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10 padecimientos que sólo los mexicanos sufrimos

México
by Kiev M. 23 Sep 2019

Los mexicanos nos pintamos solos en lo que concierne a padecimientos y remedios extraños. Solo en México la sabiduría popular te puede dar dotes de médico aunque no sepas ni en dónde queda el esternón. Solo hace falta que alguien se queje de alguna dolencia para que inmediatamente salte la abuelita, la mamá o la tía con el diagnóstico y la cura precisa de acuerdo a los síntomas. Este es un catálogo de padecimientos mexicanos bastante comunes y de todo lo que nos inventamos para curarlos. 

 

El empacho

Cuando estaba morro y en mi casa preparaban pan de naranja, me la pasaba metiendo mano en el batido crudo de la masa. En cuanto me cachaban, me decían, “deja de andar comiendo eso que te vas a empachar”. Yo no sabía qué era eso, pero un buen día pasó lo inevitable y terminé retorciéndome de dolor por una indigestión. Ahí me recordaron mi sentencia, “te dije que te ibas a empachar”. 

Según se dice en México, el empacho es toda indigestión o malestar estomacal causado por la glotonería y no hay nadie para curar de empacho como tu abuelita. Las abuelitas se la saben y reconocen el empacho incluso cuando los síntomas son confusos o muy ligeros. Quién sabe cómo, pero le atinan y en menos de cinco minutos ya te están preparando el té de manzanilla, un suerito de agua con limón o el antiácido. Ojo: si tu abuelita es una abuelita mexicana de libro, seguro sabe como curar el empacho con un masaje.

 

El patatús 

El patatús es la sensación de desmayo o desvanecimiento causado por una fuerte impresión. “¡Vas a hacer que me dé el patatús!” es una de esas frases repetidas hasta el cansancio por las madres mexicanas para intentar meter en cintura a sus hijos. La palabra en sí hace referencia a los pies —o patas—, ya que cuando se sufre un desmayo, la víctima se queda patas arriba. ¿Cómo se cura el patatús? Solo hace falta un un poco de aire fresco para oxigenar al paciente y un bolillo pal susto. 

 

Andar chipil

Los problemas emocionales también tienen cabida en el vocabulario popular. Para empezar, la palabra chipil es una derivación de tzipil, que en náhuatl significa “niño enfermo por el embarazo de su madre”. Hay todo un rollo detrás de esto pero para hacerles el cuento corto, se trata de los trastornos físicos y emocionales que sufre un niño por la falta de atención de su madre cuando está encinta o a punto de dar a luz a un segundo hijo. En términos prácticos, andar chipil es estar deprimido o triste. ¿Cómo se cura? Amigos y unos tacos suena como un buen inicio. 

 

Mal de ojo

Las envidias están a la orden del día; en consecuencia, el mal de ojo también lo está. La sabiduría popular asegura que una mirada malintencionada es capaz de acarrear algunos malestares físicos, enfermedades y otras desgracias. Afortunadamente, en México contamos con los remedios suficientes para hacerle frente a esta amenaza cotidiana que puede venir de los compañeros de trabajo o de los vecinos envidiosos. Cualquier brujo o curandero sabe cómo neutralizar el mal de ojo con una buena limpia y nunca está de más un buen amuleto —como el típico ojo de venado— para repeler estas energías negativas. 

 

Mal del puerco

Más que un padecimiento aislado, el mal del puerco en México tiene tintes de pandemia. Este mal ataca por igual, sin distinguir credos, preferencias sexuales ni clases sociales, aunque cuentan las malas lenguas que suele ensañarse más con los Godínez. Se trata de esa somnolencia que nos da después de entrarle a un festín de garnachas o a un combo de guajolota con atole.

Para que no te aflijas y se lo expliques a tu jefe cuando te vea cabeceando en la oficina, este malestar es resultado del exceso de carbohidratos y grasa en la dieta. Estos carbohidratos de más se transforman en un exceso de glucosa que rompe el estado de vigilia en el cerebro, arrojándonos así a los brazos del mal del puerco. 

 

El aire

¿Sientes unas punzadas en la espalda o dolores musculares? Seguro te dio un aire. Este padecimiento mexicano tiene raíces prehispánicas. Nuestros antepasados creían que el mal del aire se contrae al caminar o andar por lugares energéticamente pesados como los panteones o sitios donde ha ocurrido un hecho violento. Los síntomas son malestar general o molestias repentinas sin una causa aparente.  

Para curarte de un aire, primero se hace un diagnóstico pasando un huevo sobre todo el cuerpo. Si al romperlo, la clara y la yema tienen una apariencia inusual, quiere decir que el resultado es positivo. Lo que sigue es hacerte una buena limpia con ramas de pirul para que ese aire malo salga de tu cuerpo.

 

El soponcio 

El soponcio es primo hermano del patatús. Es decir, también se asocia con la sensación de desmayarse debido a un gran susto. Pero lo interesante es el origen de la palabra soponcio. Según el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, soponcio es una derivación de sopetón (golpe súbito) y arreponcio (un ataque o mal repentino). Así que cuando tu tía dice que le va a dar el soponcio es porque quiere dar el sopetón por culpa de un arreponcio. 

 

El corre que te alcanza 

El corre que te alcanza es otro de los padecimientos que deja a muchos con el Jesús en la boca. Y es que se trata de uno de esos males que no avisan y —si no tienes un baño cerca— pueden hacer que la pases muy pero muy mal.  La diarrea o corre que te alcanza exige del individuo habilidades sobrehumanas para no hacer un movimiento en falso que termine en tragedia durante el camino hacia el baño. Así que cuando alguien te diga “traigo el corre que te alcanza” no hay más que darle la bendición y papel sanitario extra. 

 

El rebote 

El rebote es ese mal que aqueja a las señoras aficionadas a las dietas milagrosas y a los mameyes que le dan con todo a la terapia intensiva en el gimnasio. El efecto rebote es el aumento considerable de peso que viene después de seguir una dieta inadecuada basada en el consumo de menos calorías o suplementos alimenticios que no cubren las necesidades del organismo. Al final, las víctimas pierden masa muscular y aumentan sus depósitos de grasa. ¡Chale!

 

La cruz 

¿Quién no ha llevado una cruz a cuestas después de la navidad o las fiestas patrias? Ese viacrucis que también llamamos cruda no es más que la resaca que horas antes era pura felicidad. Por suerte, dios no nos abandona y nos ha mandado remedios más que sabrosos como la barbacoa, la birria y la pancita, que, acompañados de una chela bien fría, engañan a la maldita cruda haciéndole creer que nos la vamos a seguir. ¡Ay, ajá!

 

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