sabía de sólo visitar durante años. Las islas han cambiado mucho en estos 15 años que he estado fuera. Para que te hagas una idea, cuando me marché a Madrid no existían ni YouTube ni las redes sociales. Estas son las 8 cosas buenas y malas que he experimentado en mi primer año de regreso:

1. BUENA: el buen clima

Ya sé lo que estás pensando. Es la mítica, la típica cosa que decimos todos. Qué quieres que te diga, es que es verdad. Me atrevo a decir que el 80% del tiempo del año ha sido bueno. Ello implica el poder vestir cómodo, con poca ropa y tener mil opciones los fines de semana, sobre todo en Tenerife, que —a diferencia de Lanzarote— no sólo tiene playa, sino también montaña y más. Eso sí, también es verdad que cuando ha llovido en invierno, madre mía, no había visto tal manguerazo desde hace años. Pero enseguida volvía el sol.

2. MALA: las casas

Es curioso como la climatología parece haber influido en la construcción de las casas y edificios en Canarias, sobre todo los que datan de algunas décadas. No sé si es que el clima antes era más estable, pero he notado claramente cómo para el calor no hay problema, pero, al menos mi casa, la de mi familia y muchos de mis amigos, claramente no están bien acondicionadas para lidiar con la humedad del mar, la lluvia y el frío. La falta de implantación de calefacción y buenos aislamientos térmicos hacen que a la mínima que vengan unos días fresquitos tenga que tener más cuidado que de costumbre para no pillar un catarro. Ya me puedo olvidar de esos tiempos en los que iba en camiseta descalzo por el piso en pleno invierno patrocinado por la calefacción central de los edificios madrileños.

3. BUENA: la vida social

Este es, con diferencia, uno de los puntos más positivos que he disfrutado desde me fui de la capital. En Madrid quedar con la gente era algo que requería una planificación digna de una boda y no sabías si alguien podía fallar hasta el último minuto. ¿Aquí? ¡Me sacan de casa a rastras, tengo el piso sin fregar, la ropa sucia acumulada, no doy abasto con los planes que surgen día sí y día también! Los canarios somos muy de salir a dejarnos ver. Y ya si me pongo a nombrar fiestas, celebraciones y eventos es que acabo sirviéndome una cerveza viniéndome arriba aquí en casa mientras escribo.

4. MALA: la compra online es limitada

Este tema merece un artículo aparte. Dejémoslo en que la situación aduanera de las Islas Canarias limita muchísimo cualquier compra por internet debido a leyes erigidas para proteger el mercado insular. Mi problema personalmente es que el mercado isleño tiene una oferta pésima para cualquier producto mínimamente especializado, y los stocks de productos de gran consumo, como por ejemplo el lanzamiento de un nuevo iPhone, siempre son muy limitados y hay que esperar semanas, por no decir meses, hasta recibir algo que en la península tienen desde el primer día.

Existen muchas trabas a la importación por parte de particulares y, aunque se han puesto medidas como la de permitir la entrada de envíos por debajo de los 150€, esto sigue sin solucionar el problema porque hay muchos casos de imposición de sobrecostes por parte de empresas y transportistas que buscan sacar tajada. Todo ello implica que la vida del canario que compra online esté salpicada de trámites burocráticos y administrativos que en el resto del país ni siquiera conocen. Es el precio que hay que pagar, de momento, por vivir aquí.

5. BUENA: se come bien y bastante

La oferta gastronómica de Canarias es espectacular y en la mayoría de los casos con muy buen precio. Aunque echo de menos más opciones para cosas que solía tomar a menudo como el ramen y la comida mexicana (acepto sugerencias si conoces algo en Tenerife), la verdad es que en general se come genial y además hay un cariño en la cocina que echaba de menos. Algo que en Madrid me ponía muy tenso es que sentía que generalmente había cierta dejadez para los platos comunes, no se curraban cosas sencillas como los bocadillos. Mientras que aquí hay un cierto orgullo en muchos bares y locales que me he encontrado donde notas que siempre hay un toque para hacerlos más sabrosos de lo que uno espera.

6. MALA: a veces hay mucha gente

Esto es una cosa específica de Tenerife. He notado que, a pesar de vivir en lugar más pequeño y relajado, también es cierto que hay una densidad de población enorme en las ciudades. Y eso se nota mucho en un lugar en el que hay que moverse en coche a menudo. En Santa Cruz y La Laguna la cosa llega a unos niveles de atasco y falta de aparcamiento que nunca vi en los peores momentos de Madrid. Para la fiestas del Cristo, recuerdo que tuvimos que aparcar a más de media hora andando del lugar.

El transporte público no es horrible, pero para nada es cómodo ni tan rápido como en la capital. ¿Mi mayor ansia? Que pongan el tranvía hasta el aeropuerto de una vez, cada vez que pierdo la guagua exprés al llegar me quiero tirar de los pelos y el coste de un taxi, sinceramente, no compensa.

7. BUENA: las cosas están más baratas

Este apartado hay que cogerlo con pinzas. Sí, es cierto que el nivel de vida en Canarias es más barato que en la península y eso hace que muchas cosas como ir al cine, comer fuera, el transporte público, la gasolina y mucho más tengan precios bastante asequibles para un bolsillo de la media. Pero también es cierto que muchos productos y servicios que se salen mínimamente de la norma tienen unos precios al nivel de la península, por no decir más caros. Por ejemplo, los productos electrónicos no son necesariamente más baratos, a pesar de nuestro IVA reducido, y en muchos casos tienen precios algo inflados por lo comentado en el apartado 4. También he visto que algunos restaurantes de cierto prestigio tienen una comida que está a la par de lo que uno vería en Madrid, pero a un precio mayor. Tal vez sea la falta de competencia en algunos sectores y productos, pero, quitando esas cosas puntuales, en el día a día por norma general las cosas están más baratas.

8. MALA: restaurantes y comercios tienen horarios

Confieso que esta es una de las cosas a las que más me ha costado acostumbrarme de regreso de la capital. Si tienes antojo de salir a comer o ir de compras compulsivas, más te vale echar un ojo al reloj porque, al contrario que en la capital, aquí la mayoría de los comercios cierran al mediodía y los fines de semana. Igual puedes forzar un sábado o el primer fin de semana de cada mes pero por lo demás tendrás que aceptar que el ritmo de consumo insular tiene un ritmo impuesto que no se ajusta necesariamente a tus caprichos. Y lo peor es que la información de horarios que ofrece Google Maps es muy poco fiable, así que tu mejor opción es preguntarle a algún amigo. Seguro que acabas teniendo una conversación de la que surge un plan. Y en nada estás tomando algo por ahí de risas. Puede que hasta te olvides de aquello que querías saber. Así es Canarias, es lo que hay, así que toca disfrutarlo.